Mientras los villancicos alegran las novenas navideñas, los regalos se amontonan al pie de arbolitos iluminados y vistosamente engalanados. Cada país celebra a su manera las navidades disfrutando de sus costumbres, viandas y bebidas. Mientras en el sur del planeta el calor agobia, el frío abruma al hemisferio norte; el mundo entero se prepara para recibir a Santa Claus, Papá Noel, San Nicolás o Babbo Natale, como quiera que se le llame. La alegría explota cuando, después de la cena de Navidad o de la fiesta de Reyes, se abren los regalos y, oh sorpresa; unos acertados, claro, y otros decepcionantes. En cualquier caso, corresponde agradecer con cara de felicidad por algo que posiblemente no se usará y que terminará reciclado en alguna otra celebración; algunos aguinaldos dormirán el sueño eterno guardados en algún cajón olvidado.
En todo el planeta existe la inefable costumbre de comprar a última hora; caro, malo y lo que haya; ganan las tiendas físicas sobre las compras en línea; “todo lo dejamos para última hora”, solemos decir. Los centros comerciales y las grandes superficies se atiborran con compradores de último momento danzando en caótica coreografía y las mercancías desaparecen de los estantes más rápido de lo que son reemplazadas. Las registradoras timbran sin cesar y los almacenes quedan desocupados para después surtirse nuevamente y reiniciar el ciclo anual con renovados ímpetus.
A pesar de las enormes ventas, los presupuestos familiares para regalos navideños vienen en descenso en el mundo, en parte porque las familias son cada vez más pequeñas y dispersas, y en parte, porque la gente procura proteger las finanzas personales y familiares; cada quién regala de acuerdo con el tamaño de su bolsillo y del afecto. Por ejemplo, algunas investigaciones muestran que este año en Italia (y quizás en todo el mundo) el presupuesto asignado a la Navidad es 20% menor que el del año pasado; los precios de la canasta familiar aumentan y nadie quiere endeudarse para adornar el arbolito y obsequiar aguinaldos. Pero las deudas aparecerán indefectiblemente y no faltará quién, por imprevisión o “exceso de liquidez”, quede enculebrado por algún tiempo.
Terminada la navidad y la fiesta de Reyes (especialmente celebradas en España y México), gracias a esa costumbre entre pagana y cristiana, muchas personas habrán acumulado regalos que no usarán. Una encuesta realizada por Ipsos para eBay reveló un dato curioso; quienes más nos conocen son también los más propensos a cometen errores a la hora de regalar; parejas y amigos son los campeones de los regalos inapropiados. Con cada vez menos discreción, esos obsequios saldrán a la venta; si el año pasado un 15% de los regalos fue ofrecido en plataformas especializadas, este año se calcula que la cifra llegará al 20%. Ese fenómeno, llamado regifting, muestra que las plataformas digitales se utilizan para la compraventa de tales artículos, usados o no; el cambio cultural es evidente, creciente e inevitable. Es también una forma inteligente y responsable de revalorizar aquello que no usaremos: es un enfoque más consciente del consumo; algo de economía circular.
Dicha encuesta también mostró que un 44% de los italianos recibió al menos un regalo no deseado, y pusieron en venta uno de cada cinco obsequios recibidos. Sin embargo, un tercio de ellos considera de mal gusto revenderlos; además, algunos temían ser descubiertos. Incluso, un15% considera que se justifica vender los regalos en plataformas digitales, aunque cada vez más se ponen en venta. Los objetos no deseados suelen ser ropa, calzado y accesorios de vestimenta, artículos para el hogar, libros, joyería, relojes y electrónica. Las personas buscan vender esos objetos porque los tienen repetidos o, simplemente, no les interesan. La reventa es una oportunidad para recuperar algún dinero.
Ahora bien: podríamos diseñar estrategias para acertar con los aguinaldos, morigerar el impacto económico y ambiental, protegiendo nuestras finanzas. Los bonos de regalos, más impersonales quizás, son un método acertado; preguntar por gustos o necesidades, más prosaico, también.
Columna: Coloquios y Apostillas
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