Con especial complacencia he leído la noticia que hace referencia con el Mayor General Jaime Hernández López hijo de nuestro exgobernador el General Rafael Hernández Pardo a quién siempre recordamos en esta casa periodística. El departamento del Magdalena igualmente le ha reconocido su obra como mandatario seccional.
Quizás con mi padre José B. Vives De Andreis, fueron los gobernadores a los cuales los magdalenenses rinden tributo de gratitud y respeto, dado que con suma responsabilidad se compenetraron ambos con sus habitantes, materializando y ejecutando importantes realizaciones en pro de todos sus pobladores.
La carrera militar es, ante todo vocacional, semejante al sacerdocio respecto de su religión, en este caso se trata de la entrega a su Patria. Quién entra a una institución militar y no tiene esa disposición, jamás brillará, ni se sentirá cómodo, puesto que el ejercicio castrense implica abnegación, disciplina, espíritu de cuerpo y de servicio.
De otro lado se requiere dentro de su formación dedicación al estudio en forma permanente, pues durante toda la vida de cuartel para cada ascenso es requisito sine qua non aprobar unos estudios programados en cada grado.
La formación de un oficial tiene que ser académicamente muy completa y en cada curso que egresa de nuestra escuela militar en su mayoría numerosos, al generalato, llegan muy pocos. Incluso ha habido muchas promociones que no han tenido un solo General.
La exigencia académica en las aulas militares da lugar a que en el camino se vayan quedando muchos aspirantes a los grados subalternos, superiores y de generales. De otra parte, están continuamente adelantando cursos en el exterior que los capacitan para los cargos de comando.
Los coroneles Mario Bahamón y Ricardo Torres relataron un episodio del cual fueron testimonio directo, habida cuenta de que él en ese entonces coronel Hernández López subdirector de la Escuela Militar José María Córdoba, los llamó a su despacho para comentarles que había regresado del comando del ejército con nostalgia.
Se trataba de su determinación de haber puesto su baja de la institución ante el comando del ejército, porque él, por el cargo que tenía no le iba a rendir honores a un jefe de Estado como Fidel Castro que tanto daño le estaba produciendo a Colombia, entrenando las guerrillas del M19, de las Farc y del ELN. A esa alma mater castrense le corresponde esa responsabilidad.
Finalmente, no le aceptaron su retiro y el presidente de la época Alfonso López Michelsen no le ratificó al dictador Castro la invitación a visitar nuestra República. Ese era el pundonor, la gallardía y la entereza de carácter de nuestros oficiales superiores y generales que tuvieron en su momento las principales posiciones de mando.
Hoy observamos que nuestro jefe de estado ha golpeado a las fuerzas militares, dando de baja a 30 oficiales del grado de general los más experimentados y antiguos generales de nuestro ejército. No obstante, confió en que aquellos que aún están en servicio activo reúnan las condiciones de hombría de bien, altiva personalidad y verdadero compromiso con su patria que les enseñaron sus antecesores.
El país atraviesa una situación crítica en todos los aspectos y como demócrata apoyo a nuestras instituciones entre otras las fuerzas militares que son garantes nada más y nada menos que de nuestra carta magna.
Nuestra democracia está en peligro con la dictadura que nos gobierna. Nuestra sociedad civil, nuestros empresarios, nuestro campesinado, negros, indígenas y blancos es decir Colombia entera no puede permitir que se viole nuestra constitución, en aras de perpetuarse en el Poder nuestro primer mandatario.
Que buen ejemplo de profesionalismo, alto sentimiento patriótico y sentido profundo del honor militar nos brindó con esa noble decisión el señor general Hernández López.
El honor militar
Columna de Opinión
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