A la mesa

Columnas de Opinión
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Más que la simple ingestión de alimentos para saciar el hambre, el acto de comer llena de nutrientes al cuerpo y de emociones al espíritu, muchas veces de recuerdos, saciando con frecuencia la curiosidad y la creatividad. Sentarse a la mesa constituye el momento de compartir en familia y reforzar lazos afectivos, es ritual dominical, el momento de los negocios, o una ocasión romántica y mucho más; es la interacción fundamental entre las personas alrededor de la comida, especialmente en el momento de las celebraciones.

Cualquier comida compartida invita a una buena conversación, a disfrutar sabores, relajarse de agobiantes tensiones laborales o sociales, fomentando el bienestar físico y emocional; es la ocasión de romper barreras culturales, gozar de nuevas experiencias y crear conexiones importantes. A través de la comida nos sumergimos en otras culturas: revivimos recuerdos y conocemos platos que nos trasladan a otras civilizaciones, que después influirán en nuestras preferencias alimentarias. Es también una manera de homenajear las manos que preparan los alimentos, al agricultor que cuidó a sus plantas y al ganadero que sacrificó a sus animales, al distribuidor que nos permitió adquirir los víveres y, en general, a todas las personas que participaron en un plato, sea humilde o elegante, sencillo o elaborado, elemental o elaborado. Y cuán importante es hacer de nuestra comida regional una bandera; al final, nuestra memoria siempre nos jalará hacia los recuerdos más lejanos, a aquellas preparaciones con los que nos criamos y seguimos disfrutando, con el sello de la abuela o el amor de una madre, reforzando así nuestra identidad.

Hay comidas memorables: la última Cena, por ejemplo; un pequeño momento que cambió la historia para siempre, cuyos alcances aún perduran. El rey asirio Asurnasirpal II era conocido por su brutalidad, por la fundación de la ciudad de Kalhu (hoy Nimrud) y por un fastuoso banquete, el más grande de la antigüedad con casi 70.000 personas, según los relatos históricos. Julio César organizó un banquete para 30.000 asistentes que duró 10 días, estableciendo esos agasajos como herramienta política y propaganda para el poder. De hecho, actualmente todo acontecimiento oficial y social se proclama con una comida. Otro hito lo marcó el banquete nupcial de Enrique IV de Francia con María de Medici: los refinamientos italianos llegaron a los toscos franceses de entonces. Trescientos invitados disfrutaron de cincuenta elegantes platos, incluyendo sorpresas como pájaros que salían volando al desplegar las servilletas de finas telas. François Vatel, ese histórico maître francés muy dado al excesivo boato, organizó un banquete de parte del príncipe de Condé para Luis XIV, el célebre Rey Sol, todo un pomposo gaudeamus con diversos espectáculos y artistas, amén de un banquete sofisticado; supo que el pescado encargado para los invitados no llegaba, se fue a buscarlo y solo obtuvo una insuficiente carreta. Se suicidó; el resto del pescado llegó poco después… 

Las comidas también han dado para películas; precisamente, el filme Vatel protagonizado por Gerard Depardieu y Uma Thurman cuenta esa dramática historia. Como agua para el chocolate, basada en la novela de Laura Esquivel, narra la historia de Tita, confinada a la cocina desde su nacimiento; doce recetas para doce momentos. Ratatouille, una de las grandes obras de Pixar, relata la ambición de Remy, una rata que aspira a convertirse en un gran chef francés. La película tailandesa Hambre relata la historia de una joven cocinera que labora en el restaurante callejero de su familia; gracias a sus habilidades, la vida la lleva a trabajar en un restaurante de altísima categoría; es una crítica al lado oscuro de la gastronomía, una mirada distinta acerca del aspecto sociocultural alrededor de la comida; muy recomendada, por cierto… Muchas otras películas llenan las pantallas: En la Toscana, La cocinera de Castamar, Makanai la cocinera de las maiko, Nonnas, Bon apetit, majestad, etc. Numerosos los filmes tratan estos temas, amén de los distintos seriados y afamados concursos que diariamente atrapan a millones de televidentes.

Columna: Coloquios y Apostillas e-mail: hernando_pacific@hotmail.com