El chavismo, un movimiento político y social que ha moldeado profundamente a Venezuela, tiene sus raíces en la figura de Hugo Chávez, quien emergió en el escenario político como un líder carismático y polémico. Un ex teniente coronel del ejército que intentó un golpe de Estado en 1992.
Posteriormente, llegó al poder prometiendo un cambio radical inspirado en las ideas de Simón Bolívar y el socialismo del siglo XXI. Con esto capturó el corazón de muchos con su retórica antiimperialista y sus promesas de justicia social. Bajo su mando, el país experimentó significativas reformas sociales, con programas dirigidos a reducir la pobreza y mejorar el acceso a la educación y la salud.
Sin embargo, estas políticas se financiaron en gran medida con los ingresos del petróleo, una fuente de riqueza que se utilizó para expandir su influencia tanto en el país como en el extranjero. La economía venezolana se volvió extremadamente dependiente y aunque en los primeros años de su gobierno el precio del crudo estaba alto, proporcionando los fondos necesarios para sus programas sociales resultaría ser una espada de doble filo.
La muerte de Hugo Chávez en 2013 marcó un punto de inflexión para Venezuela. Nicolás Maduro, su designado, asumió la presidencia en un momento crítico. A diferencia de Chávez, Maduro no tenía la misma conexión carismática con el pueblo ni un conocimiento profundo de economía o administración pública. Su gobierno ha estado marcado por una profunda crisis económica, caracterizada por la hiperinflación, escasez de productos básicos y una emigración masiva de venezolanos.
La falta de experiencia de Maduro en economía y su inclinación por mantener las políticas populistas de Chávez sin el mismo respaldo económico, aceleraron la caída de la economía. Las políticas de control de precios, la expropiación de empresas y la corrupción rampante erosionaron las bases económicas del país, llevándolo al borde del colapso.
El chavismo, bajo la administración de Maduro, ha enfrentado múltiples desafíos, tanto internos como externos. Las protestas masivas, la presión internacional y las sanciones económicas han puesto al gobierno en una posición defensiva. Además, la continua crisis humanitaria ha erosionado el apoyo popular que alguna vez sostuvo a Chávez.
No obstante, este 28 de julio, Venezuela se enfrenta a una elección presidencial crucial. Muchas voces, tanto dentro como fuera del país, opinan que esta podría ser la oportunidad para poner fin a dos décadas de chavismo. La economía destruida, la falta de libertades civiles y la desesperación del pueblo parecen indicar que el chavismo está llegando a su fin.
De todas maneras, la recuperación de Venezuela no será una tarea fácil. Requerirá de un esfuerzo conjunto entre la comunidad internacional y los venezolanos para reconstruir una economía devastada y restablecer la confianza en las instituciones. Algunos pasos clave incluyen: Reformas Económicas Estructurales, Implementar políticas para combatir la corrupción. Reducir la dependencia del petróleo diversificando la economía hacia la agricultura, la industria y el turismo, Invertir en educación, salud y programas sociales.
Por otra parte, esta posible caída también podría tener repercusiones significativas en otros países con regímenes autoritarios como Cuba y Nicaragua. Ambos países han sido aliados cercanos de Venezuela y han dependido en cierta medida del apoyo del petróleo. En Cuba podría significar una reducción del apoyo económico que ha sido crucial para el régimen. Esto podría llevar a un aumento de las presiones internas para reformas económicas y políticas en la isla. En Nicaragua, el régimen de Daniel Ortega, que ha enfrentado crecientes sanciones internacionales y protestas internas, podría encontrar menos apoyo en la región sin un aliado como Venezuela. Esto podría debilitar aún más su posición y aumentar la presión para cambios democráticos.
De hecho, Colombia debe entrar como un aliado estratégico, llenarles los anaqueles de granos, verduras y carnes. Asesorarlos y llevar fuentes de trabajo y turismo. Esta es una gran oportunidad para ambas naciones. No olvidemos que los tiranos pasan y los pueblos quedan.