Desde hace más de un siglo los mismos barcos con marineros ingleses que llevaron nuestro exótico banano a lejanas tierras de vuelta nos trajeron el balón y con este la aparición del fútbol en Santa Marta.
Equipo de redacción EL INFORMADOR.
Vea video completo Unión Magdalena: nuestro sufrido amor:
El pequeño objeto de poco más de 60 centímetros de circunferencia que desembarcó por las planchas de las naves quedó ligado a nuestros pies, primero a través de los jóvenes de familias empresarias de la época, y posteriormente al pescador del barrio Ancón, al pescaitero y al taganguero.

En la primera mitad de siglo XX, el fútbol se convirtió en un deporte social en la ciudad; dos hombres lo impulsaron a nivel profesional, el señor José Eduardo Gnecco Correa y Eduardo Dávila Riascos, quienes crearon en 1951 el Deportivo Samario, el cual dos años después, el 19 de abril de 1953 pasó a llamarse Unión Magdalena, un hermoso y sonoro nombre que junto a la Sierra Nevada y el mar son nuestra mayor identidad.
El 15 de diciembre de 1968 es la fecha más especial para Santa Marta en materia deportiva, ese día el Unión consiguió el único título que ostenta. Una estrella solitaria en el escudo testifica el histórico momento.
El Unión genera para la ciudad y sus hinchas un contraste de sentimientos; con orgullo presumimos de ser el primer campeón profesional de la región Caribe, pero lastramos con el dolor de cuatro descensos. Los peores fueron el del año 1999 por ser el primero y el del 2005 porque el equipo estuvo 13 años en el torneo de ascenso.
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La obviedad de decir que el Unión nunca ha sido un equipo que pelea títulos va más allá, y es que las veces que ha estado cerca de hacerlo pueden contarse los dedos de una mano. La gran diferencia del Unión ante otros equipos poco figurantes era el fortín en que se convirtió la ciudad. El respeto que infundía esta plaza para los rivales ha sido ratificado por jugadores, técnicos y periodistas de la época. Los rivales sabían que en el Eduardo Santos para meterse al área bananera buscando el objetivo del fútbol que es el gol, tenían que superar un bosque de piernas samarias que fungían como las más afiliadas hachas. Esa actitud se definió como la mística del jugador samario cuando se adhería la azul y roja a su piel. 
Ser hincha del Unión es un sufrimiento que se lleva con toda dignidad. ¿Qué mayor demostración de amor hay hacia un equipo cuando sus seguidores no le exigen títulos, que es el fin último del deporte? ¿Quiénes otros pueden enarbolar más alto la bandera de la estoicidad que el hincha samario? Es más fácil seguir al Nacional, América, Millonarios o Junior cuando sabes que los títulos llegarán tal vez un año sí y otro no. Pero amar al ciclón nos dignifica. El Unión tiene una hinchada fiel aún en el adestramiento de las derrotas. 
El escritor uruguayo, Eduardo Galeano, escribió que el fanático es el hincha en el manicomio. Tiene razón, solo a la locura se puede atribuir ir al estadio o seguir pendiente de tu equipo a riesgo de saber que serán más las derrotas que las victorias. ¿Qué se le puede pedir al Unión? Ya no los ha dado todo: su existencia.
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Quiero ir al viejo Eduardo Santos porque desde el centro de la cancha si uno alza la mirada hacia el sur de la ciudad, puede ver al final del horizonte la Sierra Nevada; sus cumbres son testigo de nuestras gestas y derrotas. Quiero caminar a la portería norte y darle un beso al “morrito”, extender los brazos y sentir “La Loca”, nuestra aliada natural. Quiero cerrar los ojos y sentir la tambora cienaguera y la sirena de Balín. Quiero tener una remembranza del exquisito dominio de balón del maestro Arango, un enganche del “Didì” Valderrama, de un pase a profundidad del Pibe para una corrida de la “Puya” Zuleta y gritar un gol de esos tan fuertes que iban más allá de la Villa Olímpica”. 
A nuestro único y sufrido amor solo podemos decirle una cosa, esa hermosa canción que cantan los hinchas del Liverpool a su equipo; You’ll never walk alone. Unión: Nunca caminarás solo.