“Ingresar a la universidad no debe ser un privilegio, sino un derecho posible para todos”. Con esta convicción, Jeimmy Polo Rojas, psicóloga y directora de Desarrollo Estudiantil de la Universidad del Magdalena, explica cómo la institución ha convertido la inclusión en una bandera central de su proyecto académico y social.
La psicólogo Jeimmy Polo manifestó a EL INFORMADOR que desde el 2017, bajo la rectoría de Pablo Vera Salazar, la universidad asumió la inclusión como uno de sus pilares de gestión. Recuerda que “ha sido lo que ha determinado sus periodos de gobierno y la manera como él ha querido liderar la universidad”. Este enfoque no se limita a abrir cupos para personas con discapacidad, sino que se extiende a estudiantes afrodescendientes, indígenas, raizales, madres cabeza de hogar, deportistas y artistas, quienes hoy encuentran políticas y programas diseñados para garantizar no solo su ingreso, sino también su permanencia y graduación.
Educación sin barreras
El Ministerio de Salud las ha categorizado en siete y esas categorías son trabajadas al interior de la universidad y tienen distintas maneras de ser trabajadas y distintas políticas creadas, desde el acuerdo 027 hasta el acuerdo 07, que regula el cupo especial para personas con discapacidad. La universidad, señala Polo, que ha asumido la tarea, ofreciendo acompañamiento diferenciado según cada necesidad.
“El proceso inicia desde la admisión. A todos los estudiantes se les realiza una entrevista de ingreso que permite caracterizar sus condiciones”, explica la directora. Este diagnóstico temprano facilita diseñar estrategias de apoyo académico, psicosocial y socioeconómico. Para quienes llegan con puntajes de ICFES bajos, menor o igual a 250, se creó un “semestre cero” de nivelación académica que busca reforzar sus competencias y prepararlos para los retos universitarios.
Ajustes razonables y acompañamiento permanente
En el caso de estudiantes con discapacidad, la universidad trabaja de la mano con cuidadores, familias y profesionales expertos para establecer ajustes razonables que se van adaptando semestre a semestre. “No se trata de un apoyo aislado”, recalca Polo, sino de una ruta integral que incluye acompañamiento psicológico, académico y hasta económico mediante la Beca de Inclusión y Permanencia.
Además, la accesibilidad física y digital ha sido transformada en un 100%. La universidad instaló salvaescaleras en edificios, adaptó baños y rampas, y adecuó la biblioteca con programas especializados para personas con discapacidad visual. En el caso de los estudiantes ciegos, se les ofrece entrenamiento inicial para recorrer el campus, y todo el equipo de profesionales que trabaja al interior de la universidad desde conserjes hasta guardas de seguridad recibe formación en inclusión y primeros auxilios psicológicos.
En cuanto a la comunidad con discapacidad auditiva, la universidad dispone de tres intérpretes de lengua de señas permanentes, garantiza transmisiones accesibles y promueve el aprendizaje de la lengua de señas en el Centro de Idiomas. Incluso, cuenta con docentes sordos que actúan como modelos lingüísticos.
El papel de los compañeros
La inclusión, sin embargo, no se limita a la infraestructura o a las políticas. El factor humano es fundamental. Expresó la profesional en entrevista con EL INFORMADOR “los compañeros cumplen un rol del 100% en el proceso de integración”. A través de monitorias y ayudantías administrativas, los mismos estudiantes acompañan a quienes lo necesitan, favoreciendo un ambiente de sensibilización y solidaridad dentro de las aulas.
Una invitación a soñar
El mensaje que deja la directora: “Que no dejen de soñar, porque sí es posible ingresar a la educación superior”. Destaca que más de 46 personas con discapacidad ya se han graduado en la institución, entre ellos el primer cineasta sordo de Santa Marta y más de 14 licenciados sordos que hoy ejercen en diferentes colegios.
“La universidad está hecha para hacer posibles los sueños”, concluye la directora, recordando que el verdadero cambio comienza cuando las barreras dejan de estar en la infraestructura y se derriban de la mente y del corazón.