Iniciar la vida universitaria puede ser emocionante, pero también desafiante. La clave está en reconocer nuestras emociones, abrirnos a nuevos espacios y fortalecer lazos que nos acompañen en el camino.

Entrar a la universidad es uno de los cambios más importantes en la vida de un joven. No solo implica asumir nuevas responsabilidades académicas, sino también adaptarse a un entorno desconocido, con dinámicas sociales diferentes a las del colegio. En este proceso, hacer amigos y construir redes de apoyo se convierte en un reto que, aunque natural, puede generar inseguridad
“La transición a la vida universitaria regularmente implica un desafío de adaptación a diversas situaciones novedosas, desde un clásico horario de clase hasta las formas en cómo solías relacionarte en tu etapa escolar. Tener que construir de cero una red de apoyo o no conseguir amigos tan pronto, puede generar sensación de ansiedad o inseguridad y eso puede afectar emocionalmente al estudiante”, explicó el psicólogo Mario López Herrera entrevistado para la revista Aula Universitaria.
Adaptarse con paciencia
El especialista asegura que es normal sentirse solo al comienzo:
“Es válido que en el proceso de adaptación la sensación de soledad llegue en algún momento. A lo que hay que prestarle atención es si esta sensación se prolonga más de lo usual, ya que en ese caso sería recomendable buscar ayuda profesional”.
Adaptarse, entonces, implica dar tiempo, explorar el entorno y conocer las reglas sociales que se van configurando en los pasillos, salones y espacios de descanso de la universidad.
La personalidad no es un obstáculo
Uno de los mayores temores de los estudiantes es pensar que su personalidad puede limitarles la posibilidad de hacer amigos. Sin embargo, el psicólogo aclara que no importa si alguien es extrovertido o introvertido: “La personalidad no es una limitación, es una manera diferente de interactuar. Si te gusta pintar o dibujar, probablemente encontrarás a alguien con esos gustos similares; lo mismo ocurre con quienes se interesan por los deportes o los animales”.
En ese sentido, lo importante es encontrar espacios donde se compartan afinidades y atreverse a dar el primer paso, incluso con pequeños gestos. “Un saludo, una sonrisa, o si te sientes más valiente, un ‘¿Qué tal te fue en el trabajo de la clase?’ puede ayudar un poco también”, recomendó.
La universidad como escenario de encuentro
Hoy en día, las instituciones de educación superior ofrecen múltiples espacios para la integración. Ferias, actividades culturales, cursos libres, torneos deportivos o grupos estudiantiles son escenarios que ayudan a los jóvenes a sentirse parte de la comunidad. Para la especialista, aprovechar estas oportunidades facilita la construcción de redes sociales y de apoyo que refuerzan la adaptación universitaria.
Reconocer y gestionar las emociones
Mario López destacó que el primer paso es aprender a validar lo que sentimos: “Ponerle un nombre a tu respuesta emocional, ya sea inseguridad, ansiedad, curiosidad o incluso expectativas, ayudará a saber qué es lo que te puede estar diciendo tu emoción”.
De esta manera, las emociones dejan de verse como un obstáculo y se convierten en herramientas de autoconocimiento y adaptación. Identificar detonantes y elaborar un plan para afrontarlos fortalece la resiliencia y la confianza.
Estrategias para manejar la ansiedad
Ante momentos de ansiedad, la especialista recomienda técnicas sencillas como la respiración consciente. “Siempre que estemos ansiosos debemos regular nuestra respiración, volver a tener control de cómo respiramos a través de ejercicios. Luego de esto, practicar la reestructuración de pensamientos para no darles tanta credibilidad a ideas catastróficas como ‘pasaré vergüenza’ o ‘todos se van a reír de mí’”.
Empatía y escucha: la clave de los vínculos
Hacer amigos en la universidad no solo depende de la iniciativa personal, también de la capacidad de escuchar y comprender al otro. Según el profesional, la empatía es fundamental: “La empatía es lo principal, no desde ‘me pongo en tus zapatos’, sino ‘me pongo en tus zapatos, aunque no me queden’. Reconocer el malestar en el otro, ser asertivos al hablar y saber escuchar son acciones que ayudan mucho en el vínculo”.
Estar presentes de manera genuina, sin distracciones, es una señal de respeto y una forma de construir relaciones sólidas en un mundo donde el exceso de estímulos compite constantemente por la atención.
Amistades sanas y duraderas
Finalmente, el especialista resaltó que las amistades verdaderas se construyen desde el respeto mutuo y la capacidad de aceptar límites: “Las personas que nos quieren de verdad, aunque les incomoden nuestros límites, los aceptan y los respetan, porque saben que si los ponemos es porque estamos manifestando una incomodidad o algo que nos afecta”. Para el, una amistad sana se caracteriza por aportar al crecimiento personal, respetar espacios individuales y sostenerse en un apoyo recíproco.
Una etapa de aprendizaje
La vida universitaria es, en esencia, un proceso de adaptación y crecimiento. Hacer amigos, reconocer emociones, vencer la ansiedad y cultivar relaciones sanas son pasos fundamentales para transitar con éxito esta etapa. Como señaló el psicólogo, la clave está en atreverse a interactuar, en ser pacientes con el proceso y en aprender a cuidar tanto de uno mismo como de los demás.