La tragedia de no reconocernos

Columnas de Opinión
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Hace poco, el comediante venezolano George Harris dijo algo que debería resonar en todos los rincones de América Latina, somos tres razas titánicas mezcladas, tres fuerzas arrolladoras conviviendo en un solo cuerpo. Una raza nueva, de negros, indígenas y blancos. Ese cóctel genético y cultural es el regalo más poderoso que nos dejó la historia, aunque también su mayor tragedia. Porque, como bien señaló Harris, aún no entendemos el poder que eso representa. No nos reconocemos, no nos aceptamos y, mucho menos, aprendemos a vivir juntos para sacar provecho de nuestras fortalezas.

Es casi poético, y profundamente irritante,  cómo las potencias del mundo, rayadas o rojas, lo entendieron antes que nosotros. Por eso, su afán histórico de dividirnos, de meterse en nuestros asuntos, de fragmentar nuestras identidades hasta el punto de que hoy sabemos más sobre el Super Bowl que sobre lo que pasa al otro lado de nuestra frontera. ¿Cómo es posible que Sudamérica no tenga una moneda común? ¿Cómo es posible que no entendamos que juntos somos más fuertes?

He pasado varios días en Ecuador últimamente, y no dejo de pensar en todo lo que tenemos para enseñarnos mutuamente. ¿Por qué no estamos aprendiendo del vecino? Ecuador tiene una historia rica, paisajes que cortan el aliento, una cultura que resiste con dignidad. ¿Y nosotros? ¿Qué tanto sabemos de ellos, o ellos de nosotros? Pareciera que seguimos mirándonos como extraños en lugar de reconocernos como hermanos.

Lo más preocupante es que en nuestras propias ciudades y campos, lo que más se nota es el afán por dividirnos. En tonos de piel, en apellidos extraños, en el color de ojos, y en el caso de Colombia, por estratos socioeconomicos,  en lugar de sentirnos más unidos al reconocer que, a pesar de lo distintos que podemos ser, al final todos somos iguales. Nos fragmentamos, como si fuera un deber.

Es cierto, América Latina parece, como dice René de Calle 13, "un pueblo sin piernas, pero que camina". Pero caminar no es suficiente. No si seguimos arrastrando una ceguera histórica, alimentada por fronteras políticas que se sienten cada vez más como murallas culturales.

Lo realmente importante es conocernos, reconocernos, aceptarnos y buscar salir adelante juntos como hermanos que somos.

Columna: Blosgs e-mail: Antonio.bozzi@gmail.com