EL INFORMADOR emprendió un recorrido de tres días hacia Nabusímake, la capital espiritual del pueblo Arhuaco, en el corazón de la Sierra Nevada de Santa Marta. Allí, compartimos con sus autoridades ancestrales y visitamos lugares sagrados que son testigos del origen y la cosmovisión de esta comunidad indígena.
Equipo de redacción EL INFORMADOR.
El camino hacia territorio sagrado
La travesía comenzó a las 4:00 a.m., cuando un vehículo del cabildo Arhuaco nos recogió. El recorrido incluyó la Troncal del Caribe, la Ruta del Sol y una vez en Bosconia, tomamos la vía hacia Valledupar. En el kilómetro 80 desviamos rumbo a Pueblo Bello (Cesar), la antesala de Nabusímake.
Durante las cinco horas de viaje desde Santa Marta hasta Pueblo Bello, los paisajes cambiaban gradualmente. Al ingresar al territorio cesarense, la vegetación se volvía más frondosa, con la majestuosa Sierra Nevada como telón de fondo.

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En Pueblo Bello, degustamos un desayuno típico en medio de un clima frío y agradable. Desde allí, nos preparamos para tomar la trocha que nos conduciría, en unas dos horas y media, hasta nuestro destino final. El trayecto, aunque agotador, nos regaló postales únicas: ríos y quebradas cristalinas, arhuacos montando mulas cargadas, y el cerro del Alguacil, a más de 2.300 metros sobre el nivel del mar, el último punto alto antes de llegar a la "Tierra donde nace el sol".
Vea video completo de Nabusímake: la tierra donde nace el sol
El ingreso a Nabusímake
Al llegar, un portón custodiado por la guardia indígena controla el acceso. Solo se permite la entrada con autorización de las autoridades arhuacas. Una vez adentro, el paisaje cambia radicalmente: pinos imponentes, pastos verdes y un clima frío evocan ciudades como Bogotá; pero estamos en lo alto de la Sierra Nevada, en una zona clave para el equilibrio ambiental, en donde nacen 35 ríos que abastecen a los departamentos del Magdalena y el Cesar.

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El asentamiento, resguardado por una muralla de rocas, conserva la arquitectura tradicional: chozas de barro con techos de paja. Como forasteros, no pudimos ingresar de inmediato. Nuestra anfitriona fue Alexandra Maestre, quien nos recibió en su hogar, mientras una lluvia intensa nos daba la bienvenida. Al escampar, exploramos los alrededores, cruzando ríos y admirando los bosques húmedos de esta región sagrada.
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Primer contacto con la comunidad
A las 4:00 p.m. emprendimos una caminata de dos horas desde la casa de Alexandra hasta el pueblo. Ya de noche, fuimos recibidos por las autoridades Arhuacas. Ingresamos por la puerta lateral, pues según la cosmovisión local, hacerlo por ese acceso augura buenos resultados para cualquier labor.

Alexandra Maestre, lider arhuaca; Luis Guillermo Saumeth, periodista de
EL IFORMADOR, entre otros. Derechos Reservados/ELINFORMADOR
Nos dieron la bienvenida el gobernador, el comisario de Nabusímake y Luis Salcedo Zalabata, gobernador del cabildo del Magdalena y La Guajira. Con su bendición, obtuvimos el permiso para iniciar nuestro trabajo periodístico.
Hacia el corazón espiritual: Numaka y Siekumake
A las 4:00 a.m., tras un baño en el gélido río Fundación, comenzamos nuestra jornada rumbo a los templos sagrados de Numaka y Siekumake. Salimos en vehículo hasta Nabusímake y luego caminamos cerca de una hora, guiados por Alexandra, quien nos relataba aspectos de su cultura mientras admirábamos el entorno.
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que son de importancia espiritual en Nabusímake. Su olor es parecido al del níspero,
pero según los locales su sabor es único y no se compara con ninguna otra fruta.
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En el camino, un gran árbol captó nuestra atención. Era un árbol de Nabo, planta sagrada que solo crece en sitios sagrados y da nombre al pueblo: Nabusímake (del Nabo).

solo crece en los lugares sagrados y solo se ve en este territorio.
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Llegamos a Numaka, protegido por una muralla de piedras y un árbol de Nabo nos recibió con su fruto aún verde. No pude probarlo, pero su aroma recordaba al níspero, con textura similar al zapote.
Encuentro con el Mamo
En Numaka, uno de los centros espirituales más importantes del pueblo Arhuaco, fuimos recibidos por el mamo Zarey Atʉngʉmʉ. En este lugar, los líderes espirituales se reúnen para consultar a la Madre Tierra y tomar decisiones vitales para su comunidad.
“El propósito de estos sitios es buscar el equilibrio”, nos dijo. “Aquí decidimos, guiados por la naturaleza, cuál es el mejor camino para nuestra gente.”
El mamo culminó con un mensaje para toda la humanidad:
“Debemos cuidar la Madre Tierra. Si no lo hacemos, pronto no tendremos un lugar donde vivir.”
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