El río Magdalena, también conocido como el ‘Río Grande de la Magdalena’ una de las riquezas hídricas más importantes del país, fue descubierto el 1 de abril de 1501 por el explorador Rodrigo de Bastidas, y el cartógrafo navegante Juan De La Cosa y el también conquistador Vasco Núñez de Balboa, durante la época de la conquista. Mucho antes de ese momento histórico, comunidades indígenas ya lo navegaban y lo reconocían como parte esencial de su vida y cultura.
Por Juan Mozo De Lima
Redactor de EL INFORMADOR
Más que un “descubrimiento”, lo que ocurrió fue un encuentro entre dos mundos que se convertiría en columna vertebral de la historia, el comercio y la identidad de Colombia.
Por siglos, el Magdalena ha sido el corazón palpitante del país. Su curso ha tejido lazos entre pueblos, facilitado el comercio, impulsado la cultura y servido como fuente de alimento, transporte e inspiración. Desde las sociedades precolombinas hasta los días actuales de navegación y turismo de lujo, su legado fluye tan imponente como sus aguas.
Bocas de Ceniza, el encuentro entre el mar y el río
Uno de los lugares más emblemáticos del río es Bocas de Ceniza, en donde las aguas del Magdalena se funden con las del mar Caribe. Allí Bastidas y Juan de la Cosa presenciaron la impresionante mezcla de corrientes, que al chocar generaban un color cenizo en la superficie. inspirando su nombre; al coincidir su llegada con la celebración de santa María Magdalena, bautizaron el río con ese nombre.

en Barranquilla, específicamente en Bocas de Ceniza. Foto: Historia de Colombia.
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Alberga una rica biodiversidad; en sus aguas habitan 233 especies de peces, que representa el 14,5 % de la fauna dulceacuícola del país. Se pesca róbalo, chivo, pargo, jurel y sábalo, entre otras especies, y también se encuentra la serpiente de aguas carmelitas.
Para controlar la fuerza de las aguas, en los años 30 se construyó un canal artificial con tajamares que permitieran la navegación, facilitando el acceso de embarcaciones comerciales, convirtiendo a Bocas de Ceniza en punto clave en la logística del país.

Imagen de referencia. Foto :AscentXmedia
El Puente Pumarejo símbolo de progreso para el Caribe
El río Magdalena ha sido protagonista de importantes obras de infraestructura: el Puente Laureano Gómez, conocido popularmente como Puente Pumarejo construído en 1974fue durante décadas el único paso vial sobre el río en esa zona. Aunque representó un hito de progreso, su altura limitada fue un gran obstáculo para la navegación.

Por ello, en 2019 se construyó el nuevo puente Pumarejo, una imponente estructura de 2.2 kilómetros de longitud y 45 metros de altura. Con seis carriles, ciclovía y andenes, mejoró la movilidad, permitiendo reabrir el canal fluvial al comercio y al turismo, convirtiéndose en el puente más ancho de Colombia. Así, ambos puentes, aunque distantes en el tiempo, relatan la misma historia: la del río que une y no divide.
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La economía que mueve el río Magdalena
El Magdalena impacta la economía nacional. Cada año se movilizan entre 2.5 y 3 millones de toneladas de carga por sus aguas, consolidándose como una de las vías fluviales más importantes de Colombia. Se transportan combustibles, cemento, carbón, maquinaria, productos agrícolas y contenedores. Con los proyectos actuales de infraestructura y dragado, se espera movilizar 6 millones de toneladas de carga

El transporte de los magdalenenses: los ‘ferry”’
Durante el siglo XIX y buena parte del XX, el Magdalena fue la gran autopista fluvial del país gracias a los ferris y vapores que transportaban pasajeros, mercancías e incluso vehículos en zonas sin puentes, conectando Mompox, Magangué, El Banco y Barrancabermeja con la costa y el interior del país.
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Los ferris eran símbolos de vida, cultura y comercio ribereño. A bordo se llevaban cartas, músicos, historias y alimentos Con la expansión del transporte terrestre y aéreo, fueron desapareciendo, pero su legado se mantiene vivo.
El turismo de Cruceros en el río Magdalena
Hoy, el Magdalena navega hacia el futuro turístico. Desde marzo-abril de 2025, el AmaMagdalena, un crucero de lujo operado por AmaWaterways, ha comenzado a surcar sus aguas con una travesía de siete noches entre Barranquilla y Cartagena. Con capacidad para 60 pasajeros y 30 tripulantes, ofrece un recorrido íntimo y sostenible que pasa por destinos emblemáticos como Calamar, El Banco, Santa Bárbara de Pinto, Nueva Venecia, Mompox y Magangué.
Los cruceristas disfrutan de espectáculos culturales, carnavales privados, música en vivo y gastronomía caribeña promoviendo el desarrollo económico de las comunidades ribereñas. La naviera ya tiene 71 salidas programadas para la temporada 2025, todas vendidas, lo que marca un hito en el renacer turístico del Magdalena y en la internacionalización de su caudal cultural y natural.