El aniversario de la declaratoria resalta el trabajo conjunto entre comunidades, academia, sector privado y el Gobierno para proteger este ecosistema en la Orinoquía.
El Parque Nacional Natural Serranía de Manacacías celebra su primer aniversario como área protegida, consolidando un modelo de conservación basado en la participación comunitaria y el respaldo de diversas entidades. Ubicado en la región donde confluyen la Orinoquía y los Andes, el parque abarca sabanas, bosques de galería y sistemas hídricos esenciales para la biodiversidad.
La creación de esta área protegida respondió a criterios biofísicos y socioeconómicos, respaldados por un proceso de investigación y diálogo con la academia y las comunidades locales. Este esfuerzo permitió alcanzar acuerdos con propietarios de tierras y con empresas del sector hidrocarburos, las cuales contribuyeron al saneamiento predial mediante inversiones ambientales obligatorias establecidas por la legislación colombiana.
El Ministerio de Ambiente y Parques Nacionales Naturales de Colombia lideraron la iniciativa con el respaldo de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Además, participaron entidades como el Instituto Humboldt, la Universidad Nacional de Colombia, The Nature Conservancy (TNC Colombia), WWF Colombia y Wildlife Conservation Society (WCS Colombia), junto con autoridades locales como la Gobernación del Meta y la Alcaldía de San Martín de los Llanos.
A un año de su declaratoria, la Serranía de Manacacías sigue siendo un referente de conservación y desarrollo sostenible, con el reto de continuar fortaleciendo la gobernanza y protección de sus ecosistemas.
Caballero enfatizó que el recorrido del Fonag ha sido de “grandes éxitos y muchas lecciones”, al demostrar fuerza colaborativa y de participación. “Es una alianza que ha permitido la restauración y la protección de ecosistemas realmente estratégicos” como son los páramos, bosques y humedales, anotó al destacar la visión a largo plazo del fondo.
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Rehumedecimiento de humedal
Nacido en el año 2000, el Fonag, que empezó con proyectos de reforestación, ha cuidado desde 2010 aproximadamente 20.000 hectáreas de áreas de conservación hídrica en predios propios, y miles más en alianza con propietarios privados y con comunidades.
“Consideramos que ya son 70.000 hectáreas que están bajo un régimen adecuado”, resumió para hablar de las zonas que están bajo el sistema de áreas protegidas nacionales.
Tras 25 años de trabajo, De Biévre considera que están a “la vanguardia en lo que es restauración de páramo y, particularmente, de humedales dentro del páramo”. Y como hito mencionó el “primer rehumedecimiento de un humedal a 4.000 metros de altura en el Antisana (uno de los volcanes nevados que rodean a Quito) que fue drenado por el propietario anterior”.
De Biévre sostiene que, sin los 25 años de trabajo del Fonag, hubiesen tenido que buscar nuevas fuentes para llevar agua a Quito.
Actualmente la mitad del agua para Quito viene “desde las cabeceras de cuencas amazónicas, mientras Quito está en la cuenca del Pacífico. Sin el trabajo de conservación, seguramente hubiéramos tenido que ir más adentro a la Amazonía a traer agua con obras muy complejas: bombeo, túneles, sifones…”, comentó.
Biodiversidad
Caballero subrayó la importancia de lo hídrico: “El agua es todo: industria, salud pública, bienestar, educación”, y entre las lecciones de los 25 años del Fonag resaltó la comunicación, planificación, procesos de educación y participación de las comunidades, así como el monitoreo y la evaluación.
En su tarea de protección de las fuentes de agua, el Fonag ha generado algunos co-beneficios, como la conservación de la biodiversidad.
El área de conservación hídrica Antisana -por ejemplo- se hizo cargo de 8.000 hectáreas de páramo que estaban “en un estado extremo de degradación” por un “sobrepastoreo brutal de ovejas, de ganado vacuno”, lo que afectó a la fauna nativa.
Pero en los últimos quince años han regresado a la zona los venados de cola blanca, cambió la vegetación y se dio un equilibrio natural de la biodiversidad, afirmó Caballero.
En temas de política pública, el Fonag participó en estrategias nacionales de restauración y en la creación de la primera área de protección hídrica de Ecuador, que ahora tiene más de treinta.
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Nuevas amenazas
En este cuarto de siglo, el Fonag ha invertido más de 50 millones de dólares, y aunque aún hay fuentes de agua que requieren su atención, avanza hacia un régimen de mantenimiento, pues surgen amenazas como el crecimiento de la ciudad y el cambio climático.Para Caballero, capacitar a las comunidades es estratégico en el cuidado de los recursos hídricos, así como el fortalecimiento de soluciones basadas en la naturaleza, del monitoreo y evaluación, y del trabajo integral, pues los impactos de escasez de agua en los grandes asentamientos urbanos en Latinoamérica “pueden ser catastróficos”. EFE