Por: Karoll Torres
Redacción EL INFORMADOREl colorido follaje de estos árboles embellece la ciudad en vísperas de la Semana Santa.
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Con la llegada de la primavera, las calles de Santa Marta se llenan de color gracias al florecimiento de los árboles nativos, especialmente el roble amarillo (Handroanthus chrysanthus), también conocido como araguaney, guayacán, cañahuate o tajibo. Esta especie, originaria de Centroamérica y el norte de Suramérica, ha encontrado en esta ciudad un entorno ideal para desplegar toda su belleza ornamental.
El roble amarillo, que puede alcanzar hasta ochenta pies de altura, florece desde el inicio de la primavera y, en algunos lugares, durante todo el año. En Santa Marta, su follaje amarillo cae formando tapetes naturales que embellecen aceras y parques, cautivando a residentes y turistas.
Expertos en ingeniería forestal explican que este fenómeno ocurre por el tipo de ecosistema en el que se encuentra la ciudad: el bosque seco tropical. Ante la escasez de agua, los árboles botan sus hojas y florecen como mecanismo de supervivencia.
Además del roble amarillo, otras especies como el roble rosado y las acacias también se suman al espectáculo visual que adorna sectores emblemáticos de Santa Marta. En medio de la canícula que precede a la Semana Santa, la naturaleza brinda un espectáculo que invita a la contemplación y al disfrute del paisaje.
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El florecimiento primaveral no solo adorna la ciudad, sino que también sirve de alivio frente al calor intenso, proporcionando sombra y frescura con su frondosa copa.