¿Quién y por qué?

Columnas de Opinión
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Si son todos los que están y están todos los que son, es la pregunta que nos hacemos los colombianos ante el casi centenar de precandidatos presidenciales. ¿Falta alguien que pueda cambiar la trayectoria de la carrera y unir a los no-petristas?  ¿Un gallo tapao?


Quién aspire a ser presidente, debe tener la capacidad para poder definir acertadamente los problemas, entender las prioridades y proponer soluciones viables.  

El problema más grave es la seguridad ciudadana; es decir, la necesidad de recuperar el control de todo el territorio nacional.  Soberanía plena es condición necesarísima para que se pueda lograr el bien común.  Sin soberanía plena, el estado es incapaz de garantizar a los ciudadanos hasta los derechos más fundamentales.  Los otros pilares en una democracia liberal dependen de un control territorial efectivo.

Petro entregará una economía en cuidados intensivos, y un estado sin caja para operar.  Otro grave problema es que dejará unas fuerzas militares infiltradas, acéfalas y operativamente incapaces, lo que demandará un proceso de depuración y reingeniería que necesita del apoyo internacional.

De todos los precandidatos presidenciales, solo Pinzón cuenta con experiencia sólida en el frente de la seguridad ciudadana con el valor agregado de tener línea directa con Washington.  Ningún otro candidato tiene ese nivel de acceso. 

Un segundo precandidato viable es de la Espriella por su conocimiento del derecho, que no es otra cosa que ordenar a la sociedad.  Si la prioridad fuera la economía o infraestructura, indudablemente, otros precandidatos serían más idóneos, como, por ejemplo, Peñalosa. 

Intentar deslegitimar a de la Espriella porque ha defendido competentemente clientes de alto perfil es ignorancia; no ha hecho nada diferente a lo que exige la ética profesional.  Para que el debido proceso sea efectivo, es imperativo que el abogado defensor haga su mejor trabajo; gracias a esto, la fiscalía se ve obligada a cumplir con la función legal y constitucional de probar la culpabilidad del acusado más allá de la duda razonable. En otras palabras, una buena defensa garantiza, hasta donde es humanamente posible, que no se condene a inocentes.

Vicky me parece una buena periodista, pero pienso que carece de las competencias requeridas para ser presidente.  Cuando iba en solitario, brillaba en el firmamento, pero cuando aparecieron otras luminarias en el firmamento, su luz se opacó, a punto tal que hoy es la campaña del berrinche y la pataleta.  No ha dejado de hacer periodismo y esto la hace una precandidata divisiva que dificulta la unión que el país necesita.  Prácticamente su punto fuerte y eslogan de campaña es que es honesta.  ¿Y? Los honestos también pueden ser incompetentes. Hoy, Vicky es una vaca muerta atravesada en la carretera; si sigue por este camino, lo impensable podría pasar: hacer equipo con Cepeda.

Fajardo sigue en lo mismo.  Sigue siendo profesor, pero no es la persona adecuada en estos momentos y difícilmente lo será a futuro; Colombia no es Suiza como para permitir que un personaje del perfil de Fajardo pueda gobernarlo eficazmente.  Su estrategia es vociferar a todo pulmón el mito de que es el único que le gana a Cepeda en segunda vuelta.  ¡Que argumento tan absurdo! Primero, no creo en esas encuestas, y segundo, para poder jugar la final, primero hay que clasificar.  La segunda vuelta se resuelve sola y va en piloto automático, ya que es un todos contra (nombre), y por tanto cualquier opción decente tiene las mismas o mayores posibilidades que Fajardo. 

Pienso que lo ideal sería un equipo entre Pinzón y de la Espriella; se complementan, y si se tiene en mente los grandes intereses del país y se dejan de lado los egos y personalismos, la unión de todos alrededor de estos dos nombres es viable.

 
Columna de Opinión e-mail: vivesg@yahoo.com