Leer lo que nos pasa

Columnas de Opinión
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No soy médico, soy abogado. Mi trabajo suele ser leer textos, interpretar normas, hacer diagnósticos y defensas jurídicas. Pero hace poco en mi cita con el galeno entendí que hay otra lectura igual de importante que las leyes: la que hacemos de nuestro propio cuerpo.


Hablar de salud no es solo decir "no me duele nada". En realidad, la salud es algo que vamos armando día a día cuando nos da por mirar qué le pasa al cuerpo, qué señales nos manda y qué hacemos con eso. Los exámenes médicos no deberían asustarnos ni hacernos sentir frágiles. Al revés: son como un mapa para saber dónde estamos parados y evitar baches en el camino antes de que aparezcan.

A veces pensamos que la sangre es solo un líquido, pero dice un montón de cómo estamos por dentro. La hemoglobina y el hematocrito sirven para ver si el oxígeno se está moviendo bien por el cuerpo. Si esos números salen bien, es básicamente el cuerpo diciéndo que tiene la energía necesaria para aguantar el ritmo del día a día sin agotarte a la primera.

Los riñones son de esos órganos que trabajan sin hacer ruido. La creatinina y la microalbuminuria sirven para ver si están filtrando bien los desechos, incluso antes de que uno sienta alguna molestia. A eso se le suma el examen de orina, que avisa si hay alguna infección o algo que no cuadra. Si estos estudios salen normales, el mensaje es simple: tus riñones están haciendo su trabajo y vale la pena seguir cuidándolos con buena hidratación y poca sal.

Con el azúcar (la glicemia), el examen es clave para no llevarnos sorpresas con la diabetes. Si sale un poquito alto, no hay que entrar en pánico; es más bien un toque de atención para bajarle a los dulces, comer mejor y caminar un poco más.

Luego están las grasas: el colesterol y los triglicéridos. El colesterol HDL es el que nos protege las arterias, mientras que los triglicéridos suelen subir cuando comemos de más o nos movemos poco. Ver estos números juntos nos ayuda a decidir qué cambios reales tenemos que hacer en el peso o en el ejercicio.

En los hombres, el PSA es fundamental para seguir de cerca la próstata. No es para asustarse con el cáncer a la primera, sino para ver cambios normales que vienen con la edad y actuar a tiempo si hace falta. Por otro lado, el estado del corazón se ve en el electrocardiograma. Si el trazo es normal, significa que el motor eléctrico del pecho late en orden y sin sobrecargas, aunque vaya a un ritmo tranquilo.

Los exámenes no sirven de mucho si se quedan guardados en un cajón. La salud cambia cuando cambiamos lo que hacemos. El deporte —ya sea caminar, nadar o un poco de pesas— es casi mágico: ayuda a que el azúcar baje, limpia las grasas de la sangre y fortalece el corazón. Muchas veces, mantenerse activo es mucho más efectivo y menos pesado que cualquier medicina.

Hay algo que ningún examen de sangre te va a decir, y es cómo está tu salud mental. Los médicos no te dan un porcentaje de "paz interior", pero el estrés y la ansiedad te disparan la presión y te descontrolan el azúcar igual que una mala dieta.

Estar consumido por los pensamientos todo el tiempo cansa el corazón y altera todo el sistema. Por eso, cuidar la mente es tan importante como cualquier otro tratamiento. En una sociedad donde estar agotado parece lo normal, proteger la calma es un acto de respeto hacia uno mismo. Si la cabeza está bien, el cuerpo siempre responde mejor.

Hacerse chequeos no es por miedo, es por conciencia. Es la oportunidad de leer lo que nos pasa y corregir el rumbo a tiempo. Prevenir no es ser exagerado ni paranoico, es simplemente actuar con inteligencia y respeto por la vida que tenemos por delante.

 
Columna de Opinión e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co