El 31 de octubre de 2024, los habitantes del barrio San Fernando vivieron una de las noches más aterradoras desde la fundación del sector en 1963. Una avalancha de lodo, provocada por un torrencial aguacero, arrasó con todo lo que encontró a su paso: casas, carros, motos y sueños.
La corriente, que descendió con fuerza por las empinadas calles, dejó 132 personas damnificadas, nueve viviendas destruidas y decenas de familias que perdieron los esfuerzos de toda una vida en cuestión de minutos.
“En San Fernando nunca se había visto algo así. Siempre ha llovido fuerte, pero jamás una avalancha como esa”, recordó Wilfredo Olivares, líder comunal.

Una de las viviendas de la parte alta del barrio San Fernando destruidas por la fuerte corriente generada por las lluvias la noche del pasado 31 de octubre de 2024.Foto: Derechos reservados/ELINFORMADOR
El alcalde Carlos Pinedo Cuello y los organismos de socorro acudieron al lugar para atender la emergencia y acompañar a los afectados. A casi un año de la tragedia, el recuerdo sigue vivo entre el miedo, la solidaridad y la esperanza.
Pero esta historia no es única. Santa Marta tampoco olvida la tragedia de Las Malvinas,el eco del invierno de 1999, cuando una creciente del río Manzanares dejó más de 20 mil damnificados, 8.251 viviendas arrasadas y 28 mil hectáreas de cultivos destruidas en el Magdalena.

EL INFORMADOR registró el 20 de diciembre la llegada a Santa Marta del presidente de la República,Andrés Pastrana Arango, quien estuvo acompañado del alcalde Jaime Solano Jimeno y otras personalidades.Foto: Derechos reservados/ELINFORMADOR
El entonces alcalde Jaime Solano Jimeno y la gestora social Patricia Vives Lacouture encabezaron las labores de rescate y ayuda humanitaria, con el apoyo del presidente Andrés Pastrana Arango, quien viajó a la ciudad para anunciar ayudas millonarias destinadas a la reconstrucción.

El alcalde de la época, Jaime Solano Jimeno junto con Patricia Vives, gestora social, en la labor incansable de entrega de ayudas en los barrios afectados en Santa Marta.Foto: Derechos reservados/ELINFORMADOR
“Esa fue una situación muy difícil. El agua se llevó todo, pero solo pensaba en salvar a mi hijo de tres meses”, recordó Yaledis Cantillo, sobreviviente del barrio Las Malvinas, donde el agua alcanzó niveles nunca vistos.

Yaleidis Cantillo, testigo de las inundaciones en el barrio Las Malvinas en 1999.Foto: Derechos reservados/ELINFORMADOR
Estas tragedias, separadas por un cuarto de siglo, comparten el mismo dolor: el de familias que vieron desaparecer su hogar bajo el lodo y el agua.
San Fernando y Las Malvinas son heridas abiertas en la memoria samaria, recordatorios de la fuerza del invierno y la vulnerabilidad de una ciudad que, pese a todo, siempre se levanta.