No es normal y No estás sola

Columnas de Opinión
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En Colombia vivimos en una sociedad estructurada históricamente sobre bases patriarcales y machistas que, aunque a veces se disfracen de tradición o costumbre, continúan reproduciendo violencia, desigualdad y silenciamiento a las mujeres.


En este contexto, resulta pertinente recordar a Olympe de Gouges, mujer que desafió las normas sociales y políticas de su tiempo. Nacida en 1748 en Montauban, Francia, su vida estuvo marcada por un profundo sentido de justicia. Desde temprana edad fue testigo de las desigualdades que condicionaban el destino de las mujeres, pero lejos de someterse, ese entorno sembró en ella la semilla de la rebeldía.

Rechazó las imposiciones del matrimonio, institución que concebía como una forma de esclavitud femenina. Tras enviudar, decidió abandonar el apellido marital, gesto simbólico pero profundamente político. Al adoptar el nombre de Olympe de Gouges, reclamó para sí el derecho a definirse como ciudadana libre, algo impensable para una mujer de su época.

A través de ensayos políticos comprendió que las palabras podían cuestionar las estructuras de poder. No escribía solo para reflexionar, sino para denunciar, convencida de que el cambio social comienza cuando se nombra la injusticia.

Su acto más audaz ocurrió en 1791, cuando redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Con este texto desafió directamente el carácter excluyente de la Revolución Francesa, que proclamaba derechos universales reservándolos solo a los hombres. Fue entonces cuando afirmó que “la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos”, evidenciando la contradicción de una sociedad que hablaba de igualdad entre los hombres mientras perpetuaba la opresión a las mujeres.

Olympe rompió todos los moldes. No solo enfrentó al patriarcado, sino también a las estructuras políticas que consideraba injustas. Como consecuencia, fue ejecutada en la guillotina en 1793. Su muerte simboliza la intolerancia histórica frente a las voces femeninas que cuestionan el poder. Como expresó antes de morir: “Si la mujer tiene el derecho de subir al patíbulo, debe tener igualmente el derecho de subir a la tribuna.”

Esto permite advertir que, pese al paso del tiempo, muchas mujeres continúan enfrentando barreras legales, culturales y múltiples formas de violencia en Colombia. Cada año, cientos son víctimas de feminicidio y muchas más viven en situaciones de riesgo marcadas por la desigualdad económica, el conflicto armado y la normalización del abuso.

El 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, debería ser menos una conmemoración simbólica y más una oportunidad real para denunciar y exigir acciones concretas. La ausencia de políticas públicas firmes ha obstaculizado la erradicación de esta violencia. En términos jurídicos, lo que no se nombra no existe; por ello, el lenguaje con enfoque de género es una herramienta de visibilización y protección.

En este sentido, es imprescindible que los operadores jurídicos conozcan y apliquen la Ley 1257 de 2008, que reconoce la violencia física, sexual, psicológica, económica y patrimonial, y advierte que la inacción institucional también constituye complicidad.

Es necesario reiterar que la violencia contra la mujer no es normal, no es privada y no es justificable. Nombrarla es el primer paso para combatirla:

No es normal que:

-Le tengas miedo a tu pareja.

-Vivas con un alcohólico o drogadicto violento.

-Te golpeen o te maltraten física o psicológicamente.

-Después de una paliza te obliguen a tener relaciones sexuales. Eso es violación.

-Te amenacen con hacerles daño a tus hijas o hijos para manipularte.

-Controlen tu celular, tus redes o tus contraseñas.

-Te insulten, humillen o destruyan tu autoestima.

-El acoso sexual se manifieste en el espacio público.

Para concluir, la lucha contra la violencia hacia las mujeres no es solo una obligación legal, sino un imperativo ético. Nombrar la violencia, denunciarla y acompañar a quienes la viven es responsabilidad de toda la sociedad. Como enseñó Olympe de Gouges, los derechos no son concesiones: son conquistas. Y mientras una sola mujer viva con miedo, la igualdad seguirá siendo una promesa incumplida.

 
Columna de Opinión e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co