Santa Marta conserva un importante legado arquitectónico, histórico y cultural con 18 bienes reconocidos por el Ministerio de Cultura de Colombia, como Bienes de Interés Cultural del Ámbito Nacional, entre ellos iglesias coloniales, fortalezas, edificaciones educativas y sectores patrimoniales que narran siglos de historia.
Equipo de redacción EL INFORMADOR.
Santa Marta, la ciudad más antigua de Colombia, cuenta con un valioso conjunto de 18 bienes declarados como Bienes de Interés Cultural del Ámbito Nacional (BICAN), según el listado oficial del Ministerio de Cultura, actualizado hasta 2024.
Aunque algunos de estos bienes ya no existen físicamente, como las antiguas estaciones del ferrocarril de Gaira, Bonda y Santa Marta, su valor histórico y cultural permanece reconocido en el inventario patrimonial nacional.
Entre los bienes más destacados se encuentra la Catedral Basílica Menor de Santa Marta, la última en ser incluida en el listado, mediante resolución emitida en 2021. Esta iglesia, considerada la primera basílica construida en América del Sur, representa uno de los íconos arquitectónicos y religiosos más importantes del país.
La lista también incluye edificaciones de gran valor histórico, arquitectónico y social, tales como:
- Antiguo Hospital San Juan de Dios
- Casa de la Aduana
- Real Seminario Conciliar de Santa Marta (Claustro San Juan Nepomuceno)
- Edificio sede del Instituto Técnico Industrial (antigua Escuela Industrial)
- Edificio sede del Liceo Celedón
- Estación del Ferrocarril de Pozos Colorados
- Fuerte de San Fernando
- Fuerte El Morro
- Quinta de San Pedro Alejandrino (antigua casa de hacienda en la que murió Simón Bolívar)
- Sector antiguo de la ciudad de Santa Marta (Centro Histórico)
- Teatro Santa Marta
- Capilla de San Jerónimo (Iglesia de Mamatoco)
- Iglesia de San Francisco de Asís (Iglesia de Taganga)
- Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta
Estos bienes representan un testimonio invaluable de la historia de Santa Marta y del país, su preservación es clave para mantener viva la memoria cultural de la nación.
¿Qué diferencia hay entre Patrimonio Cultural y Bien de Interés Cultural en Colombia?
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En Colombia, cuando se habla de Patrimonio Cultural de la Nación y de Bienes de Interés Cultural (BIC) de Carácter Nacional, se refiere a conceptos relacionados, pero no idénticos. Ambos forman parte del esfuerzo del país por proteger y valorar su riqueza histórica, artística, arquitectónica y cultural, pero tienen alcances y tratamientos distintos.
Patrimonio Cultural de la Nación:
- El Patrimonio Cultural de la Nación es el concepto más amplio. Abarca todos los bienes materiales e inmateriales que representan la identidad y diversidad cultural del país. Esto incluye:
- Lenguas (castellana, indígenas y criollas)
- Tradiciones, costumbres y saberes
- Edificios históricos y sitios arqueológicos
- Obras de arte, objetos antiguos, archivos
- Paisajes culturales y manifestaciones simbólicas
De acuerdo con el artículo 72 de la Constitución Política de Colombia, este patrimonio está bajo la protección del Estado, sin que necesariamente requiera una declaratoria formal. Su valor radica en su significado cultural, histórico o social, y muchas veces es reconocido por la comunidad, sin pasar por trámites administrativos.
Bien de Interés Cultural (BIC): protección especial y formal
Dentro del Patrimonio Cultural, existe una categoría específica: los Bienes de Interés Cultural (BIC). Son aquellos bienes que, debido a su valor excepcional para el país, reciben una declaratoria oficial y un Régimen Especial de Protección (REP).
Un BIC puede ser un bien mueble (como una escultura o documento), inmueble (como una iglesia, una casa histórica o un monumento), o un conjunto de bienes.
Esta categoría:
Es otorgada mediante un acto administrativo del Ministerio de Cultura de Colombia que establece medidas específicas para su conservación, uso, intervención y manejo. Requiere cumplimiento de normas técnicas, estudios previos y vigilancia permanente.
Antes de la Ley General de Cultura (Ley 397 de 1997), estos bienes eran conocidos como "Monumentos Nacionales". Con la entrada en vigor de esta ley, y su reforma en la Ley 1185 de 2008, se adoptó el término actual de BIC.
El Patrimonio Cultural de la Nación es el conjunto amplio de toda la herencia cultural del país.
Un Bien de Interés Cultural (BIC) de Carácter Nacional es una subcategoría dentro de ese patrimonio, que ha sido formalmente declarado y protegido; todo BIC es parte del Patrimonio Cultural, pero no todo el Patrimonio Cultural ha sido declarado como BIC.
Ser BIC implica una mayor responsabilidad legal, técnica y administrativa en su conservación.
Quinta de San Pedro Alejandrino

Derechos Reservados/ELINFORMADOR
La Quinta de San Pedro Alejandrino, antigua hacienda colonial ubicada en Santa Marta, es uno de los lugares históricos más significativos de Colombia. En este recinto, declarado Bien de Interés Cultural mediante la Ley 163 del 30 de diciembre de 1959, falleció el Libertador Simón Bolívar, lo que la convierte en un emblema del patrimonio nacional y un destino de gran interés turístico, histórico y cultural.
Fundada el 2 de febrero de 1608 por el canónigo Francisco de Godoy y Cortesía, la hacienda ha tenido una historia marcada por múltiples propietarios. En total, cambió de manos 15 veces. A finales del siglo XIX fue adquirida por el empresario español Joaquín de Mier y Benítez. Su hijo, Manuel Julián de Mier, la vendió al departamento del Magdalena el 2 de febrero de 1891. Bolívar llegó a la quinta el 6 de diciembre de 1830 y falleció allí once días después, el 17 de diciembre.
La Casa Principal
El corazón de la hacienda es la Casa Principal, en la que se conserva la alcoba en la que murió Bolívar. Pintada en amarillo ocre, la casona mantiene su arquitectura colonial y está rodeada de árboles centenarios como un samán, una ceiba y dos tamarindos. La tradición señala que entre estos últimos fue colgada la hamaca en la que Bolívar descansó a su llegada.
El entorno natural que rodea la casa forma parte del Jardín Botánico, con más de 100 especies del bosque seco tropical, entre ellas cactáceas, Macurutú árbol endémico de Santa Marta, palmas, plantas ornamentales y maderables. En el centro del jardín se erige una escultura en mármol de Carrara del Libertador, obra del artista genovés Pedro Montarsolo Victorio, inaugurada el 2 de febrero de 1891 como regalo del departamento del Magdalena.
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Salas históricas de la Casa Principal
La casa está dividida en trece espacios que conservan objetos originales y recrean la vida en la hacienda a comienzos del siglo XIX:
Capilla u Oratorio: Aquí reposan los restos del médico Alejandro Próspero Réverend. La imagen del patrono San Pedro Alejandrino fue traída desde Cádiz por el fundador de la hacienda.
Sala Principal: Alberga óleos de Simón Bolívar (1812), Joaquín de Mier, Alejandro Próspero Réverend y una copia de una acuarela del inglés Edward Mark de 1842, que retrata la hacienda en tiempos del Libertador.
Alcoba: El lugar exacto en el que Bolívar murió. Se conserva su catre de campaña cubierto por la bandera de Colombia, un armario, sillón, escupidera y un reloj alemán que fue detenido tres minutos y 55 segundos después de su muerte por el general Mariano Montilla. Destaca también un óleo del pintor colombiano Simón Celis que retrata a Bolívar erguido, con mirada firme, vestido de negro con detalles dorados.
Biblioteca: Contiene libros que pertenecieron al médico Réverend, con ejemplares en francés, inglés, latín, griego e italiano. Entre las joyas literarias destacan una edición de El Quijote, la Vulgata Latina (1819), y obras de historia, filosofía, botánica y sobre la Independencia.
Cuarto de Baño: Conserva una tina de mármol blanco, tazas sanitarias y un bidé de porcelana. Réverend señala que Bolívar tomaba baños emolientes durante sus últimos días.
Sala de Fumar: Antigua sala de costura, fue adaptada para fumar durante la estancia de Bolívar, debido a su delicado estado de salud. Aquí se conserva una licorera con bordes dorados que perteneció a Joaquín de Mier.
Comedor: Tiene una mesa de extensión, sillas tejidas en palma de iraca y parte de la vajilla de porcelana de Sèvres, exhibida en una urna de vidrio.
Cocina: Conserva elementos del siglo XVIII como un matate, un pilón, cinco fogones y un horno tipo iglú.
Repostería: Espacio donde se preparaban panes y postres. Aquí se realizó la autopsia de Bolívar el 17 de diciembre de 1830. Se conservan los jarrones de barro y filtros de agua antiguos.
Caballeriza: Se expone el coche Berlina que trasladó a Bolívar desde el antiguo Consulado Español (hoy Casa de la Aduana) hasta la hacienda.
Alcobas de huéspedes: Hoy funcionan como salas temáticas:
Sala del Centenario: Documenta la celebración de los 100 años de la muerte de Bolívar.
Sala de la Independencia: Contiene imágenes de próceres y un óleo de la Batalla de Boyacá.
Sala Bolivariana: Antiguamente oficina de Joaquín de Mier, ahora espacio de homenaje a Bolívar. Se exhibe una escultura de cuerpo entero, objetos personales, un daguerrotipo de su boda con María Teresa Rodríguez del Toro, retratos de sus padres y un óleo titulado La Visión del Peregrino, que evoca un sueño de su maestro Simón Rodríguez.
En la Quinta de San Pedro Alejandrino también se encuentra el Altar de la Patria, una obra emblemática entregada durante el periodo de gobierno de don Pepe Vives De Andréis en 1942. Esta iniciativa contó con una inversión de $54.000. Además, bajo su administración se construyó la actual fachada de la Quinta, con un costo de $1.820,55, y se realizaron aportes significativos en la adecuación de nuevas instalaciones, por un valor de $7.500.
Centro Histórico de Santa Marta

Catedral Basílica, una de las edificaciones más antiguas de la ciudad.
FOTO EL INFORMADROM.
El Centro Histórico de Santa Marta fue declarado Monumento Nacional en 1959 mediante la Ley 163, lo que le otorga la categoría de Bien de Interés Cultural del ámbito nacional, en concordancia con la Ley General de Cultura (Ley 397 de 1997). Este reconocimiento resalta su valor patrimonial, arquitectónico e histórico, y ha permitido la adopción de un Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) antiguo PEP, orientado a su conservación, restauración y puesta en valor.
El área protegida comprende calles, plazas, plazoletas, casas y edificaciones coloniales (incluidos bienes muebles e inmuebles) que formaban parte del perímetro urbano de Santa Marta durante los siglos XVI, XVII y XVIII. En estas estructuras aún se percibe el espíritu fundacional de una de las ciudades más antiguas de América, lo que convierte al Centro Histórico en un legado tangible de la época colonial y republicana.
Casa de la Aduana

Ubicada en el Centro Histórico de Santa Marta, la Casa de la Aduana es uno de los íconos patrimoniales más emblemáticos de la ciudad. No solo es el objeto central del museo que hoy alberga, sino también uno de los bienes más valorados por los samarios, símbolo de su identidad y testigo de casi cinco siglos de historia.
Mito y realidad de una casa legendaria
Por generaciones se ha dicho que es la construcción más antigua en pie en Santa Marta, e incluso en Colombia. Algunos afirman que fue residencia de Rodrigo de Bastidas, el fundador de la ciudad, o que fue la casa fuerte construida por el gobernador García de Lerma para proteger a los españoles de los ataques indígenas. Lo cierto y comprobado es que en esta casa estuvo Simón Bolívar en sus últimos días, antes de ser trasladado a la Quinta de San Pedro Alejandrino, donde falleció el 17 de diciembre de 1830.
Entre 2010 y 2014, el Banco de la República lideró una restauración integral que incluyó excavaciones arqueológicas y estudios históricos. Estas investigaciones revelaron que la actual edificación de dos pisos fue construida hacia 1730 por los hermanos Domingo y Nicolás Jimeno. Se trata de una casa singular para su época, destacada por su altura en una ciudad predominantemente de un solo piso. Fue dotada con una torre o minarete desde donde los comerciantes observaban la llegada de los barcos y el movimiento del puerto.
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Siglos XVI y XVII: Fundación, fuego y resistencia
Rodrigo de Bastidas fundó Santa Marta entre 1525 y 1526, y trazó la ciudad en forma de cuadrícula. La zona en la que hoy se levanta la Casa de la Aduana fue parte del solar original asignado en la Plaza Mayor. En 1530, el gobernador García de Lerma mandó construir allí una Casa de Gobierno fortificada, de tapia y ladrillo, que resistió el incendio provocado por indígenas en 1531. Sin embargo, la constante amenaza pirata (con al menos 46 ataques entre 1543 y 1779) obligó a reconstruir la ciudad una y otra vez, haciendo imposible conservar muchas edificaciones antiguas.
1817 a 1819: El ‘Palacio Verde’
En 1817, la viuda Ramona Oligós vendió la propiedad a Lázaro María de Herrera y Leyva, funcionario del Santo Oficio, quien la remodeló y pintó de verde, ganándose el apodo de “Palacio Verde” o “Castillo de San Lázaro”. Durante esta época, la casa fue epicentro de fiestas, tertulias políticas y reuniones de la alta sociedad samaria.
1819 a 1855: Aduana, Consulado y Bolívar
En 1819, el gobierno español instaló en la casa la oficina de Aduanas y Contaduría del puerto, de allí su nombre actual. Un año después, con la llegada de la Independencia tras la Batalla de Ciénaga (1820), la propiedad fue confiscada y se convirtió en sede del Consulado de Cartagena entre 1823 y 1825.
El 1 de diciembre de 1830, Simón Bolívar llegó enfermo a la casa. Se alojó allí hasta el 6 de diciembre, cuando fue trasladado a la Quinta de San Pedro Alejandrino. Su cuerpo fue velado en el segundo piso entre el 18 y el 20 de diciembre. Aunque una sala conmemorativa marca hoy el lugar, estudios recientes indican que no coincide con el espacio original del velorio.
1855 a 1910: De los Mier a los Alzamora
En 1855, Manuel Julián de Mier compró la casa al gobierno en subasta pública por 4.000 pesos. Posteriormente, en 1870, la vendió a su yerno José Alzamora, iniciando una etapa de uso residencial por familias influyentes.
Siglo XX: Entre oficinas, hotel y cultura
En 1910, la United Fruit Company arrendó la casa para instalar su comisariato y oficinas. Luego, pasó a manos de José María Leyva, quien la alquiló a entidades como el Banco de Colombia, la Contraloría Departamental y la aerolínea Avianca. Entre 1956 y 1958, el colegio San Luis Beltrán usó el segundo piso como internado, y su Prefecto dormía en el minarete. En 1959, funcionaron allí el Bar El Chicote, la empresa Taxader y el Hotel Colonial.
En 1970 fue declarada Monumento Nacional, y en 1973 pasó a ser propiedad de la Nación. Finalmente, en 1979 el Banco de la República la adquirió para convertirla en la sede del Museo del Oro Tairona, en el que hoy se conserva y difunde el legado indígena y colonial del Caribe colombiano.
Hospital San Juan de Dios:
Legado de salud y visión
de José Benito Vives de Andréis

El antiguo Hospital San Juan de Dios, ubicado en el Centro Histórico de Santa Marta, es una de las construcciones más emblemáticas del patrimonio arquitectónico y social de la ciudad. Declarado Bien de Interés Cultural de carácter nacional mediante la Resolución 358 del 16 de abril de 1999, este recinto resume más de dos siglos de historia en torno a la salud pública y la atención humanitaria.
Construido en 1746, el edificio albergó por más de 200 años el hospital central de la ciudad. En sus inicios, fue atendido por religiosos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, quienes imprimieron un sello de servicio y caridad que le dio nombre al lugar. Posteriormente, en 1880, la atención pasó a manos de las Hermanas de la Presentación de la Santísima Virgen de Tours, quienes continuaron la labor médica y espiritual.
La huella indeleble de José Benito Vives de Andreis
Durante la primera mitad del siglo XX, el Hospital San Juan de Dios experimentó una de sus etapas más importantes de modernización bajo la gobernación de José Benito Vives de Andréis, quien asumió el cargo en 1941. Visionario y comprometido con el desarrollo social, Vives impulsó la construcción del bloque occidental del hospital, una obra que marcó un antes y un después en la infraestructura hospitalaria del Magdalena.
En su libro ‘Pepe Vives Cuenta Su Vida’, el propio José Benito narra con orgullo las transformaciones realizadas:
“Su costo ascendió a la suma de $59.150.45. Las obras realizadas con el fondo proveniente de la Lotería del Libertador, y con auxilio del Fondo del Fomento Municipal, fueron las siguientes:
En la planta baja:
- Entrada vehicular
- Salón de espera
- Sindicatura
- Dos salones de consulta externa
- Farmacia
- Cocina moderna equipada con estufa, repostería y despensa
- Amplios corredores y andenes acondicionados
Planta alta:
- Sala de maternidad
- Sala de cirugía con cuartos para los médicos
- Salón para pacientes convalecientes
- Cuarto para la instalación de un ascensor
- Dos salas de hospitalización
- Servicios sanitarios completos
Equipamiento con lavadora de ropa, 60 camas, colchones, ropa de cama y pijamas para enfermos.”
En palabras de Vives, esta obra no solo modernizó el hospital, sino que permitió atender a más de 300 pacientes y ofrecer un promedio de 206 consultas externas mensuales, reflejando un verdadero compromiso con la salud pública.
Abandono y transformación cultural
Tras la construcción del nuevo Hospital Central de Santa Marta en 1991, el antiguo edificio fue cerrado y permaneció abandonado durante casi una década. Hoy en el antiguo Hospital San Juan de Dios funcionan oficinas de la Gobernación del Magdalena y también sede de eventos culturales.
Real Seminario Conciliar
de Santa Marta
(Claustro San Juan Nepomuceno)

Ubicado en el corazón del Centro Histórico de Santa Marta, en la esquina de la Calle Grande (17) con el Callejón del Seminario (Carrera 2ª), el antiguo edificio del Real Seminario Conciliar se levanta como uno de los pocos testimonios arquitectónicos de valor construidos durante el dominio español. Su estructura, de 1.586 m² distribuidos en dos plantas, fue erigida entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, en los últimos años del régimen monárquico en América.
Fue declarado Monumento Nacional mediante el Decreto 2009 del 5 de noviembre de 1996.
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Educación, poder y patrimonio
Desde su fundación, el edificio ha estado vinculado principalmente con fines educativos religiosos, acogiendo a generaciones de alumnos del Seminario Conciliar de la Diócesis de Santa Marta. Solo en contadas ocasiones asumió otras funciones: fue sede del Palacio de Gobierno en la segunda mitad del siglo XIX y, en el siglo XX, albergó las oficinas de la Corporación Nacional de Turismo, Seccional Magdalena, tras una concesión temporal otorgada por la Gobernación del Magdalena.
A pesar de ser el único ejemplo de arquitectura religiosa-educacional de época hispánica existente en Santa Marta, su historia ha sido relegada. Como denuncia el investigador Álvaro Ospino Valiente en su libro ‘Historia del Real Seminario Consistorial de Santa Marta’:
“No obstante, de constituirse en el único ejemplo de la arquitectura religiosa educacional de época hispana existente en la ciudad, con una tipología arquitectónica excepcional en el marco del patrimonio inmueble de Santa Marta, no ha sido valorado. Más bien ha permanecido en un anonimato bautizado con nombres que no les corresponden, como “Casa de la Cultura” o “Claustro San Juan Nepomuceno”, que refleja el poco interés o la indiferencia de los samarios por la historia de su ciudad. Esto puede obedecer a la vieja filosofía respecto a las obras de arquitectura –afortunadamente revalorada-, cuya importancia radicaba si en el inmueble habitó o pernotó algún prócer de la independencia o si fue residencia de algún oportunista español venido a más en tierras americanas.”
Un nombre con sustento histórico
Diversos documentos oficiales sustentan su denominación original como Real Seminario Conciliar de Santa Marta. Un ejemplo es un expediente fechado en julio de 1806, conservado en el Archivo Eclesiástico de la Diócesis, que registra el aval del rey Carlos IV para su funcionamiento, y lo menciona explícitamente como Seminario Conciliar en varios folios.
Otro documento de 1809, firmado por Manuel Conde, mayordomo de la Iglesia Catedral, también lo denomina como Real Seminario, corroborando su carácter oficial como obra financiada por la Corona Española, en línea con otras construcciones reales como la Real Administración de Aguardientes (1784) o los seminarios conciliares fundados en Zaragoza y otras ciudades españolas.
Identificarlo correctamente es, por tanto, un acto de justicia histórica y un gesto necesario para fortalecer la identidad patrimonial de Santa Marta, una ciudad que, como lo recuerda Ospino, permaneció fiel a la causa realista hasta los últimos días del dominio español.
Actualidad y recuperación
Hoy, el antiguo edificio del Real Seminario Conciliar alberga la Dirección Cultural de la Universidad del Magdalena y su emisora institucional. A pesar del cambio de funciones, sigue siendo un espacio vivo, en el que la cultura y el conocimiento continúan teniendo lugar, como en sus orígenes.
Edificio del Instituto
Técnico Industrial

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Ubicado en la Avenida del Libertador (calle 14) número 11-38, en pleno corazón de Santa Marta, el edificio que por décadas albergó al Colegio La Industrial es una de las construcciones educativas más emblemáticas de la ciudad. Aunque muchos lo recuerdan como sede del Instituto Técnico Industrial, sus orígenes se remontan a principios del siglo XX, cuando fue concebido como espacio para la Escuela Normal de Señoritas María Auxiliadora y más adelante, como sede de la Escuela de Artes y Oficios.
Por su valor histórico y arquitectónico, esta edificación fue declarada Bien de Interés Cultural de la Nación mediante el Decreto 1929 del 24 de septiembre de 1993.
Diseño y construcción
El diseño del edificio fue encargado al arquitecto italiano Carlos Luppi en el año 1912, por solicitud del Departamento del Magdalena y con recursos provenientes del gobierno nacional. Su propuesta arquitectónica se caracteriza por un estilo republicano sobrio, elegante y funcional, típico de las edificaciones educativas de la época, con amplios corredores, techos altos y ventilación cruzada, ideales para el clima cálido de la región.
De la educación femenina a la formación técnica
La Escuela Normal de Señoritas María Auxiliadora fue la primera institución en ocupar el edificio. Funcionó allí hasta 1953, cuando fue trasladada a su sede definitiva en el sector de La Coquera, actual barrio El Pradito. Posteriormente, el inmueble fue adaptado para albergar a la Escuela de Artes y Oficios, dando paso a lo que luego sería conocido como el Colegio de La Industrial, institución que formó durante décadas a cientos de técnicos y bachilleres en áreas clave para el desarrollo regional.
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Inversión gubernamental
La culminación de la construcción contó con el respaldo del gobierno nacional. En 1947, bajo la presidencia de Mariano Ospina Pérez, se destinó una partida de $8.816,85 pesos, según el Decreto 1159 de ese año, con cargo al artículo 2169 del presupuesto nacional, bajo la denominación de Zona de Edificios Nacionales del Magdalena. Esta inversión permitió finalizar las obras pendientes y adecuar la planta física para el desarrollo de programas educativos.
Edificio del Liceo Celedón:
símbolo educativo y
patrimonio de Santa Marta

El imponente edificio que hoy alberga al Liceo Celedón es una de las construcciones educativas más emblemáticas del Magdalena y un referente arquitectónico de Santa Marta. Su construcción se inició en enero de 1913, bajo la dirección del arquitecto español Alfredo Bademes y Noll, quien le imprimió un estilo republicano con detalles clásicos que aún se conservan.
La colocación de la primera piedra fue bendecida por el sacerdote Pedro Espejo, en un acto simbólico que marcó el inicio de una obra pensada originalmente para acoger la futura Universidad del Magdalena. Sin embargo, por razones presupuestales, los trabajos se vieron interrumpidos en varias ocasiones a lo largo de su desarrollo.
Fue gracias al impulso del doctor Lázaro Espejo que la construcción pudo retomarse años después, con los planos originales de Bademes y Noll. Finalmente, en 1924 se concluyó la primera etapa, y aunque la edificación no estaba completamente terminada, se decidió trasladar allí de forma definitiva al Liceo Celedón, que venía funcionando desde marzo de 1906 en distintas sedes temporales.
Un nombre con historia y legado
El nombre "Liceo Celedón" fue propuesto por José Antonio Iguarán Araujo, entonces secretario de Instrucción Pública del Departamento del Magdalena (hoy Secretaría de Educación). Con ello, quiso rendir homenaje al obispo Rafael Celedón, primer obispo magdalenense de la Diócesis de Santa Marta y figura destacada de la vida religiosa e intelectual del país, fallecido en 1902.
Rafael Celedón no solo fue un brillante sacerdote y obispo de Santa Marta, sino también un educador, filósofo, jurista, historiador, lingüista y miembro de la Academia Colombiana de la Lengua. Su legado como rector del Seminario San José de Santa Marta y como maestro del propio Iguarán en Riohacha, quedó grabado en la memoria colectiva. Su nombre da prestigio y profundidad a la misión educativa del plantel.
Reconocimiento patrimonial
Por su historia, su arquitectura y su papel en la formación de generaciones de samarios, el edificio del Liceo Celedón fue declarado Bien de Interés Cultural de carácter nacional mediante el Decreto 2529 del 17 de diciembre de 1993. Este reconocimiento resalta su importancia como símbolo del compromiso de Santa Marta con la educación pública y como uno de los principales referentes del patrimonio arquitectónico del Caribe colombiano.
Teatro Santa Marta: icono cultural

El Teatro Santa Marta, inaugurado en 1949, es una de las joyas arquitectónicas y culturales más importantes de la ciudad. Fue la primera edificación cerrada, funcional y climatizada construida en Santa Marta para la presentación de espectáculos teatrales y musicales, lo que marcó un antes y un después en la vida cultural de la capital del Magdalena.
Diseñado en un refinado estilo Art Déco por el arquitecto cubano Manuel Carrerá, su construcción inició en 1942 en el contexto de una severa recesión económica provocada por la retirada de la United Fruit Company. Ante esta crisis, el presidente Eduardo Santos recomendó al entonces gobernador José Benito Vives de Andréis implementar un ambicioso plan de fomento económico basado en la inversión pública. El teatro fue una de las obras más representativas de esta política, concebido no solo como infraestructura cultural sino como motor de empleo, orgullo cívico y desarrollo urbano.
Una obra clave del urbanismo moderno en Santa Marta
El Teatro Santa Marta forma parte del período de modernización urbana impulsado durante la administración de José Benito Vives De Andréis , considerado uno de los líderes cívicos más visionarios del siglo XX en la región. Su edificación simboliza el espíritu de progreso, renovación cultural y planificación arquitectónica que caracterizó esa etapa.
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La estructura del teatro responde a una arquitectura de transición, que mezcla la estética moderna con elementos funcionales propios de la época. Su diseño no solo lo hace único en la ciudad, sino que se ha convertido en un referente visual y afectivo dentro de la memoria colectiva de los samarios.
Reconocimiento y restauración
Por su valor histórico, arquitectónico y cultural, el Teatro Santa Marta fue declarado Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional mediante la Resolución 0948 de 2006. A lo largo del tiempo, ha enfrentado desafíos: en 1979, sufrió un incendio que lo dejó inhabilitado, y durante décadas permaneció en estado de deterioro.
Sin embargo, gracias a un proyecto de restauración integral, recuperó su esplendor original y fue reinaugurado en 2021, reafirmando su papel como espacio de encuentro artístico, social y cultural para las nuevas generaciones.
Un legado que perdura
El Teatro Santa Marta no es solo un edificio. Es el testimonio vivo de una ciudad que supo levantarse en medio de la adversidad, gracias a una visión de futuro impulsada por líderes como José Benito Vives de Andréis. Hoy, su legado sigue vigente cada vez que se alza el telón y el arte vuelve a llenar de vida sus históricas butacas.
Capilla San Jerónimo de Mamatoco:
fe y resistencia

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La Iglesia de San Jerónimo de Mamatoco, también conocida como Parroquia San Jerónimo, es uno de los templos más antiguos y emblemáticos de Santa Marta. Su historia se remonta al siglo XVI, cuando los misioneros franciscanos construyeron la iglesia como parte de la evangelización en la región.
Sin embargo, en 1575, este primer templo fue incendiado por el cacique indígena Mamatoco, en un acto de rebelión contra los abusos y violencias cometidas por los colonizadores españoles, entre ellos el encarcelamiento y tortura de uno de sus hijos. La respuesta colonial fue brutal: el cacique fue capturado, sometido a tormento y finalmente ahorcado. A pesar de ello, la iglesia fue reconstruida poco tiempo después, y con el paso de los años recibió múltiples reformas y ampliaciones.
La actual estructura, tal como la conocemos, fue finalizada en 1785, y conserva en su interior una imagen de terracota de San Agatón, una de sus piezas religiosas más destacadas. En reconocimiento a su valor histórico, cultural y religioso, la iglesia fue declarada Monumento Nacional en 1992.
Testigo de la historia
Erigida en honor a San Jerónimo, uno de los grandes teólogos de la Iglesia y traductor de la Biblia al latín (la Vulgata), la parroquia ha sido a lo largo de los siglos un espacio de espiritualidad, memoria colectiva y encuentro comunitario. Ha resistido terremotos, conflictos y el paso del tiempo, manteniéndose en pie como un faro de fe para los habitantes de Mamatoco y visitantes.
Arquitectura colonial
La Iglesia de San Jerónimo de Mamatoco presenta una arquitectura colonial sobria pero imponente. Su fachada de piedra tallada destaca por la sencillez de sus líneas y por su puerta de arco de medio punto, enmarcada por molduras discretas. Justo encima, un nicho alberga la figura del santo patrono.
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En el interior, se aprecia una nave única con un altar mayor de madera tallada y policromada, que conserva un estilo tradicional. Las ventanas altas permiten la entrada de luz natural, creando una atmósfera íntima y serena. Las paredes están decoradas con pinturas y esculturas religiosas que evocan pasajes bíblicos y fortalecen el vínculo espiritual de la comunidad con su pasado.
Capilla San Francisco de Asís de
Taganga: Memoria de un pueblo
entre montañas y mar

Enclavada entre el mar Caribe y las montañas de la Sierra Nevada, la Iglesia de Taganga, oficialmente conocida como Cuasiparroquia San Francisco de Asís, es uno de los templos más antiguos y emblemáticos del Caribe colombiano. Más que un lugar de culto es símbolo de identidad, tradición y resistencia para los habitantes de este antiguo pueblo de pescadores.
La estructura original, construida en barro y teja, fue levantada por los primeros misioneros y habitantes del lugar. Su historia ha estado marcada por varios momentos de destrucción y renacimiento.
Terremotos, incendios y reconstrucciones
En 1834, la iglesia sufrió graves daños a causa de un terremoto, pero fue reparada por la comunidad. Luego, en 1932, se emprendió una reconstrucción parcial que buscaba fortalecer su estructura sin perder su esencia colonial.
Uno de los episodios más trágicos ocurrió en 1962, cuando un incendio consumió gran parte del interior del templo, dejando en pie únicamente su fachada original. Sin embargo, gracias al esfuerzo de los feligreses, poco a poco fue recuperando su forma y su función como espacio de espiritualidad y encuentro.
Reconocimiento como Monumento Nacional
El valor histórico, arquitectónico y simbólico de la Capilla San Francisco de Asís de Taganga fue oficialmente reconocido en 1996, cuando fue declarada Monumento Nacional mediante el Decreto 481. Esta declaratoria no solo protege el templo, sino que lo integra al patrimonio cultural de la nación, garantizando su preservación para las futuras generaciones.
Renovaciones recientes
En los últimos años, la parroquia ha sido objeto de múltiples mejoras impulsadas por sus párrocos y la comunidad feligresa. Entre las intervenciones más destacadas se encuentran
- Restauración de los pisos exteriores.
- Pintura interior y exterior respetando los tonos coloniales.
- Mejoras en los acabados de la cubierta.
- Construcción de rampas de acceso.
Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta

El Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta (PNN-SNSM), declarado Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional mediante el Decreto 1192 del 26 de mayo de 1977, se localiza en la majestuosa sierra del mismo nombre, considerada el sistema montañoso litoral más alto del planeta.
Según la Resolución No. 0136 del 17 de febrero de 2023, el parque cuenta con una extensión aproximada de 573.312 hectáreas y abarca territorios en los departamentos de Magdalena, Cesar y La Guajira. Se extiende desde el nivel del mar, entre los ríos Don Diego y Palomino, hasta las cumbres nevadas que superan los 5.700 metros de altitud, atravesando todos los pisos térmicos y ecosistemas, desde playas tropicales hasta los páramos.
Además de su riqueza natural, esta área coincide con los territorios ancestrales de los pueblos indígenas Kogui, Arhuaco, Wiwa y Kankuamo, a través de los resguardos Kogui-Malayo-Arhuaco, Resguardo Arhuaco de la Sierra y Resguardo Kankuamo, convirtiéndose en un espacio de vital importancia espiritual y cultural.
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Patrimonio de la humanidad
La Sierra Nevada de Santa Marta es una de las regiones más biodiversas del mundo y uno de los lugares con mayor concentración de endemismo en el planeta. Su declaratoria como parque nacional natural no solo protege su riqueza ecológica, sino también su profunda dimensión espiritual y cultural.
Estación del Ferrocarril de
Pozos Colorados: legado de
conexión y desarrollo

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La Estación del Ferrocarril de Pozos Colorados, ubicada en Santa Marta, fue un punto estratégico dentro de la red ferroviaria que impulsó el desarrollo económico y social del Magdalena a finales del siglo XIX y buena parte del XX. Su construcción, liderada por la empresa británica The Santa Marta Railway Company, tuvo como principal objetivo conectar el puerto samario con la próspera Zona Bananera y otros municipios del interior como Fundación y Aracataca.
Cercana al actual terminal marítimo, esta estación fue clave para el transporte de pasajeros y, especialmente, para el movimiento de mercancías, destacándose el banano como producto estrella de exportación. Su infraestructura formó parte del sistema ferroviario que consolidó a Santa Marta como un eje comercial y agrícola de la región Caribe.
En reconocimiento a su valor histórico, patrimonial e industrial, la Estación del Ferrocarril de Pozos Colorados fue declarada Bien de Interés Cultural del ámbito nacional mediante el Decreto 746 del 24 de abril de 1996.
El Fuerte San Fernando y el Fuerte
Isla El Morro: patrimonio
fortificado de Santa Marta

El Fuerte San Fernando fue declarado Bien de Interés Cultural del ámbito nacional mediante el Decreto 2673 del 20 de noviembre de 1989. Por su parte, el Fuerte de la Isla El Morro recibió la misma distinción a través del Decreto 1803 del 19 de octubre de 1995. Ambas construcciones forman parte del legado militar y defensivo de Santa Marta durante la época colonial.
Para conocer más detalles sobre estas edificaciones históricas, se recomienda consultar la sección dedicada a las fortificaciones de Santa Marta.
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