Entre cielo y tierra no hay nada oculto

Columnas de Opinión
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La primera carta de Leyva no sorprendió a nadie, y fue más bien la constatación de lo que todo el país ya sabía, de un hecho notorio.  La segunda carta simplemente dejó al descubierto la dimensión del problema humano y del gravísimo problema para el país.  La drogadicción de Petro ha dejado el país a la deriva, sin rumbo, y en medio de la tormenta creada por sus delirios, que no son pocos; insiste en que hacerle huecos por todos lados al barco es la forma de llegar a buen puerto y salvar a todo el mundo. Con un capitán así, el hundimiento de la nave y la muerte de sus pasajeros están asegurados. Queda claro que Gustavo Petro, presidente de Colombia, no está capacitado para gobernar por su manifiesta incapacidad mental.  Lo responsable con el país, es removerlo del cargo lo más pronto posible, haciendo uso de los mecanismos legales diseñados para tal propósito.  Esto no da más espera.

Dirá Petro que sacarlo de la presidencia es un golpe de Estado y llamará a levantamientos populares, y sabe Dios que cosas más se le ocurran en medio de su enfermedad.  Un loquito acorralado es peligroso, y hay que tener cuidado en como se maneja la situación.  De la misma manera que uno no dejaría que el hijo drogadicto acabe con la empresa familiar construida por generaciones, y va ante un juez e inicia un proceso de interdicción de derechos, lo mismo hay que hacer con Petro.  Es predecible que el hijo drogadicto se enfurezca cuando le quiten el control de la compañía y le quiten las tarjetas de crédito.  Es perverso afirmar que se quiere joder a Petro; como seres humanos nos duele la tragedia de Petro y su familia, pero como ciudadanos lo importante es proteger los intereses del país.  Los delirios de Petro en ningún caso pueden estar por encima de los intereses del país. 

Me parece que el señor Leyva hizo enormes esfuerzos en justificar la percibida traición y deslealtad.  Solo le faltó citar las leyes del Inframundo.  Algo le pica en la conciencia desde que le quemó tanta tinta.  Pienso que no había necesidad de tanto y entre más explicaciones daba, más sospechoso se tornaba el asunto.  La lealtad es con el país y punto, y aunque se agradece la confianza del nombramiento, el cargo viene con deberes que son institucionales y no personales.  No cumplir con el deber de hacer bien el trabajo e incumplir con los deberes del cargo, es delito.  Dicho sea de paso, esto aplica también a todos aquellos que dentro del ejecutivo y desde el legislativo, le están cubriendo la espalda a Petro en desmedro del país.

¿Van a permitir que un desquiciado incendie al país? ¿Van a permitir que una persona enferma carente de sentido de la realidad intente liderar una revolución? Sería caso único en la historia del mundo.  Revolucionarios los ha habido de todos los pelambres y condiciones humanas, pero ninguno ha sido loco, sino todo lo contrario. 

Hace Leyva el ridículo dizque de notificar a las embajadas colombianas del mundo sobre la incapacidad del presidente.  Los jugadores geopolíticos que cuentan y que tienen presencia diplomática en Colombia, recogen inteligencia y, por lo tanto, conocen la vida, obra y milagros de Petro.  Todos sus pecadillos.  Y ni que decir de cuando ha visitado otros países.  No deja de ser irónico, que Milei comenzó de loco, y hoy se está graduando de estadista, y es referente mundial; y Petro comenzó dizque como transformador y pensador, y terminó de loco y pidiendo manicomio a gritos; Petro es hoy solo referente para los manuales de psiquiatría. 

Columna de Opinión e-mail: vivesg@yahoo.com