Respeto selectivo

Columnas de Opinión
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Gustavo Petro volvió a abrir la boca y, como casi siempre, habría sido mejor que la mantuviera cerrada. Esta vez no fue para confundir al país con cifras que ni él entiende, ni para soltar alguna teoría ridícula sobre el gas y los cables de luz desde Panamá. No. Esta vez decidió justificar que unos fanáticos habían intimidado a la senadora Nadia Blel hasta su propia casa, donde estaba su hijo de tres años. ¿La culpa? Según Petro, de ella, por ser quien es. Así de miserable es el nuevo progresismo de tienda, defensor de las mujeres solo si militan en su causa, y verdugo si se atreven a pensar diferente.

Lo curioso ,o más bien, lo repugnante, es que hablamos del mismo hombre que, cuando gritaron consignas contra su hija en un estadio, salió con lágrimas de padre dolido a exigir respeto. Y lo hizo bien. Porque ningún hijo, ninguna familia, debería ser blanco del odio político. Pero entonces, ¿por qué el respeto sí aplica para su sangre y no para la de los demás? ¿Por qué, cuando la víctima no es de su combo, el silencio se convierte en complicidad? ¿Será que en su idea de patria solo caben los suyos, y el resto que coma lo que pica el pollo?

Este presidente, que se dice valiente, se esconde cuando toca condenar la violencia. Especialmente si la violencia le conviene políticamente. Es un experto en hablar cuando debe callar, y en callar cuando más se espera que hable. Una especie de maestro zen de la cobardía elegante, de ese cinismo que ya ni sorprende, pero sigue doliendo.


Sin embargo, ahí está. Reinventado. De terrorista a presidente. Colombia, país generoso y sin memoria. Un país donde se puede pasar de la clandestinidad armada al Palacio de Nariño sin tener que pedir ni perdón ni permiso. Petro se dio a sí mismo la segunda oportunidad que le niega a tantos. A quienes no piensan como él, no se les permite ni la primera.

Atacar a una mujer, a una madre, desde la comodidad del poder no es liderazgo, es bajeza. Y la bajeza no se disfraza con discursos altisonantes. Señor Presidente, usted ya fue guerrillero, ya fue alcalde, ya es presidente. ¿Será que algún día va a aprender a ser hombre?

Columna: Blosgs e-mail: Antonio.bozzi@gmail.com