Luis Eduardo Pinzón Alvarado: forjador del origen y el éxito de Indurod

Don Luis Eduardo Pinzón Alvarado, fundador de Industrias El Rodadero -Indurod-.

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Desde 1968, Luis Eduardo Pinzón Alvarado convirtió a Indurod en símbolo de calidad y compromiso en Santa Marta, consolidando un legado empresarial que trasciende fronteras y sigue enfriando generaciones.

En Santa Marta, hablar de hielo es hablar de Indurod. Hablar de Indurod es, inevitablemente, hablar del señor Luis Eduardo Pinzón Alvarado, un hombre que supo transformar una necesidad cotidiana en un símbolo empresarial y patrimonial de la ciudad. Corría 1968 y la brisa marina del Rodadero aún arrullaba un paisaje dominado por pescadores, familias locales y turistas incipientes. En ese escenario, donde el calor era constante y la conservación de alimentos un desafío diario, nació una idea que cambiaría la historia comercial del Magdalena.

Luis Eduardo Pinzón Alvarado, con la disciplina adquirida en su paso por la Armada Nacional, observó que la producción de hielo de calidad no solo sería un negocio rentable, sino un aporte esencial para pescadores, comerciantes y hogares. La visión no fue fruto de estadísticas, sino de su cercanía con la comunidad, de escuchar lo que el puerto murmuraba al amanecer.



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El origen en el Rodadero

La primera planta improvisada de Indurod producía apenas cinco toneladas de hielo. El transporte era artesanal: cajas aisladas improvisadas, entregas hechas personalmente por el fundador, y la certeza de que cada bloque debía llegar impecable a su destino.

En 1971, aquella idea adquirió nombre y apellido empresarial: Industrias El Rodadero, más conocida como Indurod. El Rodadero, entonces más un refugio de pescadores que un destino turístico masivo, sirvió como cuna de un emprendimiento que combinó identidad local y visión de futuro.


Para Eduardo sus colaboradores de Indurod son como familia. Foto cortesía.

 

Primeros clientes y reputación

 

Las plazas de mercado y los muelles se convirtieron en los primeros territorios conquistados. La puntualidad en las madrugadas y la pureza del hielo forjaron una reputación sólida. Pronto, el nombre de Indurod circulaba de boca en boca, y los clientes no eran solo compradores: eran aliados.

Don Luis Eduardo Pinzón Alvarado entendió que el negocio del hielo no era solo vender, sino garantizar la confianza. El cliente sabía que podía contar con Indurod incluso en las temporadas más difíciles, cuando la demanda se disparaba por las fiestas patronales o la llegada masiva de turistas.


Innovación: el hielo en tubitos

En 1982, la empresa dio un salto decisivo: introdujo el hielo en tubitos, una innovación poco vista en la región. Esto implicó importar maquinaria especializada, un riesgo calculado que exigió inversión y capacitación. El nuevo formato sedujo a hoteles, bares y restaurantes, que encontraron en esos cilindros cristalinos un aliado para su servicio.

Esta innovación marcó el inicio de la expansión hacia el sector turístico y gastronómico, consolidando a Indurod como un referente de calidad y modernidad. El empaque higiénico y el nuevo diseño del producto transmitían un mensaje claro: estaban listos para competir a nivel nacional.



Eduardo Pinzón Alvarado recibiendo un premio por parte de la Cámara de Comercio. Foto cortesía de sus familiares

Eduardo Pinzón Alvarado recibiendo un premio por parte de la Cámara de Comercio. Foto cortesía de sus familiares

 La modernización de los 90

La década de 1990 trajo retos: apertura económica, nuevos competidores y una demanda cada vez más sofisticada. El fundador, Luis Eduardo Pinzón Alvarado respondió con una modernización integral: amplió la planta en el barrio Manzanares, incorporó tratamiento avanzado de agua, sistemas de distribución eficientes y controles de calidad estrictos.

Se profesionalizó la gestión, se entrenó al personal y se implementaron procesos que aseguraban la sostenibilidad sin perder el trato cercano que distinguía a la empresa. El fundador solía decir que la clave estaba en “crecer sin olvidar de dónde venimos”.


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Negocio familiar con raíces profundas

Tras la partida de un socio, Indurod se convirtió en un negocio completamente familiar. Hijos y nietos asumieron el timón con un compromiso claro: mantener intactos los valores fundacionales de cumplimiento, honestidad y servicio.

Cada miembro de la familia encontró su rol, aportando desde la operación diaria hasta la planeación estratégica. Su líder, Luis Eduardo Pinzón Alvarado, aunque cedió espacio a las nuevas generaciones, nunca dejó de acompañar los procesos, convencido de que el legado debía protegerse con el mismo cuidado que se protege un bloque de hielo bajo el sol ardiente.


Don Luis Eduardo Pinzón, junto a sus trabajadores celebrando su cumpleaños. Foto cortesía de sus familiares.

Don Luis Eduardo Pinzón, junto a sus trabajadores celebrando su cumpleaños. Foto cortesía de sus familiares.

Presencia cultural y reconocimiento

 

Indurod no necesitó campañas publicitarias masivas. Su marca se instaló en la memoria colectiva: en fiestas patronales, procesiones religiosas, ferias gastronómicas y celebraciones familiares. Hace poco la Cámara de Comercio de Santa Marta reconoció su trayectoria como una de las empresas más emblemáticas del Magdalena.

Pero para el señor Luis Eduardo Pinzón Alvarado, el verdadero premio siempre fue la confianza del cliente. Muchos lo recuerdan saludando desde los camiones de reparto, preguntando por la familia y agradeciendo la lealtad de décadas.


Expansión regional y diversificación

En el siglo 21, Indurod amplió su portafolio: bloques, cubos, tubitos, agua en bolsa y botellones. La cobertura trascendió Santa Marta y se extendió a Magdalena, Cesar, La Guajira, Atlántico, Córdoba, Valle del Cauca, Cundinamarca, Santander, Norte de Santander y Antioquia.

La logística de expansión incluyó la compra de vehículos refrigerados, la apertura de centros de distribución y alianzas con proveedores locales. Cada nuevo destino significaba llevar un pedazo del legado samario más allá de sus fronteras.


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El legado que sigue enfriando

Han pasado más de cinco décadas desde que don Luis Eduardo Pinzón Alvarado vio en el hielo una oportunidad de vida y de comunidad. Hoy, Indurod sigue siendo sinónimo de confianza, innovación y compromiso. La empresa ha sabido adaptarse a los cambios tecnológicos y económicos sin renunciar a su esencia.

En cada bloque, en cada bolsa, en cada entrega puntual, vive la visión de un hombre que entendió que los negocios, como el buen hielo, se sostienen con paciencia, cuidado y una base sólida. Indurod no es solo una empresa: es un legado que seguirá enfriando generaciones, llevando el nombre de Santa Marta a todo Colombia.

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