“La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio” — Marco Tulio Cicerón, El Reflexionador
Delegado de la Academia de Historia del Magdalena y Secretario Técnico de la Comisión Preparatoria del Quinto Centenario de Fundación de la Ciudad de Santa Marta
La verdad busca siempre la luz del sol. La Historia, en su labor crítica, reconstruye nuestro pasado y nos forma en el análisis de los vestigios de las acciones humanas. Su terreno es el de las probabilidades y las verosimilitudes, el de las explicaciones más plausibles sobre lo ocurrido. Esa contingencia y relatividad son, precisamente, su principal aporte a la sociedad.
Al igual que sucedió en Cartagena de Indias a comienzos de este año —cuando se anunció el “descubrimiento” del fuerte de San Matías en Bocagrande por el Grupo de Investigación de Patrimonio Cultural Sumergido de la DIMAR—, en Santa Marta hemos presenciado un episodio similar. Durante el IX Simposio de Arqueología e Historia Marítima, celebrado en la Universidad del Magdalena, el investigador Carlos del Caído (ICANH) anunció como hallazgo inédito la existencia de restos de fortificaciones españolas del sistema defensivo colonial de los siglos XVII y XVIII. La noticia fue replicada por medios locales, regionales y nacionales, e incluso en televisión nacional.
La Ley 1675 de 2013 es la “Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural Sumergido” en Colombia, que regula la investigación, recuperación y preservación de estos bienes y ejerce soberanía sobre ellos, estableciendo procedimientos para su exploración, intervención y aprovechamiento económico, y definiendo la autoridad y responsabilidades para su gestión, como el Instituto Colombiano de Antropología e Historia - ICANH y la Dirección General Marítima - DIMAR
Sin embargo, nada es más hermoso que la verdad, y nada más vergonzoso que aceptar la mentira y tomarla por verdad. No se trata de afirmar ni de negar de manera categórica, sino de comprender. Y comprender significa reconocer que no estamos frente a un hallazgo inédito. La existencia de las ruinas de los fuertes de San Juan de las Matas y San Vicente es de conocimiento ciudadano y académico desde hace décadas. Ambos yacen en el fondo de la bahía, a unos 90 metros del borde del camellón, frente a la calle San Antonio (20) y la calle San Vicente (11).
Ya en 1971, el buzo samario Rafael Cortés Johnson recuperó de ese mismo lugar dos cañones de hierro, varias empuñaduras de espadas y una caja de arcabuz. Estos vestigios, lejos de constituir una primicia, confirman que las fortificaciones, desechadas del sistema defensivo en la segunda mitad del siglo XVIII, fueron finalmente sepultadas por el mar tras la transformación radical de la bahía con las obras portuarias de comienzos del siglo XX.
El poeta samario Gregorio Castañeda Aragón evocaba en 1916 en su Máscaras de bronce: “Hoy, sombras de un pasado que fue heroico y romántico / se abisman en las aguas azules del Atlántico / que alzarse al sol los vieron en la anchurosa orilla.” Versos que, un siglo después, siguen vigentes para describir este paisaje histórico.
En mi calidad de secretario técnico de la Comisión Preparatoria del Quinto Centenario de la fundación de Santa Marta, y en el marco del Plan Maestro Quinto Centenario, recordamos que el 5 de junio de 2025 la señora ministra de las Culturas, las Artes y los Saberes, Yannai Kadamani Fonrodona, planteó la recuperación del fuerte de San Fernando y la integración de playa Lipe. En esa sesión propuse incluir la recuperación del fuerte del Morro y señalizar con boyas los sitios donde reposan los restos sumergidos de San Juan de las Matas y San Vicente.
La Academia de Historia del Magdalena, por su parte, ha presentado una iniciativa más amplia, la creación del Paisaje Cultural Fortificado de la Bahía de Santa Marta, con miras a su declaración como Bien de Interés Cultural del Ámbito Nacional. Esta propuesta comprende:
- Los fuertes recuperables de San Fernando y de la isla del Morro.
- Los vestigios del fuerte de San Antonio y de la antigua vigía.
- Los restos sumergidos de San Juan de las Matas y de San Vicente, integrados al circuito mediante señalización subacuática.
La Dirección de Patrimonio y Memoria, en cabeza de la arquitecta Mónica Orduña, ha considerado pertinente incluir este Paisaje Cultural en la ampliación del área de influencia del Centro Histórico dentro de la actualización del Plan Especial de Manejo y Protección del centro histórico de Santa Marta.
En un mundo político convulsionado, que nos exige tomar partido en trincheras opuestas y expresarnos en pocas frases, la historia ofrece una pausa. Nos invita a reflexionar con serenidad, a escapar de la inmediatez y a comprender la complejidad de lo que somos y hemos sido. Esa es la lección que los vestigios de nuestros fuertes sumergidos aún pueden darnos: la memoria no se descubre, se recuerda.