Una norma internacional que se respeta a nivel mundial es la no intromisión e injerencia en los asuntos internos de los países y más cuando son vecinos, porque de no respetarse, la convivencia en las fronteras, la seguridad, el comercio y el dinero que mueve toda esta actividad, también se verían afectados.
Hay que ser claros; en este contexto, cuando en los territorios compartidos por países se presentan situaciones de difícil manejo, como sucede en la actualidad con Ecuador, debe prevalecer el hermanazgo y la tradición de paz en la frontera, que deben prevalecer por encima de cualquier consideración.
Esta norma diplomática, de tradición y cumplimiento, no la cumple el gobierno colombiano, a cargo del presidente Gustavo Petro, que sigue entrometido en los asuntos internos de Venezuela, defendiendo al dictador Maduro y queriendo mantener un régimen que ha llevado a la ruina y destrucción a todo un pueblo que posee toda clase de riqueza para ser una de las potencias mundiales.
Petro sigue empecinado; en días recientes y próximo a su visita a la Casa Blanca, después de rogarla durante varios meses, volvió a defender al capturado dictador Maduro exigiendo que debe ser devuelto a Caracas, a pesar de que es consciente que el dictador y su esposa enfrentan cargos por narcoterrorismo, entre otros.
El pronunciamiento de Petro recorrió el mundo político de Venezuela y Estados Unidos; a la líder opositora venezolana, María Corina Machado, le llamó mucho la atención que el presidente Petro, haya solicitado que Estados Unidos devuelva a Nicolás Maduro para que sea juzgado en Venezuela, ya que, de acuerdo con sus palabras “creo que hay pocos otros jefes de Estado que conozcan el monstruo del régimen venezolano por dentro como lo conoce el presidente de Colombia, Gustavo Petro", declaró a la prensa en Washington tras reunirse con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.
Seguramente Petro no está al tanto de que cualquier juez en Venezuela que emita una sentencia contraria a los intereses del régimen sabe que puede terminar como la jueza María Lourdes Afiuni, arrestada en 2009; bajo el chavismo no ha habido una sola sentencia en contra del régimen a favor de un particular.
La justicia internacional ha actuado y los venezolanos agradecen que se haya aplicado la ley por el bien de Venezuela y por el bien de Colombia, ya que compartimos una extensa y ahora peligrosa frontera, y por el bien de la región hay que acompañar este proceso.
Petro no se queda quieto, sigue escarbando y puede salir lastimado a sabiendas que la próxima semana viajará a Washington para reunirse con el presidente, Donald Trump. En días pasado declaró que Maduro está secuestrado en Estados Unidos y pidió que sea devuelto para ser juzgado por la Justicia venezolana.
Después de estas declaraciones, Petro debe atenerse a cualquier cosa que pueda suceder en su entrevista con el presidente Donald Trump; si algo sale mal, seguramente le echará las culpas al gobierno norteamericano por su posición política; pero no tendrá valor de asumir que la culpa fue suya, por su defensa de un gobierno que no es el suyo; por defender a un dictador que enfrenta la justicia y por hacer caso omiso de todas las recomendaciones que le han hecho, sobre todo en sus discursos públicos, que dicho sea de paso, deben limitárselos para que la gente no vea el grotesco espectáculo de un presidente en donde se duda si está o no en estado de alicoramiento.