Charles Dudley Warner alguna vez dijo: politics makes strage bedfellows, lo que traduce algo así como que la política mete en la misma cama a personas que no tienen nada en común diferente a un interés. Las elecciones atípicas para gobernador en el Magdalena es una de esas situaciones en donde el Centro Democrático y el Pacto Histórico se unieron para respaldar la candidatura de Noya; posible gracias a las condiciones personales de Noya, amigo de muchos en Santa Marta.
Aún más atípico, fue el que Caicedo quisiera medir fuerzas con el presidente Petro, sabiendo que saldría vencedor. Conocido el resultado, no demoró el intercambio de insultos y reclamos de parte y parte. No es accidental lo acontecido, ya que la malquerencia entre Caicedo y Petro es conocida. Lo curioso de esta situación, es que, en lo referente al intercambio de insultos y reclamos, ambos tienen razón.
Si alguien esperaba un resultado diferente a que ganara el candidato de Caicedo, se estaba engañando. Por el contexto en el que se produjo todo, y con los tiempos en juego, el movimiento que tenía la logística instalada, iba a ganar, y esa persona era Caicedo, ya que había tenido la gobernación por dos años, y tenía y tiene a su gente enquistada en la burocracia.
Caicedo quiso probar unos puntos, que no sé qué tanto redito le darán al momento de negociar su apoyo a Cepeda. Dejó claro, que es la fuerza de izquierda dominante en el Magdalena y que, sin él, Cepeda no gana. Ahora bien, hubo un abstencionismo cercano al 70%, y Caicedo se dejó contar. Es claro que su poder político está seriamente erosionado y hoy no es lo que era, de hecho, es una fuerza fácilmente derrotable, y donde la lealtad de gran parte de su gente es transaccional. La pregunta del millón es quién necesita más a quién. Que bien pensado es solo una pregunta retórica porque son Fuerza Ciudadana y Pacto Histórico son hermanos siameses que comparten todo menos la cabeza, y que un hermano quiera pegarle un tiro al otro, termina siendo suicidio. Terminarán por la fuerza de las circunstancias en la misma cama. Quien va arriba y quien abajo es lo que queda por definir.
La obsesión de Caicedo por ser presidente, haciendo de él un eterno precandidato, tampoco tiene posibilidades en el ciclo que se avecina, y de hecho, creo que nunca las tendrá. No le cabe el país en la cabeza ni tiene el musculo financiero que exige una candidatura seria a la presidencia ni tiene los aliados. La falta de humildad es la trampa en la que cae mucha gente, si se hubiera conformado con ser cabeza de ratón, y si acaso aspirar a cola de león, no se hubiera defenestrado políticamente haciendo sinvergüencerías. Pero su ego inflado, le decían, le dicen todavía, que tenía que ser cabeza de león. Creyó que sus gestiones en entes públicos en el Magdalena, que no es un departamento importante, le daban los pergaminos para comerse al mundo. Historia que solo se cree él y algunos áulicos, porque la realidad es que en la medida en que pasó el tiempo y se le puso lupa a sus gestiones y a las de su grupo, emergió un panorama desolador en donde la corrupción, el desperdicio de recursos y la incompetencia se volvieron protagonistas. De héroes y salvadores pasaron a villanos; obvio que a sus asociados les conviene decir lo primero, hasta que les hagan una mejor propuesta; y en ese momento y sin sonrojarse, se pondrán la camiseta del color que sea, y dirán y jurarán creer lo que les digan, y hasta no es descartable que hasta se juren traicionados y engañados y hablen peste de Caicedo. Charlie dio en el clavo.
Columna de Opinión
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