Este 29 de julio de 2024, la ciudad de Santa Marta, una de las joyas más antiguas de Colombia, celebra su 499 aniversario. Fundada en 1525 por el conquistador español Rodrigo de Bastidas, no solo es la ciudad más antigua del país sino también la segunda más antigua de Sudamérica. Sin duda, ofrece una oportunidad para reflexionar sobre su rica historia, su evolución y su relevancia cultural y económica a lo largo de casi cinco siglos.
Su fundador llegó a las costas del Caribe colombiano en su búsqueda de nuevas tierras y riquezas. Al descubrir la bahía de Santa Marta, decidió fundar un asentamiento que se convirtió rápidamente en un importante punto de entrada para los colonizadores españoles y en un centro estratégico para la exploración y la conquista del interior del continente.
No todo fue color de rosa debido a que, durante sus primeros años enfrentó numerosos desafíos, incluidos ataques de piratas y resistencia de las comunidades indígenas locales, como los taironas. Sin embargo, su ubicación estratégica en la costa y su puerto natural, claramente, la consolidaron como un centro vital para el comercio y el intercambio cultural.
Es evidente que, a lo largo del período colonial, creció en importancia. Su puerto se convirtió en un punto de exportación clave para productos como el tabaco, el cacao y, más tarde, el café. Además, la ciudad también fue testigo de la llegada de misioneros y colonos que, sin duda, contribuyeron a la expansión del dominio español en la región.
Es agradable visitar la ciudad ya que la arquitectura de la época colonial aún se puede apreciar en algunos de los edificios más emblemáticos como la Catedral Basílica que es la más antigua de Colombia. Sus playas paradisíacas, su mar cristalino, su comida exquisita, su gente cordial y respetuosa hacen un lugar muy agradable para las vacaciones. Esto, en mi opinión es un testimonio de la rica herencia histórica y cultural.
Por supuesto, el siglo XIX trajo consigo vientos de cambio con la lucha por la independencia de Colombia. No fue ajena a estos movimientos y jugó un papel crucial en la gesta libertadora. Fue acá donde el Libertador Simón Bolívar pasó sus últimos días, muriendo en la Quinta de San Pedro Alejandrino el 17 de diciembre de 1830. Este lugar, sin lugar a dudas, se ha convertido en un monumento nacional y un punto de peregrinación para aquellos que honran la memoria del gran líder sudamericano.
Claramente, el siglo XX marcó una era de modernización. La ciudad experimentó un crecimiento urbano significativo y se convirtió en un destino turístico popular gracias a sus playas, su proximidad a la Sierra Nevada y al Parque Nacional Natural Tayrona. Estos atractivos naturales, junto con su patrimonio histórico la han hecho un lugar de interés tanto para turistas nacionales como internacionales.
No obstante, a pesar de los avances ha enfrentado desafíos como el crecimiento urbano descontrolado y problemas ambientales. Sin embargo, ha mostrado una notable capacidad de adaptación y resiliencia, trabajando hacia un desarrollo sostenible que, en mi opinión, respete su entorno natural y su patrimonio cultural.
El 499 aniversario es una ocasión para celebrar su rica historia y su papel crucial en la formación de Colombia. Ojalá los eventos conmemorativos incluyan desfiles, exposiciones culturales, conciertos y actividades académicas que, claramente, destaquen la importancia histórica de la ciudad. Esta celebración, a mi juicio, es también una preparación para el quincuagésimo centenario, que marcará los 500 años de su existencia en 2025, un hito que sin duda será celebrado con gran entusiasmo y orgullo. Y, será cuando habrá otro gran motivo para celebrar: tiraremos la casa por la ventana
Santa Marta, con su historia vibrante y su continuo desarrollo, sigue siendo, sin lugar a dudas, un símbolo de la resiliencia y la diversidad cultural de Colombia. Este aniversario es un recordatorio, en mi opinión, de su pasado glorioso y una promesa de un futuro lleno de oportunidades.