Del fusil a la pancarta

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Smaller Small Medium Big Bigger

Colombia no necesita un presidente que ande jugando a actor de Hollywood ni a reina de comparsa en plazas extranjeras. Mucho menos en conflictos que no son nuestros. La tragedia palestina podrá ser desgarradora, pero lo cierto es que Gustavo Petro gobierna un país donde la palabra genocidio se hizo costumbre, donde las lágrimas se derraman a diario y donde él mismo, como guerrillero del M-19, puso su grano de pólvora para que viviéramos más muertes que las que hoy exhibe Gaza en sus titulares.

¿De qué solidaridad habla un hombre que conoce bien la lógica del terror? Que no se nos olvide, Petro perteneció a un grupo que secuestró, que extorsionó, que desplazó a familias enteras de sus tierras, que sembró el miedo con bombas y ráfagas. Ese mismo grupo que tomó el Palacio de Justicia a sangre y fuego, dejando un río de muertos inocentes. Y hoy, con la frescura de un turista político, se atreve a levantar pancartas en Nueva York como si fuera un líder moral contra la violencia.

Que quede claro, esas marchas no son pro Palestina, porque defender a Gaza hoy es, en la práctica, hacerle eco a Hamas, un grupo terrorista que gobierna esa franja con la misma brutalidad con la que las guerrillas marcaron nuestra historia. Y claro, cómo no iba a sentirse cómodo Petro en esa narrativa, los terroristas se entienden entre ellos. Al defender a Hamas, él está en su yere. Si no, que le explique a mi compadre Hsuan Wei Ho, y a 24 millones de taiwaneses por qué no critica con la misma vehemencia que China no reconoce a Taiwán como país, ni Colombia tampoco.

Si de verdad quisiera protestar contra genocidios, estaría denunciando los de hoy, los que se cuentan por decenas de miles, el de Tigray en Etiopía, con más de 600.000 muertos, el de los rohinyás en Myanmar, con aldeas enteras arrasadas, la carnicería interminable en Darfur, los millones de desplazados en Sudán del Sur, las masacres en el Congo, donde los cadáveres se acumulan en silencio. Pero no, es más fácil posar en Manhattan, robar cámara y ganar titulares con Roger Waters al lado.

Petro, deja la sinvergüenzura y trata la seriedad. Deja de disfrazarte de defensor de derechos humanos en tierras ajenas. Ven a mirar de frente a las viudas de los secuestros, a los campesinos que aún esperan justicia por sus desplazamientos, a los que pagaron vacunas con la vida. Atiende el desastre que tú mismo montaste aquí, porque el país que gobiernas sigue viviendo bajo el mismo terror que tú alguna vez ayudaste a expandir.

Colombia no necesita un presidente turista del dolor ajeno. Colombia necesita un mandatario que gobierne, no un guerrillero disfrazado de redentor global.

Como cantó Rubén Blades,

“Se ven las caras, pero nunca el corazón.”

Y ya su corazón lo conocemos con sus acciones.

Columna: Blosgs e-mail: Antonio.bozzi@gmail.com