El país necesita con urgencia suma, entre otras muchas necesidades que real y verdaderamente lo aquejan, combatir en todas sus formas y variables, corrupción, inseguridad, crimen organizado y violencia, más que cualesquiera otras peregrinas reformas hechas al gusto de la alianza política en el poder y diseñadas desde el Ejecutivo como sucediendo ha sido y aconteciendo está. Los anuncios de reformas han disparado las alarmas en algunos miembros de las facciones políticas aliadas o afectas al gobierno, la sociedad civil, oposición y medios de difusión, que ven con grande y honda profunda preocupación que tales asomos en algunos casos y otras realidades ya en camino sean distracciones en el mejor de los casos o más allá, una amenaza cierta para quedarse en el poder.
No necesita el país reformas innecesarias al gusto de quienes hoy detentan el poder, que de no avanzar será lo cual caballo de batalla para trasladar su ineficacia al establecimiento, culpando por no dejarlas instaurar, lo mismo que para ganar terreno, seguir engañando incautos para aumentar sus curules en el Congreso de la República y continuar en la Casa de Nariño, ya que así, óigase bien, no se construye ni se construirá democracia. Concierne atender lo fundamental, enfrentar de manera contundente y cierta las crisis que padecemos, de suyo profundas en su historia actual; a la par de lo cual, tenemos un gobierno que se muestra interesado en insistir más en sus reformas, que en plantar cara en los territorios donde el crimen de distinto origen y propósito impone su ley, lo que deja entrever que no hay nada casual en ello, sino causalidad, toda vez que cada que asoma un problema serio que los afecte o involucre, como sucede en varios territorios donde hay evidencia de los vínculos de personajes de la alianza de gobierno con dichos grupos, la respuesta oficial se limita a mover la agenda y cambiar de temas, lo que no es cosa distinta que estrategia de poder.
Son las distintas propuestas gubernamentales distractoras que atentan claramente contra el equilibrio democrático que tanto ha costado construir, ya que en ese devenir se han venido sumando espacios no como privilegio, sino como garantía para que todas las voces tengan presencia con voz y voto en el Congreso de la República. Tengamos en cuenta que una democracia auténtica no se mide sólo por las mayorías que se tengan, sino por su capacidad de escuchar y respetar la diversidad política del país y es lo que no se está queriendo hacer.
Cree el país creemos que cualquier reforma debe construirse desde las demandas legítimas de la ciudadanía, no desde la comodidad del poder ni sus intereses del día a día, ya que ello impide el avance democrático. No se trata de que se favorezcan partidos, sino para defender el derecho de la ciudadanía de vivir en un país donde las reglas sean justas para todos y no se acomoden según quien esté en el poder. Se impone fortalecernos como sociedad. No tiene sentido abrir supuestos espacios, cuando no están definidas las vías mejores desde el Ejecutivo Central, que olvida que el verdadero diálogo sobreviene cuando todas las voces cuentan y nunca cuando se usan como tramoya. No puede el país darse el lujo de retroceder con cualesquiera reformas, que no son cosa diferente a jugarle a la concentración del poder sin contar con la ciudadanía y comunidad.
Importa sí que todos a una respaldemos como corresponde, verdaderamente comprometidos con todo aquello que realmente contribuya al bien del país, nunca blindar privilegios ni patrocinar derroches, sino de proteger principios. Es comprender que la democracia no puede seguir manoseándose para lo malo y peor.