En Colombia, el periodismo ha sido la gran plataforma de liderazgo que ha catapultado a varios de sus mejores exponentes hasta la Presidencia de la República.
Desde los debates de Rufino Cuervo en el siglo XIX hasta las estrategias globales de Juan Manuel Santos en el XXI, la historia revela una verdad profunda: en nuestro país, la palabra escrita tiene la fuerza suficiente para moldear el destino de una nación. A lo largo de los años, figuras como Alberto Lleras Camargo, Eduardo Santos y Andrés Pastrana han demostrado que una redacción puede ser el mejor laboratorio para aprender a dirigir un país.
El recorrido comenzó con Rufino Cuervo, quien en 1847 ya alternaba la pluma con el servicio público. A través de La Miscelánea y La Bandera Tricolor, Cuervo no solo escribía, sino que sembraba ideas republicanas y desafiaba el centralismo de su época. Poco después, en 1861, Ignacio Gutiérrez Vergara continuó este legado; su vida transcurrió entre la fe y la noticia, colaborando en El Catolicismo y fundando La Unidad Católica, además de dejar su huella en diarios como El Observador y La República.
Por otro lado, encontramos la figura de Manuel Murillo Toro (1872), un hombre que no solo ejerció el periodismo, sino que lo protegió. Para él, la libertad de prensa era el aire que permitía respirar a la democracia, un principio que defendió con la misma pasión en sus columnas que en su mandato presidencial.
Esta conexión íntima se fortaleció con líderes como Salvador Camacho Roldán, quien mientras dirigía el periódico El Siglo, impulsaba reformas que buscaban modernizar la economía y el tejido social del país. Del mismo modo, Santiago Pérez Manosalvas (1874) utilizó su paso por las redacciones de El Mensajero y La América para convertirse en un abanderado de la educación y el progreso. Carlos Holguín Mallarino, entre 1888 y 1892, entendió que el liderazgo también se consolida informando. Fundó El Caucano y escribió en La Prensa, desde donde difundió los ideales de su partido.
Adicionalmente, Alberto Lleras Camargo fue un periodista de vocación profunda. Fundador de la revista Semana y del periódico El Liberal, Lleras fue un hombre que habitó siempre en el cruce de las letras y el servicio público. Es conmovedor recordar que él mismo se definía como un "escritor frustrado" antes que como un político profesional, viendo en la palabra la herramienta más noble para la transformación social y el fin de la violencia durante el Frente Nacional.
En esa misma línea Carlos Eugenio Restrepo (1910-1914) usó la dirección de El Correo de Antioquia para buscar la reconciliación de una Colombia fracturada. Años más tarde, Eduardo Santos Montejo (1938-1942) haría de El Tiempo el motor de modernización del Partido Liberal y del país entero. En contraste, Laureano Gómez (1950-1951) nos recordó el peso de la opinión desde el diario El Siglo, mostrando cómo la prensa puede ser, simultáneamente, un faro de ideología y un instrumento de intensa polarización.
En nuestra historia más reciente, el vínculo se transformó pero no desapareció. Andrés Pastrana supo traducir su reconocimiento como presentador de noticias en una imagen de cercanía y modernidad que lo llevó al poder. Por su parte, Juan Manuel Santos, curtido en las columnas de El Tiempo, utilizó su maestría en el manejo de la opinión y los medios para navegar el complejo proceso de paz con las Farc, un esfuerzo que culminó en el Premio Nobel de Paz.
En síntesis, el periodismo ha dotado a estos presidentes de una sensibilidad única para leer el pulso del país. Mientras unos construyeron puentes, otros profundizaron las grietas ideológicas, obligándonos a reflexionar sobre el enorme poder de los medios como trampolín político. Surge aquí la paradoja que define nuestra historia: el contraste entre los periodistas que llegan al poder y el poder que, una vez alcanzado, persigue a los periodistas. Es doloroso que en Colombia el ejercicio de informar, cuestionar y vigilar sea todavía una actividad de alto riesgo.
Columna de Opinión
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