Las rutas del café en la Sierra Nevada: Historia, aroma y turismo con sabor a montaña

El grano que nace entre la montaña y el mar. Café de altura, sabor auténtico desde la Sierra Nevada de Santa Marta. Derechos Reservados/ELINFORMADOR

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De las antiguas haciendas fundadas por extranjeros a las fincas que hoy reciben visitantes, el café de la Sierra Nevada de Santa Marta es más que un producto de exportación; es una experiencia cultural y turística que conecta a las comunidades rurales con el mundo.

Equipo de redacción EL INFORMADOR.

Cultivado bajo sombra el café de la Sierra Nevada de Santa Marta ha evolucionado de ser una actividad agrícola tradicional a convertirse en una fuente de turismo sostenible. La historia de sus fincas, su gente y su sabor siguen cautivando a todo el que lo degusta.

Vea video completo Las rutas del café en la Sierra Nevada:

Un café con raíces profundas

La historia del café en Colombia es amplia, pero pocos territorios pueden presumir un relato tan singular como el de la Sierra Nevada de Santa Marta. Fue en este macizo montañoso, único por su cercanía al mar y su diversidad climática, en donde el café encontró desde mediados del siglo XVIII un terreno fértil.

Panorámica de la Finca La Victoria, fundada en 1892 por inmigrantes ingleses.
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Aunque los primeros cultivos se atribuyen a misioneros jesuitas alrededor de 1741, el auge llegó más tarde, a finales del siglo XIX, cuando empresarios extranjeros comenzaron a ver el potencial de esta tierra para producir café de alta calidad. Fue así como surgieron fincas que hoy son emblemas tanto históricos como turísticos.

Una de las más representativas es La Finca La Victoria, ubicada en Minca y fundada en 1892 por inmigrantes ingleses. Su nombre, “The Victoria Coffee Company”, hace honor a la Reina Victoria, y todavía conserva parte de su infraestructura y maquinaria original. Aquí, el café se produce utilizando un sistema hidráulico alimentado por las aguas que bajan de la Sierra Nevada, lo que la convierte en una de las pocas fincas que aún mantienen un sistema ecológico y mecánico tradicional. Hoy, La Victoria es un destino turístico donde los visitantes pueden recorrer las plantaciones, conocer el proceso de producción y disfrutar de una taza de café rodeados por el verde de la selva y el canto de las aves.

Maquinaria que usan en la Finca La Victoria para procesar el café
que es cultivado en la misma propiedad.
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A poca distancia, otra finca con historia sobresale, la Hacienda Cincinnati, fundada por el estadounidense Orlando Lincoln Flye en 1898. Esta propiedad comenzó sembrando la variedad Típica y en pocos años, logró exportar café a Estados Unidos. Cincinnati se convirtió en un símbolo del empuje extranjero que marcó el desarrollo agrícola del Caribe colombiano en los albores del siglo XX.

Turistas haciendo el tour del café en la Finca La Victoria ubicada en el
corregimiento de Minca, zona rural de Santa Marta.
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Café, comunidad y turismo

Más allá de estas fincas históricas, hay un entramado de pequeños y medianos caficultores que han apostado por combinar la producción con el turismo. La Finca La Candelaria, por ejemplo, es una empresa familiar que ha integrado el cultivo de café y cacao con experiencias educativas para el visitante. A través de recorridos guiados, se explica cada etapa del proceso, desde la siembra hasta la taza, generando un vínculo directo entre productor y consumidor.

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Otra joya en las alturas es la Finca La Milagrosa, ubicada a unos 1.600 metros sobre el nivel del mar, en la vía que conduce hacia el Cerro Kennedy. Esta finca ofrece no solo café de altura, sino también una experiencia sensorial y visual: vistas panorámicas de la Sierra Nevada de Santa Marta, senderos naturales, y una atmósfera de tranquilidad perfecta para desconectarse. Muchas de estas fincas, además de cultivar café de manera orgánica y sostenible, ofrecen alojamiento de calidad, lo que ha dinamizado el turismo rural en la región.

Esta apertura al turismo ha permitido que las comunidades locales diversifiquen sus ingresos, especialmente en temporadas en las que no hay cosecha. Recordemos que en la Sierra Nevada solo se realiza una cosecha al año (entre octubre y enero), lo cual, si bien afecta el flujo económico, también contribuye a que el grano sea de mejor calidad, más grande, con notas achocolatadas y un perfil sensorial que incluye aromas dulces y anuezados.

Cultivo bajo sombra

Uno de los aspectos que diferencia al café de la Sierra Nevada de Santa Marta es que su cultivo se realiza bajo sombra. Esto significa que los cafetales crecen protegidos por árboles nativos que ayudan a conservar la humedad, regular la temperatura y aportar nutrientes al suelo. Este método, además de cuidar el medioambiente, mejora el sabor del grano y reduce la exposición directa a la intensa radiación del Caribe colombiano.

Cultivos de café bajo sombra, lo que hace al grano producido en la Sierra Nevada
de Santa Marta único por sus notas achocolatas y anuezadas.
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El modelo de cultivo ha sido adoptado también por comunidades indígenas como los Arhuacos, Koguis, Wiwas y Kankuamos, quienes han hecho del café un producto no solo comercial, sino espiritual y cultural. Algunas de estas comunidades han logrado certificaciones de café orgánico y de comercio justo, posicionando sus productos en mercados internacionales con un valor agregado: el respeto por la tierra y sus tradiciones.

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Datos clave del sector

Según cifras de la Federación Nacional de Cafeteros:

En la Sierra Nevada de Santa Marta hay 4.194 familias productoras.

Existen 5.178 fincas cafeteras registradas.

Se cultivan 17.917 hectáreas de café, principalmente en el sector rural de Ciénaga.

En 2019, se produjeron 781 toneladas de café, exportadas a países como Francia, Japón, Corea, Estados Unidos y los Países Bajos.

Las variedades más comunes en la zona son: Castillo, Colombia, Típica, Caturra, Tabí y Cenicafé 1, todas pertenecientes a la especie Coffea Arabica.

Un café que se degusta y se vive

El café de la Sierra Nevada de Santa Marta no es solo una bebida: es una puerta de entrada a un mundo en el que la historia, la naturaleza y las culturas ancestrales se encuentran. Las rutas del café en esta región ofrecen mucho más que una taza: brindan conocimiento, contacto con la tierra y una vivencia auténtica de lo que significa sembrar, cosechar y transformar una tradición en oportunidad.

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