A 300 metros sobre el nivel del mar, en la zona occidental de la Sierra Nevada de Santa Marta, las mujeres tejedoras conservan la tradición histórica de los indígenas arhuacos, plasmando sus conocimientos a través del arte con la producción de mochilas en diferentes materiales.
Por: César Barrera Palomino
EL INFORMADOR.
Fotos: Adrián Toncel / César Barrera / #ElInformaDron
La comunidad arhuaca se ubica entre los departamentos de Magdalena, Cesar y La Guajira, entre las cuencas altas de los ríos Aracataca, Fundación, Ariguaní y Guatapurí. Desde hace 16 años, el Gobierno nacional -durante el mandato de Álvaro Uribe Vélez- inauguró el pueblo de Kankawarwa, donde ahora habitan más de 23 familias de esta etnia, en viviendas tradicionales en las que se mantiene la historia ancestral del tejido de mochilas.
En sus tiempos libres, después de realizar sus compromisos y actividades de casa, como cuidar a sus hijos, atender al esposo, encargarse de los animales y cultivos en las fincas, las mujeres se sientan a tejer mochilas. Este oficio lo consideran como algo sagrado. Se asemeja a la escritura de un diario en el que se plasman los pensamientos y los códigos que les son conferidos por la naturaleza.

El tejido hace parte de las mujeres arhuacas, quienes son las encargadas de mantener viva una cultura hereditaria, un conocimiento que se ha transmitido de generación en generación durante siglos. Aunque los varones tienen el pre saber de la elaboración de mochilas, son ellas quienes perfeccionan este arte y lo convierten en portador de energías positivas. En la Sierra Nevada no existen grupos pequeños de mujeres que se dediquen solamente a esa actividad, pues todas saben tejer.
Según explicó a EL INFORMADOR Judith Marina Torres, líder arhuaca, durante el embarazo es cuando las mujeres deben transmitir más conocimiento al bebé que viene en camino. Cuando nacen, los mamos realizan el bautizo y, si es niña, se le fortalecen las labores como el tejido o el hilado.

Proceso de aprendizaje
Desde la edad de tres años, las niñas ya tienen noción de aprendizaje y comienzan a tejer las mochilas de acuerdo al conocimiento y capacidad de cada una. “Siempre se inclinan a tejer mochilas, a escarmenar algodón, que consiste en sacarle las pepas para poder hilarlo. Las madres les van afianzando esa enseñanza de acuerdo al crecimiento hasta que lleguen a una etapa en la que empiecen a tejer bien. Desde los siete años en adelante ya las niñas conocen como tienen que ser las puntadas. Ya de ahí comienzan solas hasta que aprenden a perfeccionar los diseños”, añadió Judith Torres.
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Cuando las niñas finalizan su primera mochila, deben entregarla a alguien que sea mayor, como por ejemplo un mamo, o alguien representativo en la comunidad, como una primicia y para que se conserve todo su futuro en esa mochila. De ahí en adelante, las pequeñas empiezan a tejer mochilas para el papá y los hermanos hasta que se vuelven adultas y tejen para el esposo.
Para los hombres las mochilas tienen una importancia especial y las consideran como un detalle íntimo, pues representan el cariño y el amor que tiene un conocimiento. Así lo comentó en diálogo con EL INFORMADOR Arvavín Bolívar Chaparro, docente de lengua materna en Kankawarwa, quien añadió que: “los varones tenemos que valorar cuando una madre, hija o esposa nos da una mochila”.

Para los arhuacos, el tejido hace parte del amor, tradición, armonía y respeto. Por esa razón, hace 21 años las mochilas no se vendían. No obstante, a medida que fue pasando el tiempo, cuenta la comunidad que la gente se dio cuenta de la importancia de este elemento que sirve para guardar y llevar objetos, y se empezó a fortalecer la comercialización.
“Principalmente antes no estaba permitido comercializar las mochilas porque hacían parte de algo sagrado, pero como a los pueblos occidentales les gustó esa artesanía, dejamos lo propio en nuestras ‘kankurwas’, como las mochilas de algodón en su forma, y se propuso hacer otra mochila que representara esa misma base, pero que fuera un poco más comercial, incluso hasta materiales como alpaca, algodón que es un poco más sagrado, o el fique”, agregó el profesor Bolívar Chaparro.

¿En cuánto se hace una mochila?
La líder arhuaca Judith Marina Torres, quien hace parte de la Asociación de Productores del Pueblo Arhuaco de la Sierra Nevada de Santa Marta (Asoarhuaco), contó a EL INFORMADOR que en el proceso de la elaboración de una mochila las mujeres se toman aproximadamente un mes, si tienen todo el material listo para tejer.
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Para Torres, “hoy la venta de la mochila se ha vuelto el medio de sostenimiento de las familias. Es la única entrada que tienen las mujeres en cada familia de la comunidad. Si una mujer teje en un mes una mochila y se la compraron en $120.000, es lo único que le va a entrar. Hoy tenemos muchas personas intermediarias comprando mochilas a un precio bajo, pero ahí vamos. A través de una asociación hemos trabajado el mejoramiento y perfeccionamiento de las mochilas, eso les ha dado un valor diferente por su estética. Ha cambiado el valor en signo pesos”, dijo.

Los costos de las mochilas arhuacas podrían variar dependiendo del diseño, del material y del tamaño. Los nativos afirman que las mochilas “tienen algo especial, un valor cultural que atrae. Algo tienen, porque las ven y las quieren tener”.
Diseño arhuaco
Para los indígenas, el territorio de la Sierra Nevada está lleno de códigos ancestrales que son defendidos y plasmados mediante los tejidos. Se ven reflejados en rocas y piedras y las mochilas simbolizan los códigos de la naturaleza.

El educador Arvavín Bolívar Chaparro afirma que “hay diferentes figuras, como cuando se habla de la hoja propia del lugar. Las mujeres se inspiran en llevar ese lenguaje de la naturaleza en la mochila, más que el pensamiento de la familia. Los dibujos son como una lectura, es un lenguaje que utiliza figuras. Aparte de eso, en la cultura arhuaca también estamos repartidos por castas. Cada familia, dependiendo de cada casta que venga, debe conservar la figura y las formas”, manifestó.
La Sierra Nevada de Santa Marta está habitada por cuatro comunidades que conforman los Arhuacos, los Kogis, los Wiwas y los Kankuamos.
Bolívar Chaparro dice que los hombres también tienen un pre saber, porque a los niños los ponen a tejer y hay varios tipos de mochilas. “Cuando hablamos de mochilón, es una mochila que se utiliza para las cargas, para traer bastimento desde las fincas hasta las casas. También se implementa a los varones tejer en la hora de descanso. Todo eso lleva al pre conocimiento que se tuvo con la madre”.
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Judith Torres asevera que los diseños son propios de la cultura arhuaca. “Los tenemos con diferentes nombres, cada uno profundiza en los códigos de la naturaleza. Por ejemplo, hemos traducido unos como: pensamiento del hombre y pensamiento de la mujer. Y así se transmiten sucesivamente desde los códigos. Estos códigos se mantienen en las piedras, en el agua. Todo lo que tiene que ver con la naturaleza es lo que plasmamos en la mochila”, puntualizó.

Torres añadió que siempre han tenido otros oficios como “el hilado de la lana, del algodón, del maguey. El maguey acostumbramos a hilarlo en las piernas, es complicado, pero quien tiene la práctica lo realiza y se puede hacer una mochila. Hay quienes se acostumbran a hilar en huso o en carrumba, pero esta última es de otra cultura y lo hemos adaptado para avanzar el oficio. Nosotros no solo hacemos el tejido en lana de ovejo, sino también en fique, en algodón, en lana acrílica, pero la que más usamos en los espacios en los que se les está transmitiendo el conocimiento y enseñanza a las niñas es el algodón”, detalló.
Producción de mochilas en Kankawarwa
En Kankawarwa, la materia prima que más se utiliza para hacer mochilas es la lana de ovejo, pero no todas las familias la tienen y les toca hacer trueques con las familias que tienen las crías, que son generalmente las que viven en el Cesar. Consiguen la lana en bruto y en la comunidad la lavan, la escarmenan, le quitan todo lo que no se presta para hilar y la envuelven. Todo el proceso se debe hacer de manera delicada, debido a que si el material se pone muy duro, no se deja trabajar.
Kankawarwa se construyó sobre un predio de 114 hectáreas.
Explica Judith Torres que después viene el proceso de hilado. “Tenemos un sistema diferente de tejer a los indígenas del sur de la Sierra Nevada. Primero hilamos la lana, después, hay que hacer dos pelotas que se puedan unir y viene la corchada para iniciar el tejido de la mochila. Ponemos dos hilos en uno para que la consistencia y el tejido sea distinto. Cuando tengamos los hilos preparados iniciamos el tejido. Nos podríamos tardar entre un mes o mes y medio dependiendo de los diseños. En el tejido representamos un conocimiento globalizado. Hay mujeres que no saben leer, no han ido al colegio, pero están plasmando las matemáticas en la mochila. También la escritura. Cada línea tiene nombres que van alusivos a la naturaleza, ahí está la geografía”, manifestó la lideresa en entrevista con EL INFORMADOR.

¿Cómo se distingue la mochila arhuaca?
El profesor Bolívar Chaparro insiste en que hay estéticas que se mantienen en las kankurwas (lugares ceremoniales o de reunión de la comunidad) y que no se comercializan. “La naturaleza estéticamente no es que sea tan perfecta, a través de eso tenemos nuestros tejidos propios. Utilizamos un material más adaptado a los hermanos menores para comercializar”, dijo.
La elaboración de una mochila arhuaca en Kankawarwa puede durar entre un mes y mes y medio.
Sobre las diferencias con las elaboraciones de las otras etnias, el docente enseñó que “es fácil reconocer la mochila arhuaca y es por la figura. Son cilíndricas o rectangulares. El tejido de la gasa es de acuerdo a la estética. Las koguis son más abiertas, como en ‘V’. Lo otro es el material. La tradicional tiene contextura rectangular. Por ejemplo, algunas representan la línea que nos divide y nos representa como Sierra. El plato representa el inicio del mundo, a veces se encierran unas figuras. Expresa que inicia un pensamiento y termina. Hay algunas que representan las figuras de las hojas de algún lugar. Cualquier cosa que los arhuacos hacemos tiene que ser con el permiso del mamo. Si a alguien le dieron permiso de hacer una figura y quiere hacer otra debe solicitar permiso”, concluyó.
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Judith Torres complementó que los arhuacos tienen puntadas diferentes al tejer. “Son propias por el perfeccionamiento y la estética. Los koguis tejen con la misma puntada, pero tienen formas distintas de tejer. Nuestra mochila es de forma cilíndrica. Va igual de tamaño y ancho. Comienza y termina igual. La de los koguis inicia y se va abriendo y queda más abierta. Los kankuamos no tienen diseños y son copiados de nuestras mochilas. A pesar que son las mismas puntadas, siempre se diferencian”, enfatizó.

Asentamiento Kankawarwa
Para llegar a este asentamiento arhuaco, se debe subir por Santa Rosa de Lima, cruzando por un tramo de la vía que conduce desde Santa Marta hacia Fundación. Desde el paso por Santa Rosa, se recorre una trocha que por algunas partes tiene placa huella y se tarda aproximadamente una hora. Según información del Gobierno nacional, Kankawarwa colinda al oriente con el río Nabusimake, al occidente con la quebrada La Cristalina, y al norte y sur con predios de campesinos.
En mayo del 2022, un voraz incendio consumió más de 15 casas del resguardo indígena arhuaco en Kankawarwa.
Añade la reseña que ‘Kankawu’ significa “banco sagrado”, y ‘Rwa’, lugar. Los mamos arhuacos manifestaron que en ese lugar surgieron los conocimientos necesarios para practicar los ritos, ceremonias y pagamentos, para la protección de todas las formas de vida.
El asentamiento cuenta con al menos 22 ranchos tradicionales y un espacio comunal. En el centro de las chozas hay una zona verde rodeada de piedras. También hay un colegio que lleva el nombre de Institución Educativa y Pluricultural Kankawarwa Sierra Nevada. Está rodeado de montañas y una copiosa vegetación.
Con el arte de tejer mochilas, las mujeres atesoran la identidad cultural y el legado de la comunidad. Actualmente estos artículos siguen ganando reconocimiento a nivel nacional y mundial, aunque aún no han entrado en los grandes mercados. El apoyo y el reconocimiento que se les pueda dar a las mujeres tejedoras es fundamental para preservar la ancestralidad de los indígenas.
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