La noticia conmovió lo más profundo de mi ser. Tenía doce años y era compañera de clases de mi hija. Quizás la curiosidad y la presión social, la llevaron a probar la droga, y bastó esa única vez para que muriera sin que nadie pudiera evitarlo. Sucedió en u na escuela normal en California. Hubiera podido ser mi hija.
Y esta historia se repite por todos los Estados Unidos en muchos contextos sociales. San Francisco, una de las ciudades más hermosas que conozco, convertida en un peligroso basurero humano donde vidas destrozadas por la droga caminan como zombies por las calles. Los Ángeles, historia similar, y así muchas otras ciudades.
El consumo de drogas ha incrementado exponencialmente las muertes en accidentes automovilísticos, y ni que decir, que casi que no hay masacres donde no esté presente de alguna manera la droga. Una crisis de salud mental que no necesita de mucho, para hacer de estos drogadictos asesinos.
A otro nivel, Hunter Biden, hijo de Joe Biden, drogadicto, delincuente y vergüenza para cualquiera. Y aunque las comparaciones son odiosas, ninguno de los Trump tiene problemas con el alcohol o las drogas. Trump siempre les dijo: no alcohol y no drogas. Claramente estos dos estilos de crianza hicieron la diferencia.
Por todo lo anterior, pero sobre todo por la memoria de la compañera de mi hija, apoyo que Trump haya declarado a los carteles de droga como terroristas, porque lo son, y apoyo acciones decisivas para controlar el trafico de estupefacientes, bien sea bombardeando lanchas o interviniendo en países que envenenan y asesinan estadounidenses. No quieren lanchas bombardeadas y muertos, entonces no trafiquen. ¿No quieren que Trump intervenga en Colombia o Venezuela?, no trafiquen. Hoy la droga es una amenaza existencial para los Estados Unidos y afecta los intereses más vitales de los estadounidenses, y es deber de Trump defender a los estadounidenses utilizando todas las herramientas a su disposición.
El líder del narcotráfico que unge de presidente de Colombia, hace distinciones que son irrelevantes. No hay obreros del narcotráfico. Lo que hay que recordar aquí, es que, desde los tiempos de Fidel Castro en Cuba, la izquierda ha creído que facilitar y enriquecerse a la vez, por medio del negocio de las drogas ilícitas, es la mejor forma de luchar contra el “imperialismo” estadounidense. La idea es que las drogas son el caballo de troya para destruir a los Estados Unidos desde adentro destruyendo a su población y creando caos y vulnerabilidad social. Obviamente, son actividades clandestinas y que no aceptarán suceden. Castro prestó a Cuba en sus días, así como hoy lo hacen Maduro y Petro. Hacen de todo para esconder sus intenciones y apoyo al narcotráfico. Solo que los Estados Unidos no son mancos. Y a diferencia de los ineptos progresistas gobiernos estadounidenses, Trump toma el toro por los cuernos. Es una excelente noticia para el mundo, que Trump quiera nuevamente usar el poderío militar y económico de los Estados Unidos para solucionar problemas geopolíticos globales y defender los intereses estadounidenses sin pedir excusas y sin miedo. Le hacia falta al mundo un liderazgo fuerte.
Petro, Maduro y similares, convenientemente, hacen eco a las pataletas y críticas del partido demócrata o de uno que otro libertario desquiciado que aparece en los medios progresistas, pero la verdad es que estos individuos odian a Trump y se opondrán a capa y espada a cualquier cosa que provenga de él. No resisten que Trump tenga razón en casi todo.
Trump advirtió a Petro después de la descertificación, de que intervendría en Colombia si Petro no solucionaba el problema. Yo apoyo esa eventual intervención.