La “Perla de América”, conmemora hoy veintinueve de julio de dos mil veinticuatro un año más de su fundación. En cada aniversario se suele evocar el episodio histórico que rememora el trascendental acontecimiento en el que, en tierra del continente americano, se hizo la institucionalización de un asentamiento hispano, hecho que ocurrió el 29 de julio de 1.525. Ese día, el epónimo sevillano don Rodrigo de Bastidas, cumplió el mandato que le otorgó el monarca del Reino de Castilla y de León; fundó oficialmente a la incipiente villa a la que le asignó por nombre Santa Marta. ¿Cuál fue el ritual observado en el acto fundante de la naciente futura urbe? Cuentan acuciosos compiladores de sucesos históricos que la ceremonia se efectuó probablemente en el sitio al que hoy se le denomina "los cocos", sector de la Tenería. En la playa ribereña, a orillas del Mar Caribe, donde confluyen las aguas del río y del océano. Anotan los cronistas que, en esa solemnidad, el fundador estuvo acompañado de séquito de connacionales suyos y de grupo de nativos y, a la fórmula litúrgica pronunciada por el sacerdote Diego de Peñas, "Bendito el que viene en nombre del Señor”, le respondió el adelantado de Triana, ratificando su fe cristiana, "Bendice mi alma Señor”.
Así quedó sellado a perpetuidad el origen de la ciudad ahora casi cinco veces centenaria situada en arenas del Mar de las Antillas, en el valle del río Manzanares, respaldada por la imponente cumbre con penacho de hielo, la Sierra majestuosa que extiende sus brazos protectores a la hermosa bahía, decorada con el morro tutelar por el buril del supremo Creador.
El nombre Santa Marta, lo sacó Bastidas del santoral católico: el 29 de julio, fecha fundante, la comunidad cristiana, lo consagra al culto de la virtuosa seguidora del Salvador Jesús.
El afluente hídrico que irriga suelo de la cuenca fértil recibió denominación de Manzanares por asociación que Bastidas hizo con el río que atraviesa parte de la capital española.
Santa Marta es el eje geográfico de la provincia a la que le dedicó su libro La Perla de América el sacerdote don Antonio Julián, obra que fue editada en España en el año de 1.732, reeditada por el Banco de la República en 1.980, en cuyas páginas el publicista plasma lo que percibió y palpó en su trasegar extenso por las disímiles comarcas del territorio descrito. Incluso emplea su experiencia, rica en evidencias fácticas, para refutar versiones contenidas en escritos que circulaban en Europa atinentes a la provincia en mención. Escritos que, por su contenido, totalmente divergente con la realidad, demostraban que fueron redactados por personas ignorantes de los elementos geográficos de la provincia de Santa Marta y de los diversos factores antropológicos de los grupos humanos que la poblaban. Refutación nominal y casuística le dedica a los autores de las narraciones erradas.
El padre Julián, en su libro notable, con prosa depurada, narración amena, metáfora elegante llama “Perla de América” a la provincia, calificándola de “rica, fecunda y preciosa”. Y agrega: “No hay en ambas Américas provincia más estimable y preciosa”.
En ese mundo de excelencias está situada la ciudad de Santa Marta. Esa que, como "Perla escondida" permaneció discretamente mimetizada y se halla ad portas de cumplir sus quinientos años de fundada.
Su largo periplo cronológico contrasta con las falencias indubitables que la afligen. Que tienen que superarse prontamente para que la ciudad luzca con los atributos que le dio natura y progrese con el aporte que en unión inescindible y con sinergia deben hacerle sus gobernantes, sus buenos hijos y los foráneos que le brinden afecto y le dispensen su generoso concurso. Feliz Aniversario 499, Santa Marta, longeva, querida.