Es crucial entender que el paramilitarismo en Colombia ha tenido un impacto profundo y multifacético en la sociedad. A nivel micro, los paramilitares se consolidaron a finales de 1994, especialmente en regiones como Urabá en donde impusieron un orden social violento inaugurando las masacres como forma de mostrar su poder destructor y violador de derechos humanos.
Además, no se puede ignorar que a nivel mezo se expandieron después de la desmovilización de las Autodefensas de Puerto Boyacá. Este proceso incluyó la creación de escuelas de entrenamiento y el envío de paramilitares avanzados a diferentes territorios.
En el mismo sentido, es importante destacar que a nivel macro fue legitimado por leyes y vínculos con el Estado y el empresariado, extendiendo su influencia por todo el país. La creación de las Convivir es un claro ejemplo de cómo se institucionalizó esta violencia. Durante los años 2000, la estructura paramilitar se multiplicó en frentes armados, mostrando una expansión nacional significativa.
En términos de relaciones interpersonales, el paramilitarismo ha tenido un impacto profundo en la subjetividad de los individuos al ejercer poder y autoridad que a menudo se utilizaba para cooptar y victimizar. Este impacto se extiende también a las relaciones familiares, comunitarias y laborales.
Sin embargo, cuando analizamos los esfuerzos de paz, es evidente que, aunque hubo intentos formales de desmovilización entre 2003 y 2006, las violencias relacionadas persisten debido a la reconfiguración y emergencia de nuevos grupos armados. Esto subraya la falta de eficacia en los procesos, que han sido criticados por su falta de inclusión y transparencia.
Por ejemplo, la Ley de Justicia y Paz, aunque promovida como un esfuerzo de paz a nivel nacional, ha sido insuficiente y ha enfrentado numerosas críticas. Además, los cambios estructurales necesarios para desmantelar su poder y reintegrar a sus miembros a la sociedad civil no han sido plenamente efectivos.
Por eso, desde una perspectiva de derechos humanos, las violaciones han sido extensas y documentadas desde su creación hasta la actualidad. Estas afectan tanto a nivel económico, social, cultural y de identidad de género, y continúan perpetuando un ciclo de violencia e impunidad.
Las masacres perpetradas por los paramilitares en Colombia han sido numerosas y devastadoras. A continuación, las más conocidas y documentadas:
Masacre de Mapiripán (1997): Al menos 49 personas fueron asesinadas en el municipio de Mapiripán, Meta.
El Salado (2000): Más de 60 personas fueron asesinadas en el corregimiento de El Salado, Bolívar.
Chengue (2001): 27 personas fueron asesinadas en el corregimiento de Chengue, Sucre.
La Rochela (1989):12 investigadores judiciales que investigaban otras masacres fueron asesinados por paramilitares en la región de Magdalena Medio.
San José de Apartadó (2005): Ocho miembros de esta comunidad de paz, incluyendo tres menores de edad, fueron asesinados por paramilitares en colaboración con el ejército colombiano.
El Aro (1997): Al menos 15 personas fueron asesinadas y sus viviendas quemadas y se cometieron múltiples actos de violencia sexual en el corregimiento de El Aro, Ituango, Antioquia.
La Gabarra (1999): Aproximadamente 35 personas fueron asesinadas en el corregimiento de La Gabarra, Norte de Santander.
Segovia (1988): Más de 40 personas fueron asesinadas por paramilitares del grupo Muerte a Revolucionarios del Nordeste en el municipio de Segovia, Antioquia.
Ituango (1996-1997): En dos incidentes separados, más de 30 personas fueron asesinadas en el municipio de Ituango, Antioquia.
La Horqueta (1997): Alrededor de 15 personas fueron asesinadas en la vereda La Horqueta, Cundinamarca, por paramilitares del Bloque Central Bolívar.
La Negra y Honduras (1988): Más de 20 personas fueron asesinadas en fincas de la región de Urabá.
Las anteriores han dejado un legado de violencia y sufrimiento en numerosas familias y comunidades a lo largo del país. Las víctimas han incluido campesinos, activistas, investigadores judiciales y muchos otros, y los eventos han tenido implicaciones significativas para la justicia, la reconciliación y la construcción de paz en Colombia.
Pienso que en cuestión de paz con los paramilitares debemos barajar y empezar de nuevo.