Y si el ciudadano de a pie, el de la moto y el de carro hubiese confiado en el poder del voto, hoy tuviéramos un gobernador, con un solo compromiso el bienestar común, el bienestar de todos. Sin deudas, ni empeños. Las cifras son claras, las maquinarias alcanzaron su tope, la gente buena que prefirió quedarse en casa hoy es responsable de nuestra suerte; y sin excusa, porque si había por quién votar, solo se tenía que hacer el trabajo: conocerlo. La semilla está sembrada, si se puede votar en libertad, al menos un 8% de los votantes lo hicieron, al no votar por lo tradicional.
La abstención fue el protagonista silencioso del Magdalena. El pasado 23 de noviembre de 2025; el Magdalena fue escenario de unas elecciones atípicas para la gobernación, un proceso que, lejos de despertar la efervescencia ciudadana, evidenció el profundo distanciamiento entre la ciudadanía y la política. Según el reporte de la Registraduría Nacional del Estado Civil, la abstención superó el 68%, lo que significa que casi siete de cada diez personas habilitadas para votar decidieron no acercarse a las urnas.
La fuerza una constante con rostros conocidos, volvió a tener un papel protagónico con dos candidatos, nombres que reflejan la persistencia y la falta de renovación de liderazgos dentro del movimiento. Si comparamos los resultados de esta elección con los de 2019 y 2023, observamos que mientras en 2019 el movimiento alcanzó 185,000 votos para la gobernación y en 2023 descendió a 162,000, en estas atípicas la cifra apenas rozó los 130,000 apoyos. Esto representa una disminución del 12% respecto a la elección anterior y casi un 30% frente a su mejor registro.
La explicación parece sencilla: el electorado se mantiene fiel, pero no crece. La falta de candidatos nuevos y propuestas innovadoras limita su alcance, y aunque ellos aun estratégicamente divididos conservan un núcleo de respaldo sólido, no logran sumar nuevos votantes. El mensaje es claro: la repetición agota y el electorado exige cambios reales.
El otro gran derrotado de la jornada fueron los jefes políticos, quienes demostraron su incapacidad para inspirar, liderar y movilizar. Ni sus estructuras tradicionales, ni sus promesas, ni su maquinaria lograron revertir la tendencia de la abstención o direccionar los votos, que mostraban en las manifestaciones. Magdalena, tras estos comicios, permanece inalterada en lo esencial, se cambia de imagen, pero los problemas estructurales persisten y el anhelo de renovación se diluye frente a la inercia del sistema
Aja leo, entonces que ¿Faltó fe o sobró resignación?
A quienes no votaron, este llamado es para ustedes. ¿Faltó fe en la posibilidad de cambiar el rumbo, o sobró resignación tras años de promesas incumplidas? La historia reciente demuestra que cada voto cuenta y que, unidos, quienes hoy prefirieron el silencio pudieron haber hecho una diferencia significativa. El futuro del Territorio no puede seguir en manos de la apatía ni de liderazgos que no renuevan el pacto social.
Es momento de recuperar la esperanza, de creer nuevamente en la capacidad de transformar la realidad desde lo colectivo. Mas allá del Magdalena, Colombia necesita de una ciudadanía activa, consciente y participativa, capaz de construir nuevos liderazgos y exigir propuestas a la altura de sus sueños y necesidades. La próxima vez, no dejes que el silencio decida por ti. Votar es un acto de fe, sí, pero también de responsabilidad y dignidad, además es un derecho. El cambio está en tus manos.
El rescate de Colombia comenzó por el departamento del Magdalena, demostrando que, si salimos a votar con libertad y a conciencia, ganamos, la maquinaria tiene su tope. Y como la propaganda hay cosas que no tiene precio, entre ellas Tu voto.
Columna de Opinión
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