Ciudades subterráneas modernas

Columnas de Opinión
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Montreal es la ciudad subterránea moderna más grande del mundo. Se calculan cuatro millones de metros cuadrados activos debajo de su superficie, que salvan cuando las drásticas temperaturas exteriores descienden a niveles insoportables durante el crudo invierno y cuando el calor se hace infernal en el verano. Esa ciudad profunda fue concebida en los años 50 por el alcalde Jean Drapeau, comenzando su construcción pocos años después; el metro subterráneo aceleró su desarrollo. La red de túneles y pasadizos alcanza unos 33 kilómetros, albergando locales y centros comerciales, consultorios, oficinas, restaurantes, teatros, galerías de arte, acceso a museos y universidades, dos estaciones del metro que conectan con varias líneas, en fin, una maravillosa ciudad moderna con una temperatura agradable todo el tiempo. Las ciudades evolucionan.

Hace un siglo, Coober Pedy, un pueblo minero de Australia, terminó convertido en una ciudad subterránea; el calor desértico puede alcanzar temperaturas superiores a los 45°C que descienden bruscamente en las noches, haciendo la vida muy difícil. La capital mundial del ópalo construyó sus viviendas bajo tierra, conocidas como dugouts (lugar hundido, el mismo vocablo del beisbol), que se mantienen frescas en el verano y cálidas en el invierno. Allá, el subsuelo resulta mucho más agradable que la superficie.

La humanidad busca solucionar problemas urbanísticos respetando líneas éticas como la preservación de monumentos o edificios históricos, favoreciendo también la vida de los ciudadanos. Los conflictos bélicos desde el siglo pasado, cuando la aviación se convirtió en un arma altamente destructiva, obligaron a los refugios soterrados; Londres utilizó la red del metro para protegerse de la Luftwaffe. Unos años después, por cuenta de la Guerra Fría, fue construido en secreto Barnton Quarry, refugio antinuclear para la familia real y 400 políticos británicos en caso de un ataque atómico. Guernica es el símbolo de la tragedia impulsada por los nazis durante la Guerra Civil Española, pero la historia se olvidó de Almería. Otros de los cobardes bombardeos obligaron a la construcción de ingeniosos refugios convertidos después en precarias ciudades, minimizando el impacto de las bombas. Claramente, no había llegado la era nuclear; la crueldad quedó grabada en sus paredes.

En Pensilvania, EUA, está el complejo militar Site R, un refugio antinuclear llamado Raven Rock, que nunca se llegó a utilizar; es conocido como el Pentágono subterráneo. Fue construido después de que la URSS detonara su primera bomba atómica; viven allí unas 5.000 personas. En los Estados Unidos hay muchos refugios antinucleares en lugares secretos, construidos para proteger al alto gobierno en caso de ataques nucleares; Subtrópolis, en Kansas City, es un enorme complejo de negocios, y Permafrost, Alaska, es un gran laboratorio que busca entender los riesgos del calentamiento global; todas ellas son autosuficientes. El negocio del miedo tocó a Rusia, España, China y Suiza, entre otros países, con búnkeres modernos. 

 En Seattle había zonas de la ciudad que estaban por debajo del nivel del mar; para evitar las inundaciones en la antigua ciudad, elevaron parte de la ciudad nueva, quedando la primera por debajo de esta; hoy está abierta para visitas turísticas. La historia y el misterio se encuentran en Nueva York; 6000 millas de asfalto y concreto con más 500 millas de líneas del metro albergan estaciones eléctricas, tuberías de acueducto y alcantarillado, telefonía, entre otras cosas; no se sabe exactamente qué hay por debajo de la Gran Manzana, pues la información está dispersa. Hay algunas curiosidades: un barco de 1773 encontrado en el subsuelo, los túneles de Chinatown construidos por la mafia china, los de Little Italy o una red debajo de una sinagoga en Brooklyn. En Edimburgo, los túneles cuentan historias sombrías desde varios siglos atrás; había viviendas, establos y otras facilidades. Helsinki desarrolla una completa ciudad subterránea.

¿Cómo serán las ciudades del futuro? ¿Subterráneas como lo propone México con su pirámide invertida debajo del Zócalo, o verticales autosuficientes, como lo plantean China y Arabia Saudita? Lo cierto es la caótica superficie llegó al límite.

Columna: Coloquios y Apostillas e-mail: hernando_pacific@hotmail.com