Todo abuso de poder, claro es, estalla la confianza de los ciudadanos en sus gobernantes e instituciones, generando una cultura de ausencia de un real como verdadero Estado de Derecho, además de extender, cual manto que todo lo arropa, la grave percepción que la ley no es justa ni se aplica a todos por igual, por lo que deben tomarse las medidas de rigor que pertinentes sean para que ello no más suceda, entre lo que cabe el combate a fondo de la corrupción, ir más allá y para todos los efectos de la simple discusión política, que es sin duda, entre otras muchas, la más diáfana muestra de la ilegalidad cuando se convierte en impunidad, de lo que tenemos emblemáticos ejemplos.
De otra parte, vemos como se viene manipulando feamente la democracia, como se resuelve ilegalmente contra la ciudadanía y el cómo se legaliza lo ilegal, lo que nos explota en la cara con la sucesión de una gran cantidad de escándalos de integrantes del gobierno que gastan a montones pantagruélicas comilonas en restaurantes de alto costo, vacaciones casi que extraterrestres, uso de hoteles exclusivos, vehículos y casas de lujo que no podrían pagar con sus ingresos como servidores públicos, quienes resultan ser los mismos que ayer criticaban acremente a los gobiernos anteriores y se consideran adalides de la austeridad de la cosa pública y los grandes luchadores contra la corrupción.
Es comportamiento que dolosamente vemos también en cantidad de muchos otros políticos dentro del gobierno como institución, gastos excesivos que suman compromisos que a la postre ocasionan la quiebra de empresas y la pérdida de miles de empleos sin que nadie enfrente consecuencias. Contratos hechos por adjudicación directa, obras en las que se contraviene abiertamente toda práctica de transparencia y ocultamiento de información que debe ser transparente y pública en una República.
Nos toca frente a todo lo cual, como ciudadanos de bien, desprovistos de toda complicidad, tomar conciencia, anteponer a esta clase de actuaciones valor civil , entereza, arrojo y sentido de pertenencia, ya que de no hacerlo seguiremos contribuyendo a ocasionar un mayor debilitamiento de la justa cohesión social, por lo que toca buscar las oportunidades que mejores sean para impulsar la revisión de estos tipos de desmanes que abusan contra la ciudadanía y comunidad en su conjunto.