Santa Marta y El Rodadero: donde la tradición se 'saborea' en cada esquina

Las obleas se venden comúnmente en puestos callejeros, o en las pintorescas playas como El Rodadero y Santa Marta, siendo una opción popular preferida tanto por los locales como por los turistas.

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Desde el 'raspao' hasta las populares cocadas de coco y piña, pasando por los cocteles de camarones y ostras, los vendedores incansables  en estos  sectores turísticos, son parte integral del tejido social y económico de la ciudad.



En este aniversario histórico, no se puede  olvidar la invaluable contribución de los vendedores de las playas a la identidad y el espíritu de Santa Marta y El Rodadero.  Son más que simples vendedores; son guardianes de la tradición, embajadores de la cultura y pilares de la comunidad y en estos casi 500 años de historia, su labor sea celebrada y reconocida como parte inseparable del alma cultural y tradición de esta maravillosa ciudad costera.

El sabor inigualable del 'raspao'
Llegó el verano a Santa Marta y con él, el inconfundible sonido de la campana del vendedor de 'raspao' que recorre las playas de la ciudad de Santa Marta
. Su melodía, dulce y alegre, anuncia la llegada de este refrescante y colorido manjar.

Héctor Mendoza, con sus 40 años de experiencia, es una figura destacada que ha cautivado a los habitantes de Santa Marta con sus deliciosos raspados. Durante una conversación con él, compartió su sabiduría al afirmar: "He aprendido a entender los gustos de cada persona. Cada producto está hecho a medida para los clientes. Mientras que los barranquilleros prefieren el tamarindo, los samarios disfrutan el sabor a cola, y a los paisas les encanta el limón o el tamarindo".

Sin embargo, en cuanto a las ventas de raspao, ha habido un cambio significativo. De vender entre 400 y 500  anteriormente, ahora apenas se alcanza la mitad de esa cantidad.

Toque dulce, las obleas
Con 20 años de experiencia, Franklin Mejía, se despierta todas las mañanas con la misión de alegrar el día de los niños y de los turistas que visitan las hermosas playas de Santa Marta. Con su amplia gama de productos tradicionales, logra cautivar la atención y el corazón de cada uno de sus clientes.

Lo que distingue a las obleas de Santa Marta es su relleno característico, que puede variar desde dulce de leche hasta arequipe, mermelada de mora, chispitas de colores, queso y otros ingredientes populares. Estas obleas se venden comúnmente en puestos callejeros, o en las pintorescas playas que bordean Santa Marta, siendo una opción popular preferida tanto por los locales como por los turistas.

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Artículos como baldes, palas, tubo flotadores, guardaplata y otros que estén “mandando la parada”, se venden como pan caliente en las blancas arenas de El Rodadero.

Artículos para el mar


José Martínez Salcedo ha dedicado los últimos 25 años de su vida a ofrecer productos de la más alta calidad para disfrutar del mar, convirtiéndose en un referente en este campo. Su compromiso con la excelencia y la innovación ha marcado una diferencia significativa en el sector, asegurando que sus clientes reciban solo lo mejor. Además, José a través de una entrevista con EL INFORMADOR manifestó que, “siempre me he distinguido por ser un vendedor tranquilo y racional. En 1971, mientras estaba en el ejército en la ciudad

La tradición de las  cocadas
Las cocadas, esos deliciosos dulces tradicionales hechos de coco, tienen una historia ligada a las mujeres de Cartagena. Estas emprendedoras comenzaron vendiendo sus productos en las playas de la ciudad y, con el tiempo, han logrado transformar su labor en una microempresa exitosa. Este proceso no solo destaca la dulzura de las cocadas, sino también el ejemplo de éxito y superación de estas mujeres. Sus productos son una verdadera delicia en la ciudad. Este dulce típico, conocido por su sabor único y su elaboración artesanal, es muy solicitado a la hora de tomar un baño en las cristalinas aguas del mar caribe.


Es importante destacar que este producto es altamente apreciado por los turistas, tanto por su exquisito sabor como por su variedad. Carlos Andrés Moradito lleva 6 años vendiendo cocadas en las diversas playas de la ciudad. Entre las más populares se encuentran las cocadas de coco y panela, siendo esta la tradicional. Por otro lado, ofrecen variedades como coco piña, coco leche, coco arequipe, coco guayaba, la alegría, y el caballito, elaborado a base de la fruta de papaya.

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Ceviches, lo típico del mar
Víctor Redondo, reconocido como uno de los cevicheros más populares en las playas de El Rodadero, en donde se destaca por ofrecer productos de alta calidad e higiene, ha cautivado a todos los turistas y visitantes de la playa. La tradición familiar de vender ceviches se remonta a más de 60 años, desde los ancestros de Víctor quien es de Ciénaga Grande.

Desde 1985, Víctor disfruta brindando una experiencia inolvidable a sus clientes. Con 39 años de experiencia en el oficio, se siente profundamente agradecido por el sustento que ha proporcionado a su hogar a través de la venta de sus productos. "Vendo entre 10 y 20 vasos de ceviche diariamente, cada uno a un precio de 10 mil pesos. Esto me permite alcanzar una ganancia diaria de 200 mil pesos, lo cual considero una cifra satisfactoria. Tengo dos hijos me llena de orgullo ver cómo han salido adelante gracias a mi trabajo", expresó.

Destacó que sus productos son muy apreciados debido a la higiene que mantiene. Cada vaso se refrigera con hielo; ofrece garantías adicionales ya que anualmente hace el curso de Manipulación de Alimentos.

Mangos
Cuando el sol empieza a calentar en las arenas de la playa de Santa Marta, una figura conocida por locales y turistas comienza su recorrido diario. Amanda, una vendedora de mangos originaria de Bogotá, ha pasado los últimos 25 años ofreciendo sus deliciosas frutas tropicales en esta vibrante ciudad costera.


Amanda llega a la playa con sus mangos frescos, cortados y listos para disfrutar. Su caminata diaria de 20 minutos, ida y vuelta, por la orilla del mar no solo es un ejercicio físico, sino una tradición que ha cultivado con dedicación y cariño. Los precios de sus mangos varían, empezando desde 5 mil pesos, haciendo de sus productos una opción accesible y deliciosa para todos los que visitan la playa. Amanda sabe que cada cliente tiene diferentes gustos y presupuestos, por lo que siempre está dispuesta a ofrecer algo que se ajuste a las necesidades de cada persona "Me siento satisfecha por mi trabajo, además por complacer a los clientes con una fruta tropical y que a la vez es tradicional", comentó Amanda.



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