Alerta a tiempo

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Smaller Small Medium Big Bigger
Las encuestas muestran un panorama prematuro, pero diciente: no hay todavía una candidatura consolidada para impedir que el petrismo siga en el poder durante el próximo periodo presidencial. Y lo que es más: ahora, de repente, parece que el presidente Gustavo Petro no estaba tan mal de imagen como lo hemos creído durante estos tres años y medio, al punto de que hasta se atreve a insinuar que el pueblo colombiano lo reelegiría, si tal despropósito se pudiera. ¿En qué país habremos estado viviendo últimamente que no nos dimos cuenta de que teníamos a este gran jefe de Estado? En realidad, la explicación para este fenómeno es más sencilla de lo que se cree, pero es difícil lidiar con ella, porque esconde una verdad que permitiría a la izquierda seguir mandando.


Si la gente encuestada ve en Iván Cepeda una figura elegible como presidente es porque en la oposición no encuentra lo mismo. Puede ser que Cepeda despierte, con sus maneras suaves y voz serena, una cierta simpatía entre la gente harta de la violencia acostumbrada entre los políticos promedio colombianos. Puede ser que Cepeda logre camuflar exitosamente todo el apoyo inconfesable que recibe, y, en lugar de ello, proyecte la triste figura de un desfacedor de agravios y enderezador de entuertos que camina lento y sonríe frente al ataque, la figura quijotesca de un desvalido que piensa ante todo en los desvalidos a pesar de sus propias limitaciones. Después de todo, en política todo vale, aunque se diga y repita lo contrario; y con eso, tan poquito, él va ganando.

Del otro lado está el discurso basado en los hechos, pero acaso mal transmitido, mal enfocado, mal presentado. No tengo ni idea de marketing político, pero creo que la derecha da tumbos en este sentido, y que, por si fuera poco, las rencillas intestinas de poco van a servir para consolidar en verdad una estructura de opinión que permita desatar la avalancha de votos necesaria para vencer al petrismo en menos de cuatro meses. En este momento, parece ser que la sensación predominante entre el electorado antipetrista es de perplejidad ante el patente desorden de sus líderes, que los ha dejado en evidencia ante el público: existe la impresión de que les importa más la ambición individual que el futuro del país. Esa es la fórmula final de la derrota en las urnas: nadie quiere a los egoístas.

Afortunadamente para Colombia, estas costuras se están viendo y rompiendo ahora, que todavía hay espacio a sotavento para abatir el rumbo equivocado. La respuesta al problema de la desunión, en una democracia perfecta, tendrían que tenerla los partidos políticos, con sus normas internas y liderazgos debidamente legitimados; lamentablemente, tal perfección no existe en política, y seguramente existirá menos en países como el nuestro. Lo que sí hay es personalismo basado en el prestigio histórico, o en factores menos relevantes en general; aunque, en particular respecto de la orientación derechista, suele haber un personalismo más constructivo, porque su bandera son los mecanismos relativos a la estabilidad dinámica de la sociedad. Quizás a esto deben apuntar quienes aspiran a socavar las bases de una propuesta esencialmente retórica: nadie pelea con los resultados.

 
Columna: Toma de Posiciones e-mail: tramosmancilla@hotmail.com Twitter: @TulioRamosM