Cátedra Alfonso Castellanos

: Alfonso Castellanos. Foto archivo EL INFORMADOR. Derechos Reservados

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Por Mario Ibarra Monroy
Redacción EL INFORMADOR

Su figura no pasa desapercibida entre los clientes del café que frecuenta. Impecable de blanco y portando el acostumbrado corbatín estampado, hace que cada cuarentón transeúnte lo relacione en sus recuerdos.

Nadie se atreve a preguntar, incluso, hasta el portero del condominio donde reside estuvo poseído por esa duda. Pero al final esa voz subconsciente tiene razón: es Alfonso Castellanos.

Sí, el mismo que resolvió por más de veinte años las preguntas más rebuscadas e insólitas de los colombianos: ¿Cómo hace para respirar un pollito dentro del huevo? O ¿Por qué el músculo se llama esternocleidomastoideo?

'Yo sé quién sabe lo que usted no sabe' se convirtió en un referente de esa televisión culta que extrañamos los de una generación atrás, liderada por la sapiencia de este hombre nacido en Málaga, Santander, pero con pinta del propio cachaco que se despoja de su decencia al rememorar las viejas perradas políticas cometidas durante el Frente Nacional.

Aquí en Santa Marta habita uno de los pocos pioneros sobrevivientes de la Televisión nuestra. Al primero que se le ocurrió crear un informativo en la pantalla chica, cuando toda la credibilidad se la llevaban las casas radiales.

El que por 11 horas ininterrumpidas llevó a los colombianos en vivo y en directo, a punta de conocimiento pleno, la llegada del hombre a la Luna.

El que se inventó junto a un trío de visionarios, entre ellos Yamid Amat, la revolución de las noticias en AM desde bien temprano.

Toda esa trayectoria que sirvió como despegue al periodismo moderno en Colombia, comparte mañanas y tardes de tertulias amenizadas con historias bolivarianas y consultas que no hacen ni cosquillas de esfuerzo a su mente prodigiosa, en medio de la multitud hipnotizada por la tecnología y la trivialidad estática en las vitrinas del centro comercial donde se refugia.

Para indagar por ejemplo los motivos que lo llevó a estar con su familia en Santa Marta, bastó con resumir en 10 minutos las bondades que para el corazón es estar a nivel del mar y la lucha prehispánica de los habitantes del altiplano contra el oxígeno, incluyendo los beneficios que ofrece consumir hoja de coca en Bolivia.

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"Ustedes los costeños deberían ser las personas más inteligentes de Colombia", concluyó con esa frase el introito de una magistral cátedra de cultura general que se avecinaba una tarde en su apartamento.

Lo que se había planeado como una breve reseña de su vida en la ciudad veraniega, él mismo lo desbarató con sus oportunos apuntes, salpicados de crítica y de un desinhibido humor negro.

Era imposible encontrarlo en distinta actividad. Sumergido en los primeros capítulos de 'Por qué fracasan las naciones', de DaronAcemoglu y James Robinson, que nos daba la bienvenida.

Cuando se le preguntó cuántos ejemplares reposan en su biblioteca atinó a decir 15 mil en su finca de Bonda y otros 10 mil que dejó en Bogotá.

Sin duda una cifra reservada para genios, pero que de inmediato aclaró: "No crea que todos me los he leído".

Y con calculadora, lápiz y papel dedujo que podría durar unos 480 años en leerlos en su totalidad, partiendo de la base que sería lo único a lo que se dedicaría.

¿Para dónde iba la entrevista? No lo sabía. Era no más escuchar y escuchar frase tras frase que recorría largos pasadizos intelectuales y verlo volver como un laberinto resuelto por décadas al punto de partida.

"No es que usted esté hablando con un prediluviano de los medios de la comunicación", frase que antepuso cuando mencionó sus inicios a los ocho años en la rotativa del periódico El Liberal de Alfonso López Pumarejo y Alberto Lleras Camargo, dos de los más grandes periodistas que ha admirado.

El 'indio chitarero' sienta cátedra

Apela a ese patriotismo precolombino cuando se autodenomina 'maestro chibcha', sin importarle que su talante lo llevara a realizar la primera de las tantas transformaciones del diario El Tiempo, cuando introdujo los titulares de dos y tres palabras.

"Yo soy periodista de periódico. Dicen que soy el mejor diagramador y titulador que ha habido en Colombia", argumenta con orgullo y remata con elegante sarcasmo: "Después vinieron los ingleses y franceses, genios mundiales del periodismo que cobraron millones y millones de dólares. Alfonso Castellanos, por haber enseñado a redactar, a editar; a darle valor a una fotografía, un reportaje, una crónica, una entrevista, no recibió ningún reconocimiento".

Y como buen taurófilo inserta la estocada final: "Reconocen a los 'santicos', esos sí son unos genios, esos sí saben de periodismo".

El 'indio chitarero' que aprendió el oficio de contar historias en la Escuela Oficial de periodismo, en la calle Zurbano 55 de Madrid, se transforma cuando la política lo roza.

Para su intuitivo análisis, desde la muerte de Gaitán, los dos partidos hegemónicos se funden, convirtiéndose en la máxima godarria, tirándose a Colombia y de paso corrompiéndola.

Entra y vuelve a ensartar cuando detalla las armas utilizadas en la matanza política y empalma con lucidez las malas decisiones para desembocar en la guerra de los Mil días, otra de las grandes estupideces que considera ocurrió en Colombia.

"Llevamos 13 guerras civiles, incluidas la actual y más de 60 conflictos armados a bala". Y cual si fuera un comentario frívolo de Pacho Santos, arremete que la bandera debería tener como símbolo la de los piratas: negra con una calavera y dos huesos cruzados.

Incursionó en la política como secretario de prensa del Gobierno de López Michelsen, siguiendo una revolución social que nunca prosperó y que le hizo saber al presidente sólo cuatro meses después de haberse embarcado en el cargo.

Lo bueno y lo malo del periodismo

En la Bogotá postgaitanista y en plena guerra de partidos, lo designan director de la Radio Cadena Nacional.

"En esa época no había periodistas de radio sino poetas, con versos. Aquí se botaba la energía eléctrica contra las montañas porque por falta de contenido". Toma una pausa y suelta otra ráfaga impregnada de realidad que no se aprende en las facultades de comunicación:

"Escribir para televisión no es como hoy. Las chambonerías de los tales noticieros consiste en recoger los cables del teletipo tal cual los ponen y dárselas a una tal 'presentadora' que exhibe más sus pechos y sus gestos que la respetabilidad que le da a la noticia".

No traiciona sus principios elocuentes cuando admite no consultar para nada la Internet. Reseñas de su trasegar no aparecen en portales especializados. No posee cuenta en Facebook o Twitter, algo que hace parte hoy día del periodismo de las redes sociales.

Eso le dio pie a otro de sus frenteros dardos. Esta vez directo a las facultades de Comunicación Social. "Tengo que darle un comentario fúnebre: Yo de dictador o de ministro, jamás le habría permitido que al pueblo colombiano se le engañara con las tales escuelas de comunicación, donde se enseña comunicación con un tablero y una tiza".

"Pregúntele a la revista Esquire, a la revista Paris Match, a la revista Hoje de Sao Paulo, ¿Qué es periodismo? O pregúntele a Alfonso Castellanos, que da igual" (risas).
 

Dice con autoridad lo que piensa

"Si usted hace televisión para enaltecer a los capos y luego hace televisión para enaltecer a las putas de los capos, entonces, usted no está haciendo televisión".

"De cada diez estudiantes de Comunicación Social, ocho son mujeres brutas, ilusionadas con salir retratadas con los senos afuera como las grandes divas de Hollywood".

"Yo sé quién sabe lo que usted no sabe, es un milímetro de hondo encima de las fosas de las Marianas, que tienen 11 kilómetros de profundidad".

 

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