No sé si a estas alturas deberíamos sorprendernos porque la verdad con tantas locuras, se llega a perder la capacidad de asombro. El golpe mortal asestado por el gobierno a Colfuturo desafía toda lógica, y las justificaciones dadas carentes de todo sustento fáctico.
Les molesta que hubiera participación privada, cuando en realidad es una de las asociaciones público-privadas que ha funcionado muy bien. El resentimiento social los lleva a decir que eran créditos para los ricos.
De los 35 años que viví en los Estados Unidos, casi la mitad los viví en un pueblo universitario llamado Davis, una de las sedes de la Universidad de California, y conocida mundialmente por su programa agropecuario. En el tiempo que viví en Davis, conocí muchísimos colombianos que fueron a hacer sus doctorados. Puedo decir con conocimiento de causa que no son hijos de ricos sino clase media. Imagino que esto sucede en todos los países adonde van los estudiantes colombianos.
No es un logro menor, porque además de la excelencia académica para ingresar a los programas de doctorado, se necesita hablar el idioma. Estos profesionales regresan al país o a enseñar o a hacer investigación o ambas cosas. Este valioso recurso humano dedicado a la docencia universitaria o en investigación en el sector público o privado es fundamental para desarrollar el capital humano que el mundo de hoy demanda y que Colombia necesita para mejorar la competitividad del país y desarrollarse económicamente.
Colfuturo debe ser parte de la política industrial del país. Parece ser que cualquier tipo de intermediación del sector privado en manejo de bienes públicos, inmediatamente lo convierten en enemigo de un gobierno estatista que detesta la empresa privada. La verdad es que la intermediación de los privados en la adjudicación y manejo de bienes públicos, sean educación, salud o bancos, entre otros, es necesaria no solo para manejar el riesgo connatural a toda actividad donde se gerencien recursos sino también para que el sistema sea lo más eficiente posible. Los recursos son escasos en todas las economías y por esto es imperativo que se adjudiquen donde agreguen más valor.
La afirmación del presidente de que Colfuturo es crédito para los ricos, es absurda, además porque los hijos de los ricos no estudian en Colombia y por lo tanto adquieren su educación universitaria en el extranjero. Me comentó alguna vez una experta en el tema, que, en las mejores universidades privadas de Colombia, estudian los estratos 4 y 5. Y una universidad como La Javeriana, mi alma mater, hoy es casi que totalmente estrato 3. Los jóvenes de estrato 6 no piden financiación.
Colfuturo no es un sistema elitista y está abierto a todos, independientemente del estrato, os que llenen los requisitos. Ser admitido a un doctorado fuera de Colombia es difícil. Un presidente cuerdo hubiera pensado en cómo fortalecer las universidades para que muchos más jóvenes de los estratos menos favorecidos pudieran acceder a financiación de Colfuturo.
Todo indica que el país bajo el alucinante gerenciamiento de Petro se está quedando sin hacha sin calabaza y sin miel. Primero, mata la gallina de los huevos de oro de los recursos naturales, Ecopetrol, y ahora mata la gallina de los huevos de oro de la formación de capital humano de alto impacto, Colfuturo. Un país así, simplemente no puede progresar: no tenemos que vender, y no tenemos como agregar valor a las materias primas. Negro panorama. Estas medidas no se sienten inmediatamente sino en el largo plazo, cuando ya el culpable de la hecatombe no es tan obvio. El desastroso gobierno Petro ha acelerado en su último cuarto de hora su capacidad destructiva. Pareciera que quiere dejarle al próximo presidente un país ingobernable e inviable, intuyo que sabiendo que ni Cepeda ni Roy serán presidentes, y sabiendo que salir del desastre exigirá medidas tan drásticas y dramáticas, que es inevitable uno o muchos estallidos sociales. Piensa Petro, que así garantiza que la izquierda vuelva al poder en cuatro años. Colombia necesita intervención Divina.
Columna de Opinión
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