En sus inicios, la ciudad tenía una estructura simple y estaba rodeada de un paisaje natural impresionante, que incluía montañas, playas y selvas tropicales. La población original era indígena, perteneciente a los grupos Tairona, que ya habitaban la región antes de la llegada de los colonizadores.
A mezclarse estas dos razas dieron una población mestiza, lo que fue llevando también a la transformación de Santa Marta; desde lo urbano, la historia y las anécdotas sobre cómo fue construida a través del tiempo, EL INFORMADOR de la mano con el arquitecto, Álvaro Ospino, realizó un recorrido por época de cómo se fue formando la ‘Perla de América’ en distintos planos y lo que se ha convertido hoy en día.
Santa Marta en 1743, plano del ingeniero Antonio de Arévalo
Las primeras construcciones eran simples y utilizaban materiales naturales disponibles en la zona, como madera, palma y barro. La cartografía más detallada y precisa de Santa Marta y su puerto, que incluye batimetría, fue realizada por el ingeniero militar Antonio de Arévalo en 1743. Este plano se puede comparar con una descripción de la época que refleja el nomenclátor urbano de una ciudad ya consolidada.

La Plaza Mayor era tan espaciosa que corrían toros en ella con gran amplitud. Las calles eran rectas y de considerable longitud; existían ocho y se llamaban así: la calle de La Veracruz (17), la calle de Santo Domingo (16), la calle de la Acequia (15), la calle del Cuartel (14): estas dos últimas desembocan en la plaza; la calle de la Iglesia Mayor (13), la calle de la Mar (12), y la calle de Mamatoco (11).
Estas siete calles van en dirección de este a oeste, cruzadas por varias otras, siendo la última la calle de Madrid, que es el camino hacia Manzanares. El plano también muestra la disposición de la ciudad entre la Calle San Antonio (20) y la Calle Cangrejal o San Vicente (11), así como la proximidad del borde marítimo y la iglesia Mayor, a 180 metros de distancia. Además, se indican las fortificaciones situadas en la playa.
Cambio y defensa en Santa Marta, plano de Agustín Crame 1778
Santa Marta comenzaba a experimentar su crecimiento urbano en la época en que el ingeniero militar Agustín Crame fue designado para elaborar un plan de defensa debido a los acontecimientos políticos entre España e Inglaterra, con la posibilidad de conflictos en el mar Caribe. El plano presenta de manera precisa la topografía de la región, destacando los cerros y la forma de la bahía, aunque omite la caldera y la batimetría de la época. En el dibujo se observa un banco de arena formado dentro del mar por el material arenoso arrastrado por el río Manzanares, depositado luego en la bahía. También se muestran los caminos más transitados hacia el puerto y el fuerte de San Fernando, cruzando el río Manzanares.

Foto de Royal Geographical Society a través de Getty Images.
La sección de la ciudad que revela el plano permite identificar el proceso de consolidación urbana, desde el hospital San Juan de Dios, en la esquina de la Calle Santa Rita, hasta la Calle Cangrejal, destacando la amplia franja de playa que separaba la ciudad del mar. Se indica la Casa de Gobierno (M), que más tarde sería el lugar donde se construyó el Cuartel de Infantería en 1793, con su fachada principal cerrando la Plaza Mayor (A) por el lado oeste. A lo largo del mar, el plano muestra el fuerte de San Vicente, identificado como "demolido por los temporales". No se menciona el fuerte de San Juan de las Matas, que para esa fecha ya estaba en ruinas y en tal estado de deteriorado que resultaba irrecuperable. Además, se identifican las ensenadas de El Ancón, Mangle, Tinglao y Taganguilla, que eran utilizadas como zonas tranquilas para la pesca y la reparación de embarcaciones.
Reformas urbanas en Santa Marta, plano de Bolívar de 1793
El plano del puerto y la ciudad realizado por el ingeniero militar Mauricio de Bolívar en 1793 muestra a Santa Marta en su máximo auge urbano y arquitectónico, favorecida por las reformas borbónicas que promovieron el libre comercio en el puerto como estrategia para frenar el contrabando. Durante los reinados de Carlos III y Carlos IV, se implementaron planes de reforma en ciudades ya establecidas, y Santa Marta fue un ejemplo destacado de esta política. Bajo la gobernación de José de Astigárraga, se puso en marcha el primer plan de ordenamiento físico de la ciudad, que incluyó la apertura de nuevas calles y la finalización de edificios reales, todo esto acompañado de medidas económicas y militares dictadas desde España. Este conjunto de acciones urbanas refleja la influencia del neoclasicismo francés, un legado de la Ilustración que llegó a América después de su paso por España.
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La huella de este estilo se puede ver en el urbanismo de la ciudad, como en la alameda o boulevard (J), una vía construida paralela al mar que se extendía desde la actual Calle de San Antonio (20) hacia el sur, hoy conocida como el barrio La Tenería. Es curioso que este proyecto no se extendiera hacia la Calle Cangrejal, al norte, dejando ese espacio sin sombra, donde los vecinos debían soportar el fuerte sol.

El plano también refleja las obras del gobernador José de Astigárraga, como la reconstrucción del edificio del ayuntamiento (ubicado en la esquina superior derecha, cerca del proyectado Cuartel de Infantería, sobre la Plaza Mayor marcada como Y), la formación de la plaza para la carnicería pública (F), y el traslado del cementerio y los tejares-hornos fuera del centro de la ciudad, hacia los terrenos donde hoy se encuentra el barrio El Prado. Además, se llevó a cabo una importante obra para prevenir las inundaciones del río Manzanares, desviando sus aguas a través de una acequia que desembocaba cerca del antiguo muelle El Espino para abastecer de agua a la ciudad, cruzándola con varios puentes de comunicación.
El plano muestra también el fuerte de San Vicente, que para ese momento ya funcionaba como Cuartel de Artillería (H), en dirección a la Calle Cangrejal, junto con dos edificaciones en la playa más al norte: el Cuerpo de Guardia del Espino (G) y el Almacén de Pertrechos (E), los cuales, en el siguiente siglo, serían conocidos como "Espíritu Santo", recordado por la explosión ocurrida allí en 1835.
Santa Marta a principios del Siglo XX, plano de 1930
Un plano de Santa Marta elaborado por el ingeniero Osvaldo Buckle en 1930 nos permite observar la situación de la ciudad en ese momento, destacando dos camellones importantes. El primero es el Camellón Barros, construido en 1808 en forma de "L" entre la Calle de la Cárcel y la Calle Cangrejal, que se extiende hacia la ciudad y está delimitado por un ramal del ferrocarril. En esta área se encuentra la Plaza del Centenario, una obra erigida para conmemorar el Primer Centenario de la muerte de Simón Bolívar. Al pie de la playa, en esa época se encontraba el Club Balneario, ubicado en dirección a la Calle de La Cruz (12).
El segundo camellón es el Camellón Nuevo, que se extiende entre las Calles de la Cárcel y Santa Rita, conocido como el Paseo de Bastidas. Este rompe con el eje del camellón anterior al formar un ángulo de 30° paralelo a las manzanas y revela dos vías vehiculares a sus lados. Hasta ese momento, el espacio no era funcional debido a la segregación e interrupción de la circulación peatonal por el paso de vehículos, lo que dificultaba el flujo libre de personas por el área en relación con el resto de la ciudad.
En la siguiente década, se llevaron a cabo modificaciones significativas en estos espacios, transformándolos en una zona completamente lineal y organizada, además de unificar la arborización. El plano también muestra el sector de El Playón, frente al Resguardo Nacional, una compleja red de rieles que conectaban con el muelle y los patios del ferrocarril, así como una ramificación que se desviaba paralela al mar para llegar a la aduana, ubicada detrás del Cuartel de Infantería. Este cuartel fue demolido para crear el Parque El Libertador, que se encuentra frente a la Plaza Mayor. Un detalle interesante que se aprecia en este plano es la extensión de la playa en el centro, hasta la desembocadura del río Manzanares, zona que, con el paso de los años, sufriría una acelerada erosión.
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Santa Marta en los 60s: Transformaciones y erosión de la playa
Este plano evidencia el claro deterioro de la playa debido a las construcciones sobre el litoral y las primeras obras de infraestructura portuaria realizadas en la década de 1950, que incluyeron la voladura de cerros, pilotaje y relleno del mar para crear nuevos patios con bodegas y talleres. La orilla del mar se encuentra cercana al borde de las manzanas, y al norte, frente a las oficinas de la Capitanía del Puerto, la playa ha desaparecido. Al sur, frente al hospital San Juan de Dios y el Club Santa Marta, la playa está completamente erosionada. Frente a la Casa Campo Serrano se instalaron pilotes para un atracadero de lanchas de corta duración, conocido comúnmente como “los muritos”, que permaneció en el agua hasta hace unas tres décadas.
Durante la década de los cincuenta, se demolieron los antiguos edificios del Cuartel de Infantería y la Aduana de Sales para abrir la Plaza Mayor hacia el mar. En ese período se unieron los dos camellones y se construyó un nuevo Camellón con un rompeolas. Antes de la parcelación de dieciséis pequeñas zonas verdes frente a la Calle Cangrejal (11), terminaba un ramal del ferrocarril, donde se descargaban partes de carros importados para ensamblarlos en el país, así como contenedores de la aduana.
El deterioro de la playa ha sido fluctuante, y las obras de dragado realizadas en 1976 han desaparecido con el paso de los años. Actualmente, la zona presenta una nueva morfología, marcada por un acelerado deterioro posterior a las obras de la Marina.
El proyecto del Malecón: Propuesta de 1971
En 1971, el Club Rotario solicitó al Ministerio de Obras Públicas que se abordara el problema creciente de la erosión de la playa y se encontrara una solución para prevenir el socavamiento del Camellón o Paseo Peatonal Bastidas, causado por el impacto de las olas. Además, recordaron la antigua propuesta de extender el paseo hasta el fuerte de San Fernando, construyendo un puente sobre el río Manzanares. Sin embargo, estas propuestas se vieron complicadas por la presencia de la zona militar del Batallón Córdova y la Primera División del Ejército. La solicitud fue dirigida al ministro Argelino Durán Quintero, pero la respuesta no fue favorable, ni siquiera en cuanto al envío de un ingeniero que pudiera evaluar la situación. Con esto, se dio por terminado el ciclo de gestiones de las organizaciones cívicas que buscaban preservar este importante espacio público en buenas condiciones.
Obras del Sesquicentenario de la Fundación de la Ciudad en 1975
La conmemoración de los 450 años de la fundación de Santa Marta permitió la realización de un plan de obras urbanas y de embellecimiento en el Centro Histórico, respaldadas por la Ley 12 de 1972. Entre estas obras se incluyó la intervención del Camellón o Paseo Peatonal Bastidas. Las obras fueron inauguradas el 29 de julio de 1975 e incluyeron la sustitución del piso de concreto por baldosas de ladrillo vitrificado, así como el traslado de la estatua del fundador al lugar donde actualmente se encuentra. Frente a la Casa Campo Serrano se construyó una fuente luminosa que, con el tiempo, funcionó poco y terminó siendo utilizada como matera. También se acondicionaron las amplias áreas verdes, transformándolas en jardineras con borde de granito, y se erigió un pabellón para las banderas, el cual tuvo poco uso. Las bancas de granito colocadas por el Club de Leones fueron reemplazadas por otras de granito sin espaldar.
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Las casas-quintas en el frente de playa, inicio del siglo XX
El origen del Camellón o Paseo Peatonal Bastidas está ligado a la evolución del incipiente asentamiento urbano. En un principio, sólo existía la franja arenosa que separaba la ciudad del mar, que se destacaba desde el mar adentro por el color blanco de la arena. Era una extensa área litoral de arena amontonada en terraplenes y pequeñas colinas formadas desde la orilla; dunas creadas por los vientos que se introducían en las bocas calles perpendiculares, dificultando el transitar de las personas.
Las arenosas calles arrancaban de la Carrera 1C, frente al mar, sitio baldío por las inundaciones del río y donde existían casas que podían contarse con los dedos de la mano: la del Mayor Martínez, la de Ezequiel Díaz Granados, la residencia Miramar y la Casa de los Locos.
La bonanza bananera impulsó la expansión urbana de Santa Marta; algunos cultivadores criollos abandonaron los viejos caserones coloniales y ocuparon nuevas casas quintas por fuera del núcleo histórico, como la Avenida del Libertador y Santa Rita, muestra de riqueza y reputación social de su propietario bananero. Otras familias, por fin le dan el frente al mar durante las primeras décadas del siglo XX, construyen algunas quintas, como la Casa de Manuel Julián de Mier, única con mansarda en la ciudad, la Quinta de Diógenes Noguera, la Quinta Nina al lado del Park Hotel y la Quinta Dávila.
A medida que el turismo se posicionaba como un nuevo sector económico de la ciudad, aparecen durante las primeras décadas del siglo XX, formales establecimientos hoteleros en reemplazo de las posadas del siglo XIX, como respuesta a la llegada de personajes involucrados en el negocio del banano, un turismo más formal en la modalidad de negocio con los servicios de hospedaje, restaurante y lavandería; sobre el frente de la playa Hotel Caribe, Park Hotel, Hotel Miramar y Hotel Tayrona. Sobre su área de influencia el Hotel del Sol, Hotel Internacional –del coronel Pachón-, el Hotel Francés, la Pensión Washington y el Hotel Imperial.