¡Habemus Papam!

Columnas de Opinión
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El cardenal Consalvi le respondió a Napoleón, quien había secuestrado al Papa y quería anexarse los estados papales y someter a la Iglesia a su autoridad, y además había amenazado con destruir a la Iglesia: Su majestad, nosotros, el clero, hemos hecho nuestro mejor y mayor esfuerzo por destruir la Iglesia por los pasados 1.800 años y no hemos podido. Usted tampoco podrá.

La Iglesia Católica es santa e indestructible porque su cabeza es Cristo.  La Iglesia Triunfante es santa y la Purgante a punto de serlo.  La única que es contradictoria, y que es la más pequeña, es en la que estamos nosotros, la Iglesia Militante.

La Iglesia Militante refleja nuestra naturaleza humana, y a nivel espiritual refleja también la batalla entre el bien y el mal; es una iglesia a nuestra imagen y semejanza.  Por esto, la Iglesia Militante está llena de conflictos internos y externos, contradicciones y comete equivocaciones.  La elección del sucesor de Pedro, no de Francisco como dicen algunos, es una de las áreas actuales de conflicto; el nivel de animadversión y exasperación ha alcanzo su punto máximo por estos días, entre la facción conservadora de la línea de San Juan Pablo II y de Benedicto XVI, y la facción progresista-comunista de Francisco.

Incluso se habla de un potencial cisma si no se elige a un Papa conservador.  El Cónclave está diseñado para lograr puntos de encuentro, y así será.  Aunque yo personalmente preferiría un Papa apegado a los valores y enseñanzas tradicionales de la Iglesia, conservador si se quiere, entiendo que muy probablemente el próximo Papa será de la línea de Francisco. Real Politik.

No entiendo por qué un Papa progresista, si este fuera el caso, debería llevar a un cisma.  La Iglesia ha sobrevivido por más de veinte siglos, como lo anotó el cardenal Consalvi, de todo.  La unidad de la Iglesia y la obediencia al Papa, mientras no contradiga lo fundamental, es lo primero y más importante.  Si un Papa de la línea de Francisco es elegido, como fieles, solo corresponde orar por él, pero nunca abandonar nuestra Iglesia ni promover cismas.

Asimilo la unidad y obediencia al mandamiento de honrar al padre y a la madre. Es un mandamiento sin excepciones.  No se los honra solo si son buenos.  Se les honra incluso si no lo son. 

La razón humana es falible y nuestra valoración del bien y del mal no necesariamente corresponde a la de Dios.  La Fe debe darnos la tranquilidad de aceptar al Papa elegido.  Si Dios lo permite, es para nuestro bien, aunque no lo comprendamos.  Dios es un padre bueno, y cuando permite el dolor y cosas aparentemente malas, es para que reaccionemos y nos volvamos a Él, como lo hizo el Hijo Pródigo.

Sabemos, por Revelación Divina, que la Iglesia Militante al igual que su Cabeza, será martirizada, perseguida y crucificada, pero esto no es nada diferente al camino de santificación.  No asustarnos, no inquietarnos porque lo que realmente importa es el final del camino. 

En los momentos de duda, de angustia e inquietud y en las noches oscuras ayuda muchísimo repetir el verso de la mística y doctora de la Iglesia Sor Teresa de Ávila:

Nada te turbe,

nada te espante,

todo se pasa,

Dios no se muda.

La paciencia

todo lo alcanza.

Quien a Dios tiene

nada le falta.

Solo Dios basta.

Probablemente al final de esta semana tendremos ya un nuevo Papa, al cual desde ya saludo con emoción.  En realidad, no iniciará nada, sino que continuará el caminar de la Iglesia cargando sobre sus hombros la cruz de la historia de la humanidad, y hacia una inevitable y necesaria crucifixión.  Orar mucho por él, y recordar que solo Dios basta.

Columna de Opinión e-mail: vivesg@yahoo.com