Una deuda histórica

Columnas de Opinión
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A pesar de la rica cultura y la resiliencia de la comunidad Wayuu, los niños enfrentan condiciones de vida profundamente precarias. Esto afecta gravemente su salud y bienestar. En mi opinión, el Estado colombiano no solo tiene una responsabilidad histórica, sino que debe implementar medidas integrales y sostenibles para garantizar su acceso a derechos fundamentales como la salud, la educación y una adecuada alimentación.

En primer lugar, es crucial reconocer que la desnutrición crónica sigue siendo una de las principales causas de mortalidad infantil en la región. Los informes más recientes muestran que, a pesar de los esfuerzos puntuales, las tasas de desnutrición infantil continúan siendo alarmantes. Según datos del Instituto Nacional de Salud, más del 50% de los niños Wayuu menores de cinco años presentan algún grado de desnutrición, lo que no solo afecta su crecimiento físico, sino también su desarrollo cognitivo. El Estado tiene la obligación de actuar con políticas a largo plazo que garanticen la seguridad alimentaria de estas comunidades.

Desde mi punto de vista, la solución no puede reducirse únicamente a la entrega ocasional de alimentos. Si bien esto es necesario en situaciones de emergencia, la verdadera transformación debe provenir de la implementación de programas sostenibles de producción agrícola en las comunidades Wayuu. En este caso, un programa que combine la entrega de semillas y herramientas agrícolas con educación sobre técnicas de cultivo adaptadas al entorno árido de La Guajira podría tener un impacto significativo. Además, se debería garantizar el acceso a agua potable, ya que la falta de este recurso fundamental no solo exacerba la desnutrición, sino que también contribuye a la propagación de enfermedades gastrointestinales que afectan de manera desproporcionada a los niños.

Asimismo, no podemos ignorar el hecho de que el acceso a servicios de salud es prácticamente inexistente para muchas familias Wayuu. Es más, esta falta de atención médica adecuada es otro factor clave que contribuye a las altas tasas de mortalidad infantil. Las distancias que deben recorrer las familias para llegar a un centro de salud, sumado a la falta de personal médico especializado en salud infantil, hace que enfermedades prevenibles se conviertan en sentencias de muerte para muchos niños. Desde mi perspectiva, el Estado debe priorizar la creación de centros de salud móviles o fijos en puntos estratégicos de las comunidades Wayuu, garantizando que estos estén debidamente equipados y cuenten con personal médico capacitado.

Además, creo firmemente que la formación de los profesionales de la salud en la región debe tener un enfoque intercultural. Los médicos y enfermeras que trabajen en La Guajira deben comprender y respetar la cosmovisión Wayuu, integrando sus conocimientos ancestrales con la medicina occidental. De lo contrario, cualquier intervención médica podría ser percibida como una imposición cultural y, por lo tanto, ser rechazada por la comunidad.

Otro punto clave que quiero destacar es la necesidad de recopilar datos precisos y continuos sobre la salud y el bienestar de los niños Wayuu. Considero que, sin un sistema de monitoreo adecuado, es imposible diseñar políticas públicas efectivas. Los datos permiten identificar las áreas más críticas y ajustar las intervenciones según las necesidades reales de la población. Además, un sistema de recolección de datos continuo serviría para evaluar el impacto de las políticas implementadas, garantizando que se hagan los ajustes necesarios para mejorar los resultados.

Finalmente, el Estado colombiano debe asumir su responsabilidad de manera proactiva. No se trata solo de responder a emergencias puntuales, sino de implementar políticas públicas integrales que aborden las causas estructurales de la pobreza y la exclusión que afectan a los Wayuu. En lugar de soluciones temporales, necesitamos un compromiso a largo plazo que garantice que los niños tengan las mismas oportunidades de crecer sanos y alcanzar su máximo potencial. Solo a través de una intervención decidida y coordinada podremos saldar la deuda histórica que tenemos con esta comunidad.

Columna de Opinión e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co