La Ciudadela 29 de Julio: un barrio de historia y legado

Vista aérea del barrio La Ciudadela 29 de Julio. Foto: Arch Daily.

Santa Marta 499 años
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La Ciudadela 29 de Julio, ubicada en la Localidad 1 de Santa Marta, fue fundada en 1987 como parte de un programa de vivienda que inició el Gobierno Nacional a través del Instituto de Crédito Nacional. Sus casas fueron construidas en terrenos que anteriormente pertenecían a las haciendas de Alfonso Linero Riascos y José Franciscos Riascos Díazgranados y actualmente se conoce como un sector agradable, lleno de vida y tradiciones en la capital del Magdalena. Esta es su historia. 


Hace 37 años, en 1987, hacia el sur de la ciudad de Santa Marta, se levantó erguido entre calles llenas de esperanzas el barrio Ciudadela 29 de Julio, que abrió sus puertas a cientos de familias de clase de trabajadora que soñaban con tener un hogar propio para vivir la tranquilidad de quien tiene un lugar a donde volver noche tras noche. 

José ‘Pepe’ Gnecco Correa.


Este reconocido sector del Distrito, fue fundado por el ilustre samario José ‘Pepe’ Gnecco Correa, abogado y jurista colombiano que alcanzó a ostentar cargos de suma relevancia en el contexto nacional, como el de secretario general del Ministerio de Trabajo, inspector del Trabajo, gerente de la desaparecida Caja de Previsión de Comunicaciones – Caprecom, miembro de los tribunales superiores de Bogotá y Santa Marta, así como magistrado de la Corte Suprema de Justicia, en donde encontró la muerte aquel fatídico 7 de noviembre de 1985, durante la toma del Palacio. 

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Busto en honor al abogado samario José Gnecco Correa, ubicado en La Ciudadela.


Su legado no sólo está presente en el que, quizás, es uno de los capítulos más violentos de la historia actual del país, sino que también se mantiene brillando en el barrio que él ayudó a levantar y que, además, lleva su nombre, aunque sea un hecho ignorado por gran parte de los samarios actualmente. 

Sus comienzos 
De acuerdo con la versión del historiador Raúl Ospino Rangel, La Ciudadela 29 de Julio ‘Pepe Gnecco’, fue construida como parte de un programa de viviendas de interés social del Gobierno Nacional, sobre los terrenos que hace más de 40 años pertenecían a las haciendas del Mayor Linero y José Francisco Riascos Díazgranados, dueños de las fincas El Pando y San Antonio del Piñón, respectivamente. 

El busto fue entregado por el Instituto de Crédito Nacional para homenajear a Gnecco Correa, quien perdió la vida en la toma al Palacio de Justicia.


Lo que a la vista de todos era un potrero sin muchas novedades, fue el terreno perfecto para darle forma a la visión de desarrollo que en ese entonces existía para esa zona de la ciudad. Siendo así, que no sólo La Ciudadela nació de dichas calles polvorientas, sino también barrios que responden a los nombres de El Pando, Ribera del Río y Villa Alejandría. 

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Los amplios espacios abiertos con los que contaba permitieron que el sector fuese conocido en la década de los 80s como ‘el barrio de los parques’, teniendo en cuenta que eran más de 10 lo que existían en aquella época para el encuentro de las decenas de familias que recién se mudaban a sus nuevos hogares. Precisamente, la existencia del abogado Gnecco quedó inmortalizada con la instalación de un busto en su honor, entregado por el Instituto de Crédito Territorial, reemplazado en 1991 por el Instituto Nacional de Vivienda de Interés Social y Reforma Urbana, Inurbe. 

Ubicación geográfica de La Ciudadela.


La vida en La Ciudadela 
Doña Petrona Martínez es conocida hoy en La Ciudadela por ser una de las primeras habitantes de este popular sector del Distrito, cuyas fiestas populares se celebran al mismo tiempo que la fundación de Santa Marta. En conversación con EL INFORMADOR cuenta que recuerda con claridad haber llegado a su casa los primeros días de enero de 1988, poco después de celebrar el año nuevo, para empezar de cero en el hogar que recién había adquirido con su esposo. 

En medio de su relato, cuenta que se trataba de un pedacito de tierra acogedor que, aunque no estuviese pavimentado, le brindaba lo suficiente para ser feliz. “Eran unas casitas de dos habitaciones, salita, baño y una cocina pequeñita, la segunda etapa eran puros terrenos que habían sido ganaderos, había muchos árboles, de mango, almendra, de todo tipo, puro monte”, exclama. 

Doña Petrona Martínez y su hija, Angie Cueto, ambas residentes en el barrio La Ciudadela 29 de julio.


Las casas, al hacer parte de un proyecto de viviendas populares del Estado, pudieron comprarlas por un millón de pesos (cifra que hoy, dada la inflación, serían cerca de $34 millones) con módicas cuotas que partían de $39.000, con un aumento anual al que la señora Martínez se refiere como mínimo. 

 Así mismo, menciona que el privilegio con el que contaban era grande porque no tenían problemas de ningún tipo el agua, incluso luego de haber remodelado su casa para hacerla de dos pisos, podían hacer uso del preciado líquido sin necesidad de motobomba y con una presión que actualmente rara vez puede volver a ver. 

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El clima, por otro lado, también es uno de los mejores recuerdos de hace casi cuarenta años, pues afirma que en las noches se sentía frío y una brisa que, a diferencia de hoy, no los obligaba a refugiarse en habitaciones con aire acondicionado para contrarrestar las altas temperaturas que el paso del tiempo y la deforestación ha traído consigo. 

“El barrio ha cambiado mucho, hay más urbanización, está más poblado, sobre todo para los lados de la universidad que antes también era monte”, manifiesta, sin dejar de mencionar que la inseguridad siempre ha sido un tema recurrente para quienes allí habitan, debido a que colindan con sectores todavía considerados vulnerables. 

Por otra parte, la pujanza de los vecinos de hace casi cuatro décadas quedó evidenciada con la iniciativa conjunta de pavimentar con recursos propios las vías aledañas a sus viviendas, con el fin de darle una mejor cara a La Ciudadela. Fue así como con mano de obra local y el dinero recogido por los habitantes se le pudo dar forma a este proyecto que hoy es uno de sus mayores motivos de orgullo.  

Aunque doña Petrona vive feliz, no deja de dirigirse a las autoridades locales para pedirles que no se olviden de las necesidades que hoy padecen, siendo la principal el agua, que llega cada ocho días y la inseguridad, que afecta por igual a los habitantes del barrio y la multitud de jóvenes que desde la universidad transitan hacia todos los demás sectores de la ciudad. 


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