Solastalgia

Columnas de Opinión
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Cuando rememoro mis vivencias imborrables, recuerdo casas de antejardines floridos, patios y traspatios cubiertos de árboles frutales, calles pletóricas de árboles frondosos mantenidos por un espontáneo respeto a la naturaleza. Ahora, el voraz cemento sepultó ese hábitat y sus memorias incrustada; la arquitectura tradicional y el viejo urbanismo fueron arrasados por avenidas, y los pájaros canores que alegraban las madrugadas fueron erradicados por ese modernismo de anodinas cajas de cemento y cristal. Ya los árboles, sustituidos por postes inertes, no dan sombra y las ciudades se calientan inexorablemente de manera casi irreversible, acentuado por la voracidad humana y el codicioso negacionismo del cambio climático y sus efectos. Y qué decir de los daños a las zonas rurales, los cuerpos de agua dulce y la abrumadora contaminación marina, amén de los incendios forestales, muchas veces provocados.


Esa melancólica sensación que navega entre la impotencia y el sufrimiento es difícil de ignorar en estos tiempos de indiferencia, ignorancia, pragmatismo y utilitarismo. El nombre que describe ese sentimiento se llama solastalgia, una palabra acuñada en 2003 por el psicólogo ambiental Glenn Albretch, término que combina las palabras solacium (consuelo) y álgos (dolor), y hace referencia al dolor psicológico causado por el deterioro del entorno cercano, ya sea por catástrofes naturales, el cambio climático o por la acción humana. No es nostalgia por la evocación de un hermoso pasado, sino el dolor por el presente destruido. Y no se trata estar lejos de nuestro entrno; es el sentimiento de impotencia por la pérdida de identidad, la desaparición de los recuerdos y la obligada resignación.

Esta idea le surgió al australiano Albretch después de ver a Nueva Gales del Sur destrozada por las minas a cielo abierto y el destrozo del paisaje tras las consecuentes sequías. Y es el mismo sentimiento que aparece frente al socavón del Cerrejón, el Rodadero del que no queda sino el nombre, la criminal deforestación de nuestras selvas, la ocupación de ciénagas y lagunas, la destructiva minería ilegal, los ríos secos, las bahías contaminadas, los aluviones de basuras, la contaminante lluvia ácida o el irrespirable aire urbano. El turismo masivo es causa fundamental de ello, tal como lo menciona Irma Ferfer, abogada urbanística de las Islas Canarias; muestra como su entorno en Lanzarote se fue deteriorando al punto de transformarse completamente. Cuando permaneces en el lugar viviendo el deterioro, surge la solastalgia. Y si vives lejos, no te apetece regresar, dice.

Naturalmente, las ciudades y pueblos crecen y se transforman, no siempre para bien. Cuando crecen desordenadamente, especialmente empujadas por el turismo, el caos se apodera de ellas. Aparecen inseguridad, basuras y caos vehicular; la transformación urbana borra la memoria histórica y el paisaje se afecta; los servicios públicos empiezan a fallar y la biodiversidad local se ve seriamente afectada. El encierro por la pandemia fue evidente; mientras no hubo viajeros, las ciudades se descontaminaron, el cielo se despejó, los peces volvieron a playas y ríos, los cuerpos de agua dulce respiraron cuando no recibieron más basura. ¿Significa que estoy en contra del turismo? No. Simplemente deseamos un turismo racional, y respetuoso, así como ciudades de crecimiento y desarrollo armónico. Es increíble que se irrespeten los límites de playa, se sobrecarguen de edificaciones y personas, y haya expansión a lugares prohibidos frente a la indolencia de las respectivas autoridades. El deterioro de los ecosistemas afecta el suministro de agua, agota las tierras fértiles y, con el tiempo, transforma a los idílicos sitios turísticos en horrendos lugares para terminar en verdaderos despojos urbanísticos con todos los problemas que para sus habitantes representa.

Hay un aspecto oscuro; si bien la solastalgia no representa en sí misma un trastorno psicológico, puede hacer mella en personas con su salud mental afectada; si agregamos la desaparición de personas cercanas, el problema puede alcanzar dimensiones complicadas. La revista BMJ Mental Health vincula la solastalgia con depresión, ansiedad, estrés postraumático y somatización. ¿Qué sentirán, por ejemplo, los gazatíes en este momento?

 
Columna: Coloquios y Apostillas e-mail: hernando_pacific@hotmail.com