Guia para domar jaguares

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Smaller Small Medium Big Bigger
Petro está eufórico porque habló con Trump y porque jura habérselo comido a cuentos.  En la cultura estadounidense, se juzga a las personas no por lo que dicen sino por lo que hacen.  Trump sabe que el hombre que se cree Bolivar, es en verdad un caballero de triste figura, y que sus gestas y triunfos heroicos, no son más que los desvaríos de un enajenado mental que obsesivamente pelea contra molinos de viento creyéndolos gigantes.    
De los Estados Unidos hay que entender algunas cosas.  La primera, es que la ley suprema es la Constitución de los Estados Unidos.  No es la ONU ni la CPI ni ninguna otra institución o ley.  Querer acorralar a los Estados Unidos con la ONU es ingenuo.  

Y la segunda, los Estados Unidos defenderán sus intereses sin pedir permiso ni perdón a nadie.  Y el tráfico de drogas, así como la injerencia de China, Rusia, Irán, Hezbolá y similares en las Americas atenta contra los intereses vitales de los Estados Unidos.   Porque ¿de qué sirve ser superpotencia (Hegemón) si no puedes defender sin titubeos tus intereses y expulsar a tus enemigos? Un colectivo de titis queriendo dictarle al gorila de 800 libras dónde es que puede y debe sentarse. Obvio que se sienta donde le plazca.  

Bajo este mismo análisis, cabe bombardear y capturar a los narcotraficantes estén donde estén.  Lo de Maduro, desde la perspectiva estadounidense, no fue un ataque a Venezuela sino un procedimiento judicial para hacer efectiva una orden de captura vigente.  Tan es así, que le fueron leídos sus derechos (Miranda Rights) al momento del arresto.  Algo similar podría sucederles a Cabello y Padrino López, quienes hoy son prófugos de la justicia estadounidense.

Petro todavía no tiene orden de captura, pero de expedirla un juez, quedaría en la misma situación de Cabello y López.  Las instituciones funcionan en Estados Unidos y los poderes de Trump tienen un contrapeso institucional y no puede hacer nada contra Petro sin orden de arresto de un juez, expedida con todas las garantías legales.  Lo que dijo Trump, que agitó el gallinero local, es de Perogrullo: Petro es un enfermo mental, y es un hecho que no durará mucho porque su mandato ya casi termina.  

Además, al ser los carteles de la droga declarados terroristas, la única superpotencia del mundo, los bombardeará y destruirá a conveniencia, así sea en territorio colombiano o mejicano o donde sea.  Es legitima defensa.  

Incluso si ganara Cepeda, tendría que apartarse y revertir las políticas fallidas de Petro y se vería forzado a recobrar la soberanía territorial cedida a los terroristas.  A los Estados Unidos poco le importa si los gobiernos son derechos o zurdos, mientras no atenten contra sus intereses directa o indirectamente.  

Lo cierto es que, si los Estados Unidos hubieran querido cambiar de régimen en Venezuela, no se hubieran detenido en Maduro.  Lo absurdo de la situación, es que la izquierda mundial invoque los derechos humanos, la soberanía de los estados y la autodeterminación de los pueblos para defender a un dictador, narcotraficante, violador de derechos humanos, causante de uno de los éxodos humanos más desastrosos, y que desconoció sin ningún pudor la voluntad de su pueblo, que eligió a Edmundo González como su presidente.  Un pueblo oprimido pierde totalmente su libertad para autodeterminarse.  Sin embargo, la razón primordial para capturar a Maduro fue de orden penal.  

Petro ha gritado a los cuatro vientos que lo invitaron a la Casa Blanca y habla de llevar un buen traductor para darse a entender bien.  La comunicación es mucho más compleja que traducir palabras, y le recomiendo que quien traduzca, además sea bicultural y por lo menos entienda tanto de derecho colombiano como de derecho estadounidense.  Que no crea Petro que va a hipnotizar a Trump con su verbo prodigioso; le tocará demostrar con cifras confiables todo lo que diga, y además, será confrontado con las que tienen los Estados Unidos de sus propias fuentes; datos matan relato, entre otras cosas porque los hechos y los datos hablan por sí solos y son la mejor diplomacia de la que podría echar mano Petro.  No la tendrá nada fácil porque la realidad que se siente y vive en el país, habla muy mal de Petro, lo incriminan y siembran serias dudas sobre sus estadísticas.  

En fin, el peor enemigo de Petro, además de sí mismo, es la realidad.  Por ahora no se lo llevan es todo lo que podemos afirmar.  Y es casi una certeza que terminará su periodo.  Sin embargo, no le caería mal empezar a aprender inglés.  
Columna de Opinión e-mail: vivesg@yahoo.com