El pesebre, símbolo de espera a El Salvador

En la tradición católica, el pesebre es mucho más que una simple decoración navideña, es un símbolo profundo de fe, amor y la bienvenida al Salvador.

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Una tradición profundamente arraigada en los creyentes de Jesucristo, que va más allá de un simple adorno navideño.

Por: Kareidys Sierra Villar
Periodista EL INFORMADOR 

El pesebre es un símbolo central de la Navidad católica, representando el nacimiento de Jesucristo, el evento más importante de esta festividad. Al colocarlo en el hogar, los fieles recuerdan y celebran la llegada de Jesús al mundo como Salvador. Es un recordatorio visual del humilde nacimiento en Belén, en un pesebre, rodeado de pastores, animales y los Reyes Magos, quienes vinieron a adorarlo.

En los siglos XIV y XV, en Nápoles, se comenzaron a hacer las primeras figuras que representaban el nacimiento de Jesús. Posteriormente, con la llegada de los primeros misioneros a América, esta tradición se extendió aún más. Los pesebres vivientes o materiales invitan a reflexionar sobre la pobreza de la Sagrada Familia, llamando a los fieles a imitar su sencillez evangélica, renunciando a los apegos materiales. En muchos hogares, se deja un espacio entre José y María para colocar al Niño Jesús el 25 de diciembre, generalmente a las 12 de la noche.

Aunque muchos aún mantienen esta tradición, cada vez se ven menos pesebres en los hogares cristianos, lo que refleja que algunos han dejado espacio al árbol de Navidad, adornado con luces y regalos, relegando al pesebre a un segundo plano.

Un homenaje al Niño y al mundo por el Nacimiento

En entrevista con EL INFORMADOR, el padre Ismael Torres Delgado, de la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en el corregimiento de Minca, Santa Marta, destacó que poner un pesebre en casa no es solo un acto simbólico, sino también significa un tiempo de espera de El Salvador, quien trae luz y paz en un mundo marcado por la violencia y las desigualdades.

El sacerdote enfatizó la necesidad de mantener viva esta costumbre como una forma de recordar el misterio de la Encarnación. “La Iglesia nunca podrá sacar del altar el misterio de la Navidad, porque celebramos el nacimiento del Niño Dios en Belén”, afirmó, invitando a la comunidad a vivir la esencia del pesebre no sólo como una representación, sino como una manifestación de fe en el corazón de cada familia.

María y José: Lecciones de humildad y sacrificio

Los personajes de María y José juegan un papel central en el pesebre, ya que son los encargados de recibir y cuidar al Niño Jesús. Ellos no solo son los padres terrenales de Cristo, sino también ejemplos de fe, humildad y obediencia a la voluntad de Dios. Su presencia en el pesebre invita a reflexionar sobre el amor y la dedicación que un hogar cristiano debe tener.

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María es la figura central del pesebre, pues es la madre de Jesús. En la tradición católica, se la venera no solo como madre terrenal de Cristo, sino también como la Madre de Dios. Su presencia en el pesebre es un recordatorio de su "sí" de fe ante el llamado divino, cuando aceptó convertirse en la madre del Salvador a través de la Anunciación. Este acto de confianza y obediencia es una lección importante para todos los creyentes.

María representa la pureza, la humildad y la dedicación total a Dios. Su decisión de acoger a Jesús sin reservas nos recuerda la necesidad de abrir nuestros corazones incondicionalmente a la voluntad de Dios.

José, esposo de María, es otro personaje clave en el pesebre. Aunque no es el padre biológico de Jesús, es su padre adoptivo y protector. En la representación del pesebre, José es el ejemplo de un hombre justo, obediente y lleno de fe. A pesar de las dificultades y dudas que pudo haber tenido al principio, cuando se enteró del embarazo de María, aceptó la misión que Dios le encomendó sin cuestionar, demostrando valentía y responsabilidad.

En la tradición católica, José es considerado el protector de la Sagrada Familia y de todos los hogares. Su presencia en el pesebre nos recuerda la importancia de ser guardianes responsables de nuestras familias, guiándose con amor y sabiduría, como él lo hizo con Jesús y María.

Los Reyes Magos: símbolo de humildad y adoración

La presencia de los Reyes Magos en la escena del nacimiento de Jesús no sólo embellece el relato, sino que también ofrece lecciones espirituales que siguen siendo relevantes para los católicos hoy en día. Estos tres sabios, que viajaron desde tierras lejanas para adorar al Niño Jesús, simbolizan diversas enseñanzas sobre la fe, la adoración y el reconocimiento del poder divino.

Los Reyes Magos representan la adoración universal a Jesús como el Rey de Reyes. Llegaron de diferentes partes del mundo, y su presencia ante el Niño Jesús demuestra que Cristo no vino solo para los judíos, sino para toda la humanidad. La figura de los Magos resalta la importancia de reconocer a Jesús como el Salvador de todas las naciones. Su presencia en el pesebre recuerda que, independientemente de nuestras diferencias, todos estamos llamados a postrarnos ante Él con humildad y reverencia.

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La tradición de los Reyes Magos como proveedores de juguetes y regalos a los niños es relativamente reciente y solo fue adoptada por algunos países latinos. Según la Agencia Católica de Informaciones (ACI), comenzó a mediados del siglo XIX, mientras que anteriormente sus regalos estaban relacionados con lo cotidiano.

El festejo de los Reyes Magos no se conmemoró en Occidente hasta el siglo V. Se eligió el 6 de enero para celebrar la Epifanía, que conmemora la manifestación de Jesús al mundo a través de los Reyes Magos, su bautizo en el Jordán y el milagro de las bodas de Caná.

Este relato reduce la figura de los Reyes Magos a símbolos de humildad y devoción, recordándonos que solo ante el poder de Dios, manifestado en la fragilidad de un niño nacido en un pesebre, se encuentra el verdadero sentido de la Navidad.

Tener un pesebre en el hogar tiene un significado espiritual profundo, ya que invita a cada miembro de la familia a reflexionar sobre el nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, quien vino al mundo para traer luz, paz y redención.

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