El campo no necesita tierras: necesita dueños, tecnología y autoridad.

Columnas de Opinión
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Mientras la política insiste en repartir tierra como consigna ideológica, el campo colombiano se hunde entre informalidad, baja productividad y pérdida de mercados. Sin propiedad protegida, sin agua, sin tecnología y sin autoridad, no hay soberanía alimentaria posible.


Esta columna interpela directamente a los candidatos de centro y derecha —y en especial a Abelardo de la Espriella— a asumir una verdad incómoda: el agro no es una causa social, es una empresa estratégica que exige gobierno, carácter y resultados.

El debate agropecuario en Colombia sigue atrapado en una nostalgia peligrosa. Se discute la tierra como si estuviéramos en el siglo XIX, mientras el mundo compite con tecnología, escala, trazabilidad y mercado. Ese desfase intelectual es el que mantiene al campo pobre, informal y políticamente manipulable.

La realidad de 2026 no admite relatos: el dólar ronda los $3.660, castigando el ingreso exportador; la leche de Estados Unidos entra con arancel cero, amenazando a miles de productores nacionales; y la inseguridad jurídica continúa expulsando inversión del territorio rural. Frente a este escenario, el romanticismo agrario no es ingenuo: es irresponsable.

Este mensaje va dirigido a los candidatos que se reclaman del centro y la derecha, y de manera particular a Abelardo de la Espriella: si aspiran a gobernar Colombia, deben entender que el campo no se administra con consignas, se gobierna con autoridad, números y mercado.

 

Propiedad o miseria: no hay punto medio

No existe agro competitivo sin seguridad jurídica plena. Más del 50 % de los predios rurales permanecen en la informalidad. La tierra sin título no es riqueza: es pobreza con papeles. Es productor sin crédito, sin inversión y sin futuro.

 

No caben ambigüedades:

La invasión de tierras es un delito económico, no una causa social.

La titulación masiva, apoyada en catastro moderno y tecnología, debe ser prioridad nacional.

Un productor con propiedad protegida es empresario; sin ella, es rehén del asistencialismo.

Candidatos: si no son capaces de defender la propiedad privada rural, no están listos para gobernar el país productivo.

 

Seguridad rural: sin orden no hay agro

No hay productividad donde manda la extorsión, el abigeato o el grupo armado. La seguridad rural no es un asunto ideológico: es política económica pura.

 
Columna de Opinión e-mail: clearyclear@gmail.com Twitter: @lacoutu