Jugando con candela

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Smaller Small Medium Big Bigger

Colombia atraviesa un momento complicado que amenaza la estabilidad del país y que podría degenerar en violencia general extendida.  En contextos socio-políticos complejos, actos aparentemente menores pueden ser el detonante que inicie una reacción en cadena.  Recordemos el Florero de Llorente o la guillotinada de Robespierre.

El ex presidente Gaviria declaró que las arbitrariedades de Petro pueden llevar a que se le desconozca como presidente de la República.  Petro respondió diciendo que Gaviria llamaba a la sedición contra el gobierno.  La piromanía de Petro es conocida, lo que no había sucedido es que otra figura nacional de peso se subiera al ring, y es de esperar que se sumen voces. 

Es necesario citar las fuentes de poder, que no son otra que la Constitución Política y las leyes.  Los empleados públicos, incluyendo al presidente, solo pueden hacer aquello que expresamente autoriza la ley.  Cuando se actúa por fuera de la ley, como bien lo dijo Gaviria, se puede desconocer la autoridad del presidente.  Dependiendo de la gravedad de la situación, este desconocimiento podría hacerse por vías de hecho mientras se formaliza legalmente.  Petro no puede hacer lo que le dé la gana ni actuar por fuera o contra la ley.  Mucho menos puede desconocer a las otras ramas del poder público, con las cuales está obligado por mandato constitucional a trabajar “armónicamente”.

El presidente cuando es juramentado como tal promete cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, y esto claramente no ha sucedido en este gobierno.  Por parte de Petro hay un intento permanente de imponer una agenda ideológica que viola la ley, y por esto le incomodan los controles de quienes deben ejercerlo por ley.  Socava y ataca sin cuartel al congreso y a las cortes, y esto por sí solo da para remoción del cargo. Esto sin contar los delitos cometidos por su gobierno, que han mostrado un nivel de corrupción e ineptitud inédito en la historia de Colombia.  Están saqueando y quebrando al país.

Petro intenta amedrentar a quienes lo retan o no están de acuerdo con él, con un discurso incendiario y llamando a la protesta social e invocando al “pueblo”.  Además, dice a boca llena que es el comandante supremo de las fuerzas armadas y que ordena que no se haga nada contra las hordas de vándalos que quieren quemar al país.  ¿Con base en qué autoridad?

Petro no tiene idea de lo que dice cuando habla de “pueblo”.  Realmente de lo que habla, y con lo que amenaza, es con una masa de colectivos, cooptados con recursos del erario público.  Hay una diferencia enorme entre pueblo y masa.  El pueblo tiene características que lo identifican: sentido de pertenencia derivado de sus raíces culturales y valores compartidos.  El pueblo, a diferencia de las masas, es pensante y actúa armoniosamente para construir y en aras de lograr el bien común dentro del respeto al orden constitucional.  Las masas actúan por órdenes de colectivos, con base ideológica, generalmente ignorantes de por qué y para qué se movilizan, y su objetivo no es el bien común sino el de sus colectivos y dirigentes o persiguen una recompensa inmediata (profesionales en protesta).  Petro cuando habla de pueblos, realmente está hablando es de masas.  El pueblo es la base de la nación y con él se construye democracia, con las masas no.

Por otro lado, debería saber el señor Petro, que las fuerzas armadas tienen también un mandato constitucional y legal y que él no tiene la autoridad para ordenarles lo contrario.  Él es jefe supremo de mentiritas, y su poder es bastante limitado.  Las fuerzas armadas son de la Nación y están para protegerla; no son del presidente.  Si las masas actúan contrario a los intereses de la Nación, las fuerzas armadas deben actuar en consecuencia conforme a su función constitucional, incluso desconociendo la autoridad del presidente.

Columna de Opinión e-mail: vivesg@yahoo.com