#TBTELINFORMADOR: El terremoto de 1834 transformó la historia arquitectónica de Santa Marta

Plaza de la Catedral Basílica de Santa Marta antes del terremoto de 1834, con el estilo de construcción colonial. Pintura histórica

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El sismo dejó ruinas, víctimas y un cambio urbano profundo que llevó a abandonar el estilo colonial por tendencias republicanas europeas.

En la madrugada del 22 de mayo de 1834, exactamente a las 3:00 a.m., Santa Marta vivió uno de los desastres naturales más fuertes de su historia. Un terremoto de magnitud 6.4 sacudió la ciudad y gran parte de la Costa Caribe colombiana, llegando a sentirse incluso en Cartagena, Mompox, Riohacha y hasta Maracaibo, Venezuela.

El impacto fue devastador: cerca de un centenar de edificaciones quedaron en ruinas o inhabitables. Entre ellas, la Catedral Basílica de Santa Marta, considerada una de las joyas coloniales de la ciudad, sufrió daños estructurales severos. La iglesia de Santo Domingo se derrumbó por completo, y el hospital de San Juan de Dios también quedó destruido. El sismo afectó además a la Casa de la Tesorería, la Aduana, el colegio seminario y los cuarteles, dejando un panorama desolador.


Infografía: Servicio Geológico Colombiano (SGC)

Las consecuencias no terminaron ese día. En los cinco días siguientes se registraron constantes réplicas unas cincuenta en total, y la más intensa ocurrió el 25 de mayo. Estas sacudidas prolongadas obligaron a los habitantes a abandonar lo poco que quedaba en pie: muchos samarios acamparon en toldos improvisados y otros construyeron viviendas de bahareque en las afueras, buscando resguardarse ante la inestabilidad del terreno.

El terremoto no solo dañó las construcciones, también alteró el paisaje natural. En Pueblo Viejo y Mamatoco se abrieron grietas en el terreno; en los alrededores de Santa Marta hubo licuefacción de suelos, lo que provocó inundaciones temporales, y se reportaron deslizamientos en las laderas de la Sierra Nevada. En el corregimiento de Taganga, la iglesia quedó completamente destruida.

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Un episodio que alimenta la tradición oral de la ciudad fue la situación del sepulcro de Simón Bolívar, fallecido apenas tres años antes. El movimiento telúrico dejó semidestruida su tumba en la Catedral, y versiones históricas aseguran que Manuel de Ujueta y Bisáis resguardó los restos en secreto, para evitar que fueran profanados por detractores que, según se cuenta, deseaban arrojarlos al mar.

El censo de 1834 registraba 12.082 habitantes en el cantón de Santa Marta, 5.729 de ellos en la cabecera municipal. Aunque nunca se supo con exactitud cuántas personas murieron, las fuentes coinciden en que hubo decenas de fallecidos y cientos de heridos. El desastre generó una emergencia humanitaria de gran magnitud en una ciudad que recién empezaba a consolidar su vida republicana tras la independencia.

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La reconstrucción no fue rápida. Tomó más de un siglo levantar una nueva Santa Marta. Se dejó de lado el estilo colonial español y se adoptaron influencias arquitectónicas inglesas, italianas y francesas, propias del estilo republicano. Este cambio explica por qué, a pesar de haber sido fundada en 1525, Santa Marta no muestra hoy una fisonomía colonial tan marcada como Cartagena. La Plaza San Francisco, el antiguo mercado y el actual Palacio Tayrona son ejemplos de esa transición que se consolidó tras la tragedia.

Han pasado 190 años desde aquella madrugada, pero el terremoto de 1834 permanece en la memoria como el hecho que no solo destruyó a Santa Marta, sino que también definió su identidad arquitectónica y cultural, reescribiendo para siempre la historia de la primera ciudad fundada en Suramérica.

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