Me fascinan las antigüedades por una simple razón; reflejan el ingenio de la innovación, la elaboración manual ajena a maquinarias de producción seriada, la hermosura de la confección y la unicidad de cada pieza, sea una aldaba añosa, una talla en piedra o un reloj antiguo. Proyectan esas obras o piezas únicas la esencia del arte, humanizan al objeto y estimulan la imaginación. Entonces nos preguntamos: ¿cómo fueron elaboradas? ¿qué pensaban los artistas o los científicos cuando las crearon? La asimetría y la imperfección se consideran de belleza única y particular, que conceptualmente se aprecian en la estética, la filosofía y la cotidianidad.
Mientras en Occidente la perfección en cada detalle es un objetivo y la simetría absoluta actúa como símbolo de belleza, en Japón la filosofía wabi-sabi representa y celebra la belleza de lo imperfecto, asimétrico y desgastado: por ejemplo, las grietas en una pieza cerámica, el desgaste por uso o la pátina por el tiempo. Esa visión procede del kintugi, el arte nipón de pegar cerámica rota con laca urushi que resalta las grietas con polvo de oro; no se ocultan las fracturas: se las embellece. Las reparaciones cuentan la historia del objeto y le asignan valor; las cicatrices se miran como la parte bella y única del objeto. Otras técnicas similares son el gintsugi (reparación usando plata) o el yobitsugi (reparación con piezas diferentes). Según esta filosofía, esas imperfecciones pueden conducirnos a la felicidad.
Nada en la naturaleza es igual: la asimetría aparece en cada hoja, en cada piedra, en cada animal; cada mitad de un rostro es distinta a la otra y los paisajes son cambiantes. Tal “irregularidad” no es un defecto: es el resultado de procesos dinámicos, adaptativos y contingentes; la vida se desarrolla entre variaciones y desbalances. La imperfección permite flexibilidad, cambios y evolución. Cuando la revolución industrial quiso fabricar todo en serie, la vida respondió con nuevas tendencias artísticas: movimientos pictóricos, nuevas expresiones musicales o estilos literarios avanzados. Cuando quisieron imponernos la uniformidad conceptual y el adoctrinamiento, reaccionaron la filosofía y el pensamiento crítico; cada acción produce su reacción, decía Isaac Newton. Aldoux Huxley, en la distopía futurista narrada en Un mundo feliz, muestra una sociedad uniforme, producida desde fábricas y controlada con una droga, “soma”, sociedad que es retada por Bernard Marx, Lenina Crowne y John, “el salvaje”. Se horrorizan por esa sociedad hedonista y carente de alma, concluyendo que es preferible la libertad con sufrimiento. Esa felicidad artificial y uniforme es demasiado cara para la humanidad ya que pierde su libertad y profundidad. Y, agrego yo, desaparece el sentido de humanidad y de solidaridad.
El arte verdadero es asimetría pura: el Art Nouveau es la máxima expresión; inclusive, expresiones como el Bauhaus alemán o el brutalismo arquitectónico soviético son hermosas pero imperfectas; a veces, asimétricas. También son imperfecciones pletóricas de belleza la poesía libre, la pintura o la escultura modernas. En el aspecto humano, la imperfección es inseparable de la identidad. Cada rostro es único y diferente de los demás; cada uno tiene un gesto característico o una seña particular. La asimetría produce singularidad; en esto se basa la biometría de reconocimiento facial. El cuerpo humano es en sí mismo un modelo de asimetría y de imperfección, visible o no; los órganos únicos como el hígado, el bazo o el corazón están colocados en lugares distintos como un puzzle de precisión; la dominancia causa asimetría en las capacidades de cada extremidad.
En las sociedades, imperfección y asimetría han estado presentes; las castas o los estratos, los oficios y su remuneración, el pensamiento y las creencias. ¿Se deben buscar la perfección y la simetría? Además de ser imposibles, no es un objetivo deseable. Las sociedades dinámicas requieren diversidad de pensamiento, de actividades o de gustos; se debe, sí, procurar el equilibrio en cuanto a oportunidades, justicia social, libertades y respeto por los derechos mínimos de las personas y los conglomerados sociales.
Columna: Coloquios y Apostillas
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